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Keylor se ata a la portería

EI 12 de marzo, Keylor Navas tocó fondo. Su autogol contra el Betis provocó los pitos del Bernabéu y Ramos tuvo que acudir al rescate público. Un beso y una frase motivante. “Necesitaba cariño”, fue el mensaje del capitán, después, ante los micrófonos.

Desde aquello, el portero tico ha tenido que rehabilitar su figura. Porque han sido 17 partidos seguidos (contando los de Costa Rica) los que ha estado sin mantener su portería con el precinto intacto, hasta que cerró la hemorragia ayer. El Keylor que el año encajaba 0,68 tantos por choque, pasó a recibir 1,25, el doble. Veintidós partidos a cero en la 2015-16, por sólo seis esta. Y dejando un reguero de fallos estrepitosos (en Dortmund, Mendizorroza, Varsovia, en el 2-1 del Pizjuán, el 0-1 ante el Nápoles…).

Mientras Casilla cumplía y el debate se desplazaba al Plan A o el Plan B, el Clásico fue un punto de inflexión: se metió en un concurso de paradones (hizo seis) con Ter Stegen. “Paró mucho y muy bien”, diría el alemán. Pero el primer derbi de semifinales ha tenido que ser la prueba de fuego. Ni la inquietante presencia en el Bernabéu de Dani Parejo, el último hombre que le ha batido, y que acudió al partido de paisano, perturbó al tico. Volvió a ser el Keylor congraciado con el madridismo en el minuto 17 cuando le negó el 1-1 a Gameiro. Había vuelto.

Parece que ya no le tiembla el pulso y lo paradójico es que podría estrenar su gran proyecto personal, la película autobiográfica Hombre de Fe, el próximo 22 de diciembre… fuera del Madrid. En verano, el club volverá a plantearse si Courtois o De Gea. En Costa Rica, donde más de 2.000 actores se presentaron al cásting para interpretar al portero, esta última opción provoca quemaduras de tercer grado. “El demonio para Keylor no son los delanteros rivales, son la xenofobia aberrante, el torvo racismo, el supremacismo y el patrioterismo barato de los españoles”, atacaba el periodista Jacques Sagot desde su tribuna en La Nación de Costa Rica, el pasado 9 de abril.

Keylor tiene a tiro Cardiff, la que sería su segunda final de Champions consecutiva. “De niño las veía con un océano de distancia y quería colarme en la tele y jugarlas…”, relata. Al hombre que lloró camino del avión que le llevaba al Manchester United, sólo le falta atarse a una portería del Bernabéu para salvar su puesto. Pero quizá ni su mejor versión podrá salvarle.



Fuente: AS

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