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“A la caza del tesoro” un concurso realmente trepidante

“A la caza del tesoro” un concurso realmente trepidante con Isabel Tenaille y Miguel de la Quadra-Salcedo."A la caza del tesoro" un concurso realmente trepidante

"A la caza del tesoro" un concurso realmente trepidanteA mediados de los ’80s, concretamente en 1984, apareció en las pantallas de nuestra televisión (en Televisión Española, claro) un sofisticadísimo concurso, realmente trepidante y adelantado a su época. Se trataba de “A la caza del tesoro” tenía como referentes a Isabel Tenaille y Miguel de la Quadra-Salcedo. Allá por 1984, los Domingos eran, precisamente, el día en que los niños de la generación de “La Bola de Cristal” (se estrenaría ese mismo año), disfrutábamos del final de la semana con las aventuras de Miguel de la Quadra-Salcedo (el auténtico protagonista ) en “A la caza del tesoro”.

"A la caza del tesoro" un concurso realmente trepidante¡Y con música de Azul y Negro para la cabecera! Desde luego este programa era un alarde de modernidad, muy especialmente en el aspecto técnico. Situémonos: 1984, la era pre-Internet; no sólo no hay teléfonos móviles, es que para llamar a otra provincia española hay que poner una conferencia. Y sin embargo, “A la caza del tesoro” se basaba en una hora de conexión vía satélite con el ex-atleta olímpico y ex-reportero de guerra reconvertido en reportero de aventuras, Miguel de la Quadra-Salcedo, que podía estar en cualquier rincón del planeta: desde Colombia a la India, pasando por Australia o Las Vegas. En plató, Isabel Tenaille acompañaba a los “aventureros en casa”.

“A la caza del tesoro” un concurso realmente trepidante y adelantado a su época.

¿Pero de qué iba este concurso? Podríamos definirlo como un crossover entre “El tiempo es oro” y “Españoles en el mundo”. Por un lado, Isabel Tenaille con la pareja de concursantes en plató, tenían que resolver tres enigmas sin ayuda de Google, tirando de enciclopedias, mapas y documentación facilitada por el programa (pistas). Con esta información debían guiar al reportero Miguel de la Quadra-Salcedo, que esperaba con su helicóptero las instrucciones de los concursantes.

"A la caza del tesoro" un concurso realmente trepidanteLa resolución de los enigmas (siempre relacionados con las localizaciones en las que se desarrollaba cada programa) les permitían conducir a Miguel de la Quadra Salcedo hasta el lugar exacto del “tesoro”; y los tesoros se traducían en “suculentos” premios: 100.000 pesetas, 200.000 pesetas y una vuelta al mundo. Pero el tiempo también era oro en este programa y sólo contaban con 45 minutos para lograrlo. Y con la ayuda del reportero, claro. El reto no era fácil porque recuerdo que la mayoría de las parejas sólo tenían tiempo para conseguir el segundo tesoro y casi siempre estaban apurados por el reloj para el último.

"A la caza del tesoro" un concurso realmente trepidanteLa función didáctica (como buen programa del ente) la cumplían mostrándonos parte de la cultura de cada país. Allá donde aparecía de la Miguel de la Quadra había una especie de teatrillo montado: desde una lucha con ninjas en Hong Kong, en la localización de una película del género hasta danzas tribales, para la supuesta sorpresa del reportero: “Parece que hay algún tipo de celebración”, decía, mientras se desplegaban todos los medios posibles (si me apuras, hasta el Ministerio de Asuntos Exteriores colaboró en el programa).

"A la caza del tesoro" un concurso realmente trepidanteGracias a un equipo técnico inspirado en los trajes de Los Cazafantasmas (precisamente del mismo año) que de la Quadra porteaba, el programa podía trasladarse a cualquier lugar de los cinco continentes. La conexión vía satélite convertía a este espacio en algo realmente costoso. Pensad que no existían las alternativas tecnológicas de hoy en día y que permiten sustituir toda esa parafernalia por una mochila y un móvil.

Esto contrastaba con la imagen en plató, que, pese al decorado con aires futuristas, no contaba con los recursos tan habituales en la televisión actual. Ni infografías, ni paneles electrónicos: mapas políticos, como los que usábamos en EGB y todo en formato papel. Suponemos que para no ponérselo demasiado fácil, tampoco podían ver al reportero, sólo escucharle a través de unos aparatosos cascos. Contaban, eso sí, con la ayuda de la presentadora, que les iba dirigiendo o, cuanto menos, reconduciendo.

“A la caza del tesoro” un concurso realmente trepidante y un impresionante despliegue de medios.

Sin embargo, no duró mucho en la parrilla de TVE, apenas un par de meses (enero-febrero de 1984); es fácil suponer que ese despliegue de medios tuvo algo que ver: según este documento, la Memoria de la Dirección de programas de TVE, publicado en 1985, a TVE le costaba la friolera de 234.553 pesetas cada minuto de realización de este novedoso formato.

"A la caza del tesoro" un concurso realmente trepidanteAunque el espacio no triunfara, Miguel de la Quadra-Salcedo no abandonó la profesión. Curtido en los escenarios más duros (cubrió diversos conflictos bélicos, incluso la Guerra de Vietnam como reportero de TVE), siguió viajando por el mundo, aunque para contarnos cosas mucho más amables. Así, creó “Aventura 92” (posteriormente rebautizado por cuestiones de patrocinios como “Ruta Quetzal BBVA”), que lleva a la muchachada de expedición a conocer mundo durante un mes y medio. Pero, como diría Michael Ende, “esa es otra historia y deberá ser contada en otro momento”.

"A la caza del tesoro" un concurso realmente trepidanteAhora que se intenta llevar la televisión con “mucho ritmo”, me ha venido a la memoria este programa porque realmente lo tenía. Ver a Miguel de la Quadra-Salcedo (un auténtico mito televisivo) jadeando micrófono en mano, con un cronómetro sobreimpreso mientras intentaba obtener las respuestas necesarias era para poner tenso al más pintado. Un concurso para el recuerdo, muy atractivo, muy dinámico y, sobre todo, con una técnica que ya hace dos décadas daba mucho de sí, y lo hacían de una encomiable perfección en su realización.

 

“A la caza del tesoro” un concurso realmente trepidante. Me diréis que soy un nostálgico… pero ya no se hace televisión como la de antes.

 

Fuente: vayatele

Sobre Carlos Marcos

Carlos Marcos

Caballa con alma de comercial Junior, polivalente y creativo. Soy extrovertido y proactivo. Me gustan “mis churris”, el Marketing online y la publicidad. Soy Community Manager y Colaborador de la Revista Teleindiscreta.

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