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La cúpula de los Mossos «planificó y alentó» la pasividad el 1-O

La Guardia Civil considera que «la inactividad, pasividad y falta de celo» de los Mossos el 1-O fue «voluntaria, planificada, alentada e instruida por los mandos» de la Policía autonómica. Una cúpula en la que sitúa con nombres y apellidos a tres ex responsables del cuerpo: el ex mayor de los Mossos Josep Lluis Trapero, investigado por sedición; el ex conseller de Interior Joaquim Forn, en prisión desde el pasado 2 de noviembre; y al que entonces era director general de la Policía catalana, Pere Soler, que hoy declara como imputado ante la juez de la Audiencia Nacional Carmen Lamela junto al ex número dos de Forn, César Puig.

Así consta en un informe del Instituto Armado remitido a Lamela y que ya está también en manos del juez Pablo Llarena, que investiga a los principales responsables del proceso independentista por rebelión, sedición y malversación. En el mismo, la Guardia Civil sostiene que los responsables policiales se plegaron a la «directriz política» impartida por Forn de que se pudiera votar «con total seguridad y libertad» pese a la orden del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña de impedir el referéndum ilegal. Y es que el papel de los Mossos era «fundamental» para que la votación ilegal se pudiese celebrar.

Las comunicaciones entre las distintas unidades de la Policía autonómica desplegadas durante la jornada del 1-O y sus centros de mando ponen de relieve, entre otras cosas, «cierta connivencia» entre algunos responsables de los centros de votación con los Mossos, sobre todo en Gerona, hasta el punto de que ni para los organizadores del referéndum ni para las personas que habían ocupado los centros de votación para evitar que se requisaran las urnas «suponía preocupación alguna» la presencia de los agentes autonómicos, pues «tenían muy claro que estos no iban a actuar contra ellos y que su actitud iba a ser de total pasividad».

Los autores del informe –el Grupo de Delincuencia Económica y Tecnológica de la Guardia Civil en Cataluña– también echan un jarro de agua fría sobre los datos ofrecidos por los Mossos en relación a la incautación de más de 400 urnas durante la jornada electoral. Esa intervención de urnas y papeletas, asegura el Instituto Armado, se produjo porque «la votación había finalizado y el recuento de votos estaba realizado» o debido a que los responsables del centro accedían «de manera voluntaria» a entregarles alguna urna o permitirles el acceso. En algún comunicado, añade, se deja constancia incluso de que determinadas urnas «fueron intervenidas abandonadas en la calle» tras concluir la votación que tenían la obligación de impedir por orden judicial. En ningún caso, subraya la unidad policial, se debió a «una acción policial coercitiva» en cumplimiento de las órdenes recibidas por el TSJ de Cataluña.

Las comunicaciones analizadas también han dejado al descubierto que los organizadores del referéndum ilegal «tenían muy claro que una de las herramientas a utilizar para defender los puntos de votación era el uso de personas vulnerables (niños y personas mayores) a modo de escudos humanos para tratar de impedir la acción policial».

Las consignas que recibieron los agentes quedan plasmadas en las transmisiones entre las unidades operativas y la central de la Región Policial Metropolitana de Barcelona de los Mossos. Ésta, por ejemplo, instó a la unidad desplegada en el colegio Antoni Balmanya de la ciudad condal a entablar «una negociación con la gente» (una cordialidad de la que pretendían tomar imágenes desde un helicóptero) y a formar una hilera para evitar el acceso a uno de los «pseudocolegios» electorales, pero «interactuando con la gente, sin contacto físico».

Otro de los objetivos «prioritarios» de los Mossos el 1-O era «conocer de manera detallada» cualquier movimiento de unidades de Policía y Guardia Civil, a las que se referían en clave como «Escuts» y «Banderí», respectivamente. Hasta el punto de que si una patrulla las localizaba el resto de equipos debía «dejar la red libre» para no entorpecer la comunicación.



Fuente: La Razón

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