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La edad no gana elecciones, triunfa el carisma

Parece que existe un devenir político en la ocupación de los altos cargos públicos: Fernando López Miras como presidente de Murcia con apenas 33 años, Pablo Casado como posible alcalde de Madrid (36), el aspirante a la presidencia de Francia, Emmanuel Macron (40), el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau (45)… ¿Es la juventud un valor añadido a la hora de dirigir? ¿La sociedad global está demandando una regeneración política para aislar una percepción cada vez más desgastada de sus cargos públicos?

Diversos politólogos consultados por LA RAZÓN rechazan de pleno este argumento. «No existe la efebocracia, existe una buena campaña», asegura Pablo Simón, doctor en ciencias políticas por la Universidad de Oxford. «No hay más que ver el caso de Bernie Sanders, o el de Manuela Carmena. Lo que determina la conexión es el tipo de carrera, siempre tiene más éxito una trayectoria heterogénea». La tesis que sostienen es que la irrupción de líderes jóvenes se debe al sitio que han encontrado partidos nuevos en el criticado tablero político. Aseguran que en países extranjeros en los que las campañas son más individualistas hay más oportunidad para los jóvenes, pero en sociedades como la nuestra en las que los aspirantes tienen que hacer mucha carrera dentro del partido lo habitual es tardar tiempo en ir subiendo escalones. Lo que, según aseguran, no es muy efectivo para ganarse el «fervor» de los votantes. «La baza de Carmena es la credibilidad al ser una profesional consolidada como jueza y con una plataforma independiente. En el caso de Iglesias le ayudó tener un discurso nuevo, con un lenguaje directo, aunque se ha demostrado con el tiempo que está igual de enlatado que lo que él denomina vieja política». Por el contrario, asegura que la baza de Rajoy es ganarse ese sector que busca «estabilidad, él vende que con él no habrá líos. Y eso le da poder frente a la amenaza de los populismos a pesar de la corrupción en el partido». Para la americana Alana Moceri, profesora de relaciones internacionales de la Universidad Europea, se trata de encontrar «el momento». En su análisis respecto a los últimos presidentes y candidatos americanos, compara el caso de Barack Obama y Donald Trump. «Ambos sabían que ese momento era su oportunidad: su perfil ha encajado en un contexto global determinado». Al hilo del argumento de Simón respecto a la práctica de liderazgo, afirma que Obama tenía mucha experiencia en campañas como senador, mientras que en España los políticos buscan votos sin mucha experiencia. «Donald Trump tampoco la tenía, pero a diferencia de lo que se dice que los jóvenes son los que manejan las redes sociales, Trump tiene un gran control de Twitter. Y tiene 70 años», afirma. «Esta herramienta es clave principalmente para los candidatos de corte más populista, porque es un lenguaje claro y directo que busca impactar». Mocer reafirma su teoría con George Bush padre. «Tenía mucha experiencia pero no fue un presidente excepcional». Para esta analista, Hillary Clinton podría haber sido la primera mujer presidenta de Estados Unidos, pero para ello debería haber tenido un currículum intachable. «A una mujer no se le perdona todavía no tener unas credenciales impecables». Lo que ninguno de estos expertos rechaza, es que la juventud siempre almacena mejores oportunidades para los aspirantes jóvenes. «Marco Rubio, del Partido Republicano, ha fracasado en varias ocasiones con campañas mediocres. Si a un político mayor le pasara eso lo habitual es que se retire y no busque una segunda oportunidad». Y encuentra una crítica al sistema de nuestro país: «Los mayores partidos grandes parece que no quieren dar paso a los nuevos y no es bueno para la competitividad y la búsqueda de la excelencia que esté todo tan controlado jerárquicamente».

El profesor de la Universidad Carlos III de Madrid, Lluis Orriols, corrobora esa teoría. «La renovación de los partidos políticos en términos generaciones no la estamos viviendo en España con mucha intensidad como en el resto de Europa», asegura.

Para Orriols, en política entran en juego dos elementos: competencia y preferencias de la sociedad. «Cuando estamos en un periodo de estabilidad y está bien implantado el sentir de la sociedad es más fácil que no haya cambios convulsos, y al revés. Tenemos la disyuntiva entre la competencia y tomar el pulso a la sociedad, y en esta desafección política entra lo que los politólogos llamamos representación decriptiva, según la cual para un joven es más importante que lo represente un joven para sentirse identificado». El politólogo habla de un conflicto generacional entre votantes como nunca lo ha habido en España: «Ahora la edad importa mucho a la hora de ir a votar. Antes un socialista podía ganar las elecciones con el voto de los jóvenes, o un candidato del Partido Popular, pero actualmente hay un cisma clarísimo entre los votantes jóvenes y los mayores». Según la conclusión del historiador y escritor José María Marco,en esta ciencia no se puede confiar en ninguna regla. «La política, que debe ser el arte de la prudencia, no se compadece bien con la juventud, que se toma en serio casi todo y prevé mal las consecuencias de sus actos».



Fuente: La Razón

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