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La mayor depuradora del Caribe estará lista para operar en 2019

La depuración de las aguas residuales que se vierten a los ríos y mares es un problema a resolver en una buena parte del planeta. Tanto como que, según datos de la ONU, más del 80% del agua utilizada en actividades humanas se vierten sin ningún tratamiento previo. Obviamente la contaminación de las aguas de unos y otros ecosistemas supone un riesgo para la salud humana. Por ello, en la Agenda 2030 adoptada por los dirigentes de 150 países en 2015 y en la que se definen los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), uno de ellos es reducir a la mitad, a nivel mundial, el porcentaje de aguas residuales sin tratar en el plazo que queda hasta el año 2030.

El problema requiere, además de reducir los vertidos directos de contaminantes a los cauces de los ríos y al mar, crear las infraestructuras necesarias para depurar el agua tras su uso urbano o industrial. Esta necesidad es especialmente apremiante en los países en vías de desarrollo.

Es el caso de la República Dominicana, donde en los primeros meses de 2019 entrará en funcionamiento la planta depuradora de aguas residuales, más grande del Caribe. Es la depuradora Mirador Norte- La Zurza, una instalación que tendrá impacto sobre 450.000 personas de 37 sectores de la capital del país, Santo Domingo por donde que pasa el río Ozama justo después de recibir el agua de uno de sus afluentes, el Isabela, con una enorme cantidad de contaminantes que le llegan de las aguas negras vertidas por las industrias y las viviendas que se sitúan en sus márgenes. La depuradora ha sido construida por la empresa española de ingeniería Incatema Consulting & Engineering y con esta infraestructura se prevé tratar diariamente más de 100.000 m3 de agua que se verterá, limpia, al cauce del Ozama.

«Se trata de un equipamiento muy necesario, porque Santo Domingo es una ciudad que ha crecido mucho y muy rápidamente y aún sigue creciendo, y su planificación se ha visto superada para llevar acompasadamente el tratamiento ambiental de sus residuos. Para paliar esta situación, la Corporación de Aguas y Alcantarillado de Santo Domingo (Caasd), ha diseñado un plan maestro por el que se van a construir siete plantas depuradoras en varias fases, y esta es la primera», explica Fernando Díaz, director de Infraestructuras de la compañía. Según datos del proyecto el agua del río Isabela ahora contiene bacterias que pueden causar meningitis, salmonella, diarrea e infecciones respiratorias, además de otros residuos de origen urbano, «que llegan al Ozama a un kilómetro y medio de donde está la planta. Que, además, –añade Díaz–, está situada en una zona de parque natural con una biodiversidad espectacular tanto de flora como de fauna». Porque ese agua contaminada no sólo es un peligro potencial para la salud, también supone un riesgo ambiental por la perdida de biodiversidad que puede ocasionar y porque impide el correcto funcionamiento de los ecosistemas asociados. De hecho, «aunque el suministro de agua potable se realiza captándola de los acuíferos, en algunos ha habido contaminación por aguas sucias, porque se confiaba la depuración al terreno. Pero ocurre que éste allí es muy permeable y se pueden filtrar contaminantes», explica Díaz.

Hacer realidad este proyecto ha requerido una inversión de casi 56 millones de euros y dos años de trabajo «que comienzan con una identificación de los vertidos que llevan esas aguas. En este caso son asimilables a aguas residuales urbanas, por lo que la planta se ha diseñado para hacer un tratamiento de contaminación orgánica. Primero se elimina la materia sólida de diferentes tamaños y luego se actúa contra la materia orgánica. El resultado del paso del agua por las distintas fases será que se verterán al río del orden de 100.000 m3 diarios de agua limpia, con los parámetros que marca cualquier reglamento internacional; y, adicionalmente, se generarán unos 51.100 m3 de lodos que podrán usarse en agricultura e industria».

El diseño de la planta se ha realizado en España y para su construcción se ha formado un cuadro de mandos español «pero nutrido con ingenieros y técnicos dominicanos, y también hemos contado con muchas empresas locales. Hemos formado a un cuerpo técnico que podrán operar la planta. Y también les hemos bridado algunas técnicas del proceso constructivo que han encontrado útiles para emplearlas en el futuro», concluye Díaz.


Fuente: La Razón

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