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La mejor alternativa a los tipos planos

Las empresas cotizadas españolas abonarán este año en dividendos algo más de 27.000 millones de euros, nada menos que el 2,5% del producto interior bruto, una cantidad superior incluso a la que recaudará Hacienda por el impuesto sobre beneficios de las empresas y, por supuesto, una partida de recursos muy superior a la que este mismo año cobrarán los ahorradores españoles por los más de 800.000 millones alojados en depósitos bancarios. No se trata ni siquiera del volumen récord pagado por las empresas, que se alcanzó en 2014 con más de 43.000 millones por los pagos extraordinarios de Endesa a sus socios, y ni siquiera al abonado en 2009, cuando empezaba la crisis, que superó los 33.000 millones. Pero es una cantidad que sigue convirtiendo a la Bolsa española en la más generosa con los accionistas de toda Europa, un atractivo nada despreciable si tenemos en cuenta que el 25% de los activos cotizados están en manos de los hogares españoles. Es, por tanto, el retorno proporcionado por los dividendos un pago regular de renta para muchas familias y un complemento notable para otras.

Además, dadas las circunstancias de los mercados financieros, circundados por una política monetaria expansiva de tipos en el cero por ciento, la rentabilidad por dividendo ofrecido por las cotizadas ha tomado un lugar preferente como objetivo de los inversores. Independientemente de la revalorización de la inversión, que bien puede no producirse (de hecho, en 2016 la Bolsa española ha descendido un 2% en su índice más selectivo), la rentabilidad por dividendo es el asidero más explícito que tienen los inversores, especialmente cuando el resto de los activos, aunque se expongan a menos riesgo, no tienen garantía alguna de retorno. Quienes apuestan por depósitos se convierten exclusivamente en proveedores de liquidez para la banca, y quienes apuestan por los bonos, especialmente los públicos, disponen de muy poco margen de rentabilidad.

Unos tipos de interés tan planos tienen un doble efecto sobre los dividendos de las empresas. En primer lugar, generan mayor margen en las cuentas de resultados por el descenso vertiginoso de los costes financieros, que era uno de los problemas más acuciantes para unas sociedades que se habían desenvuelto en un escenario de endeudamiento creciente; y en segundo lugar, no hay punto de comparación con los réditos proporcionados por el resto de los activos financieros.

Las empresas españolas han culminado ya los recortes en los pagos a sus socios, que en muchos casos estaban dañando la reputación financiera (el rating que le asignan las compañías calificadoras y que determina su coste de financiación) de algunas empresas, y en paralelo acumulan ya unos años de consolidación de resultados crecientes que proporcionan visibilidad a las cuentas de resultados, lo que se convierte en la pista más explícita para elegir las apuestas que mejor responderán en reparto de los beneficios. Este año los expertos vaticinan nuevos incrementos de los números negros de las compañías cotizadas, tanto por su actividad en el territorio nacional como fuera, donde únicamente un sinnúmero de acontecimientos políticos puede contaminar el desempeño de las empresas y su comportamiento en la Bolsa.

En todo caso, para componer una cartera en función del dividendo, los inversores deben tomar también sus precauciones. Deben analizar bien las cuentas de las compañías, para elegir tanto aquellas que muestran un histórico consistente en el pago a los socios como las que tienen unas expectativas bien fundamentadas de obtener beneficios recurrentes en los ejercicios venideros, ya sea por el crecimiento de la actividad en la que trabajan, ya por su escaso endeudamiento, ya por la recurrente y creciente generación de caja. Deben además estar atentos al devenir de la gestión de las empresas que elijan, puesto que ejemplos hay muy recientes de cambio de la política retributiva por los giros en las expectativas del mercado. Y deben tener en cuenta siempre la fiscalidad de los dividendos, que para esta año han cambiado, tributando igual los pagos con scrip dividend que los que se hacen en metálico. Además, deben vigilar la posibilidad de doble tributación en caso de empresas extranjeras y los tipos impositivos crecientes en función de la cantidad percibida.

Fuente: Cinco días

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