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La mitad de la población sólo mastica por un lado de la boca

La infancia es un periodio vital en el que se aprenden algunas de las cuestiones más importantes de la vida y también en la que se adquieren hábitos que perdurarán en la etapa adulta: alimenticios, de sueño, de higiene… y también a masticar. A hacerlo correctamente, se entiende. Porque aprender a mascar desde niños nos ayudará a evitar molestias como dolor de estómago, dolor de cabeza o de cervicales, que pueden llegar a ser crónicos.

Sin embargo, según algunos estudios, como los inciados por el doctor Planas, más de la mitad de la población lo hace sólo por un lado de la boca y, en la mayoría de los casos, la causa es una mala disposición de los dientes. El problemas es que la boca es una unidad morfo-funcional y, masticar sólo por un lado lleva a una descompensación de las articulaciones temporomandibulares y de los dientes. Haciendo un símil, vendría a ser como andar a la pata coja siempre con la misma pierna, mientras que una masticación bilateral o alternante, sería como andar normalmente.

Dependiendo del momento en que se establezca ese hábito tiene distintas consecuencias. «Un niño que está creciendo puede generar una asimetría del mentón derivado de un diferente estímulo de crecimiento entre un lado y otro que le va a condicionar ese patrón masticatorio en su vida adulta, con posibles problemas articulares. Puede pasar que una persona tenga una función normal y una caries, que le produce dolor, le haga establecer un patrón unilateral, que puede perpetuarse incluso tras quitar el estímulo que lo provocaba. Incluso en casos de pacientes que ya no tienen crecimiento puede descolocarse la oclusión y darse un remodelamiento de la articulación temporomandibular asimétrico. Está claro que en el niño será algo más rápido y evidente, para lo bueno y para lo malo. En el adulto, los problemas derivados suelen aparecer tras un periodo de tiempo más largo aunque solucionarlo también puede serlo. Y esto a nivel bucofacial, pero a todos nos ha pasado tener malas digestiones, problemas digestivos por comer rápido, sin casi masticar», explica Ana Sada, experta en Odontología pediátrica y colaboradora de Compromiso y Seguridad Dental.

La buena noticia es que tiene solución. Eso sí, cuanto antes se diagnostique más precozmente se podrá subsanar. Muchas veces, la corrección de hábitos como la respiración oral, la interposición lingual, el chupeteo del dedo corrige por si sola una alteración del desarrollo. En otros casos, es necesario corregir el problema mediante ortodoncia, prótesis y otros tratamientos.

Otra cuestión básica en salud bucodental es el de las caries. En los últimos diez años su incidencia en niños ha aumentado considerablemente y, según la última encuesta de salud oral en preescolares en España, la prevalencia de caries en niños de cinco o seis años es de un 36,3%. Un dato que pone en evidencia la necesidad de dedicar mayor atención a la salud bucal infantil.

El problema de las Caries

Según un manual elaborado por Orbit pro, la Sociedad Española de Odontopediatría (SEOP) y miembros de la comunidad Madresfera, en el que se recogen buenos hábitos de higiene bucodental, presentado esta semana, en muchas ocasiones la falta de higiene y cuidado dental en los más pequeños es consecuencia de falta de información. De hecho uno de los principales mitos que existe es la convicción de muchos padres de que no hay necesidad de cuidar los dientes de leche al ser temporales. Pero la caries en los dientes temporales no sólo causa dolor; además, según afirma Paola Beltri, presidenta de la SEOP, «existe una clara relación entre incidencia de caries en dientes de leche e incidencia de caries en dientes permanentes».

En cuanto al motivo de este aumento de caries, se apunta a que puede estar directamente relacionado con la alimentación y el ritmo de vida. Muchas veces los padres optan por alimentos «fáciles» y no controlan el número de ingestas diarias, y es muy importante tener en cuenta la frecuencia en que el niño come, ya que la boca tiene que estar limpia durante un tiempo determinado para que la saliva pueda neutralizar los ácidos de la placa y reducir el riesgo de caries.


Fuente: La Razón

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