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La política se echa a la calle

«Hay que estar en la calle; la izquierda debe sumar desde la movilización». La consigna la comparten en estos momentos los sindicatos, también Podemos, y también el PSOE, aunque está por ver a quién acabará sumando más cuando lleguen las elecciones. La estrategia de «calentar la calle» no ha hecho más que empezar, o así lo advierten desde la izquierda. Es el tercer punto de apoyo de una ofensiva de desgaste de Mariano Rajoy en la que entra también forzar su soledad en el Parlamento y seguir explotando la evolución judicial de los casos de corrupción que afectan al PP. El Gobierno no tiene margen para desarrollar su actividad legislativa al no poder contar ni siquiera con Ciudadanos (Cs), pero tampoco la oposición está consiguiendo acuerdos que fructifiquen en algo más que no sea intentar borrar las leyes de la Legislatura anterior.

La presión en la calle «ocupa» y «preocupa» a la dirección popular, pero sostienen en su defensa que ya la sufrieron en la etapa anterior, durante la gestión de la crisis económica, y que al final no fue suficiente para desalojarles del poder. En el PP admiten que la situación es «preocupante», pero lo rebajan con el argumento de que «si se pasan, movilizan a nuestro electorado». Ahí es a donde se agarra la dirección del partido para pedir calma a sus bases ante las alertas que están activando protestas como la de los pensionistas. «Si la izquierda inunda las calles, nos victimiza y moviliza a nuestro electorado ante el temor a una izquierda radical», apostilla un dirigente territorial, coincidiendo en esto con la posición de la cúpula del partido. Aunque no meten en el mismo saco la protesta de los jubilados que las demás acciones impulsadas desde la izquierda, en la que ya se habla de una «primavera de movilizaciones» para aumentar la presión sobre el Gobierno. Los pensionistas sí los ven más como un problema para el partido.

Todo ha empezado a medirse ya en clave electoral aunque no haya elecciones a la vista. Todo y en todos los partidos. Pero la tesis con la que la dirección del PP rebaja el fuego interno es que hay tiempo para que «muchas cosas se den la vuelta». «No hay que dejarse llevar por las imágenes en las calles. Hay que mantener nuestra política, mantener la movilización del partido y esperar», añaden. Alegan que «la izquierda está nerviosa porque todas las encuestas dan subida a la suma de PP y Ciudadanos y bajada a la del PSOE y Podemos». Y que por eso va a haber espisodios de «hiperactuación» que pueden beneficiar más a la formación liderada por Pablo Iglesias y a la alianza Partido Popular-Ciudadanos.

En este juego de conjeturas no acaba de encajar la variable de hacia dónde puede orientarse el partido de Albert Rivera en la próxima ronda de pactos a la que obligarán los resultados electorales de las autonómicas y municipales del año que viene. Y previsiblemente también las andaluzas, que puede que se celebren antes. El PP sostiene que si la izquierda calienta la calle eso puede movilizar al electorado del centro derecha, y que el temor a una izquierda radical beneficia más a sus siglas que a las de Ciudadanos. Esto es lo que ha dicho la teoría hasta ahora, aunque hay que tener en cuenta que el mapa electoral no parece, según los sondeos, que vaya a volver a los parámetros tradicionales a medio plazo.

Moncloa, mirando a Rajoy, pide calma, mientras el partido se enfrenta a un fin de semana como éste en el que la agitación social manda mediáticamente, con el componente añadido de que en el caso de la protesta de los pensionistas están representados quienes simbolizan a uno de sus nichos más seguros de voto. «Los que están saliendo a la calle no son votantes del PP. Pero, evidentemente, es un ruido incómodo. La clave está en hasta dónde fuerza la izquierda la presión. Si se pasan, se volverá en su contra». A este argumento añaden el de que «se habla mucho de movilizaciones y encuestas, pero en democracia donde se deciden las cosas es en las urnas».

Esta semana el presidente del Gobierno ha remarcado los límites de su posición en el sensible debate de las pensiones. Y no sólo ante los grupos de la oposición, ya que internamente también se han hecho lecturas del mensaje del presidente. La llamada a la responsabilidad o el aviso de que no se puede incrementar el gasto por encima de los recursos existentes van dirigidos también a su partido, donde hay líderes territoriales que han reclamado al Gobierno, a Hacienda, en concreto, que haga gestos y abra el grifo para frenar la «revuelta» de los pensionistas. Las quejas dirigidas a Cristóbal Montoro es que son muchos años de disciplina presupuestaria y que o se reacciona, como se ha hecho con la equiparación de las Fuerzas de Seguridad del Estado, «o serán otros los que heredarán una casa muy bien arreglada».

Pero de momento Mariano Rajoy ha demostrado esta semana que no cede ante estas presiones, Montoro se impone, y que sus tiempos y su calendario son otros, como también sus prioridades. La primera de todas, no enviar señales a Bruselas que pongan de nuevo a España en el disparadero. «Hacer lo posible», «mantener la recuperación» y «aguantar» los gestos más electoralistas hasta que esté más cercano el examen electoral de las municipales y autonómicas de 2019, comenta en Moncloa. «Esto es una carrera de fondo. Hay que aguantar el ritmo para poder llegar a la meta y no quedarse en alguna de las primeras metas volantes». El argumento es de un colaborador del presidente del Gobierno, pero podría perfectamente haberlo suscrito el presidente del Gobierno.



Fuente: La Razón

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