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La semana clave de Puigdemont

El margen de supervivencia política de Carles Puigdemont se va estrechando cada día un poco más. A pesar de la semana que ha ganado con el nuevo intento de ser investido al hilo de la recién aprobada reforma de la Ley de presidencia, el ex president cederá el testigo el 14 de mayo. Esa fecha, que es el límite temporal que ha fijado a su grupo parlamentario para explorar la posibilidad de ser escogido telemáticamente, también se ha convertido en el hipotético día para celebrar un pleno parlamentario que erija al nuevo titular de la Generalitat. Según fuentes del entorno de JxCat, a finales de esta semana se esperan novedades relacionadas con una propuesta de candidato efectivo.

Esto ocurrirá una vez que el martes, con toda probabilidad, quede suspendida la reforma de la Ley de presidencia. Entonces, la posibilidad de una investidura a distancia quedará cercenada y Puigdemont ya solo podrá pensar en el plan D. En todo caso, durante las próximas horas, JxCat insistirá en aprovechar el espacio de tiempo que transcurre entre la promulgación de la reforma de la norma –publicación en el Diario Oficial de la Generalitat, gestión que ahora recae en manos del Gobierno tras el 155– y la suspensión para reclamar al presidente del Parlament, Roger Torrent, que convoque la sesión plenaria. Si no lo hace, el objetivo es volver a poner en evidencia a a los de Junqueras y continuar en la estrategia de desgaste al partido republicano.

Aunque el itinerario más plausible es este, Puigdemont todavía alberga esperanzas en forzar una repetición electoral. Es su salida preferida para conseguir mantener vivo el conflicto con el Estado y retrasar el ostracismo que le espera una vez se ponga en marcha un nuevo Govern, pero la presión de los presos, ERC y el PDeCat, además del resultado que arrojó la encuesta de la Asamblea Nacional Catalana
–más de la mitad de los socios abogaron por evitar nuevos comicios–, le han condenado a maniobrar en esa dirección sigilosamente. Artadi, ayer en una entrevista en Rac1, volvió a aludir a que si hay regreso a las urnas, no será responsabilidad de JxCat sino del Estado.

En este sentido, Puigdemont se mantiene a la expectativa de que Madrid pueda cometer algún error que aboque a Cataluña a nuevas elecciones. Un ejemplo de ello consistiría en que el Tribunal Constitucional se pronuncie sobre la delegación de voto del ex conseller, Toni Comín, antes de un debate de investidura y eso impida que JxCat y ERC mantengan la mayoría simple –la CUP se abstendrá–. Si bien, este halo de esperanza podría llegar de la mano de un actor inesperado: Demòcrates de Cataluña. Este partido, que es una escisión independentista de Unió y que forma parte del grupo parlamentario de Esquerra (cuenta con dos diputados), recordó ayer que si finalmente hay que investir a un aspirante distinto a Puigdemont, someterían el signo de su voto a un sondeo a la militancia.

En todo caso, por ahora, desde JxCat, como ocurrió cuando Artur Mas tuvo que dar un paso al lado por el rechazo de la CUP a investirle, se intenta dar consuelo a Puigdemont reforzando el discurso de que el nuevo president solo lo será en calidad de «provisional» y a lo largo de esta legislatura se insistirá en su elección telemática. Un escenario poco probable, más si cabe, cuando Artadi se refirió ayer a que el nuevo Govern debe ser «fuerte», algo que invita a pensar que el nuevo ejecutivo asumirá la misma autonomía que adoptó finalmente Puigdemont respecto a Mas. Y también constituye un mensaje claro a Puigdemont, quien en las últimas horas ha intentado imponerle condiciones, mientras ella se ha resistido a asumirlas hasta el punto de descartarse como presidenciable. Este extremo, sin embargo, no tiene visos de convertirse en realidad, ya que según todas las fuentes consultadas por este diario, aseguran que su aspiración sigue siendo liderar la Generalitat y no existe ningún candidato posible alternativo a ella. Esto, en todo caso, es un reflejo más de las tensiones internas que acucian las últimas semanas al grupo parlamentario de JxCat, que poco a poco ha visto cómo su unidad inicial se ha ido resquebrajando incesantemente.

Mientras la plataforma de Puigdemont dirime sus pasos a seguir, ERC, muy desgastada en estos meses por la estrategia de JxCat, volvió a recurrir a su líder, Oriol Junqueras, –el político catalán mejor valorado según el CIS– para proyectar el mensaje del partido. Según apuntó a través de las redes sociales el vicesecretario general de coordinación interna de ERC, Isaac Peraire, el ex vicepresidente del Govern le trasladó la urgencia de formar un ejecutivo para no dejarlo «en manos de los enemigos de la República».

La oposición constitucionalista, por su parte, también expresó ayer su impaciencia ante las maniobras de Puigdemont. La ministra de Sanidad, Dolors Montserrat, aseguró que la maniobra de Puigdemont no hace más que «alargar la agonía» y alimentar la confrontación para que « no le olviden». El portavoz adjunto en el Parlament de Cs, Fernando de Páramo, animó a todos aquellos integrantes de JxCat que suspiran por debloquear la parálisis actual y sean «valientes» para decirle a Puigdemont que «no va a ser president». El líder del PP catalán, Xavier García Albiol, afirmó que el hecho de que JxCat vuelva a proponer a Puigdemont como candidato a la investidura le recuerda a la película «El día de la marmota», en la que se va repitiendo el mismo día una y otra vez, mientras el secretario de Organización del PSC, Salvador Illa, aseguró que es un «engaño y pérdida de tiempo».



Fuente: La Razón

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