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Las ‘biotech’ sufren la verdad de Trump

La corriente de pensamiento de Donald Trump tiene al menos momentos de verdad. El presidente electo de EEUU dijo el miércoles que no le gustan los precios de los medicamentos, y las acciones de las biotech cayeron un 4%. La campaña de Hillary Clinton provocó caídas similares: son vulnerables porque los críticas están justificadas.

Los precios netos de los productos farmacéuticos en EE UU subieron un 2,8% el año pasado. Es un ritmo más lento que el galopante de los últimos años, pero sigue siendo mucho mayor que la inflación. Así que no debe sorprender a nadie que un populista como Trump diga que va a bajar los precios.

Casi todas las nuevas píldoras y muchas de las descubiertas hace décadas se encarecen por encima de la inflación. Aproximadamente una quinta parte de los fármacos genéricos analizados por la Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno sufrió al menos un aumento de precio del 100% en cinco años. Las barreras regulatorias, las dificultades de fabricación y la consolidación de la industria hacen que la competencia entre los productores sea limitada.

Clinton denunció casos flagrantes como el aumento de precio del tratamiento alérgico EpiPen, de Mylan, lo cual ayudó a que sus acciones bajaran y a que la compañía se esforzara por reducir el coste de sus productos.

Incluso las luminarias de la industria se han unido a las críticas. Roy Vagelos, que dirigió Merck durante casi una década, ha dicho repetidamente que aumentar los precios más rápido de lo normal perjudicaría a la industria. Durante su mandato, se negó a aumentarlos más que la inflación. Y el CEO de Regeneron, Leonard Schleifer, ha dicho este mes que la razón por la que las farmacéuticas no gustan es porque han utilizado los aumentos de precios “para cubrir las lagunas en innovación”.

Los defensores de la industria, como el CEO de Pfizer, Ian Read, señalan que el coste de los fármacos en proporción al gasto sanitario total no ha aumentado en décadas. Puede que sea cierto, pero lo contrarresta el hecho de que los gastos médicos han aumentado constantemente respecto al PIB.

Si los inversores creyeran que los productores cobran precios justos y usan las ganancias para producir nuevos fármacos, no estarían a la defensiva. Pero las palabras de Trump (y de Clinton) dieron en el blanco. En las farmacéuticas, y en las biotecnologías en particular, hay muy poca innovación de éxito y demasiada dependencia de las subidas de precios.

Fuente: Cinco días

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