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Las lluvias y el frío preparan a los pólenes para estallar en primavera

Este invierno atípico y este comienzo de primavera lluvioso han modificado las predicciones de alergias de este año. «Aunque aún nos queda ver qué pasará en abril, ya que un mes lluvioso podría hacer pasar de las actuales moderadas a intensas las previsiones de gramíneas», alerta Javier Subiza, alergólogo y director de la Clínica Subiza. Lo cierto es que, con las lluvias recogidas este mes de marzo, que según datos de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) superan entre 10 y 15 veces la media, cabe esperar que si mañana saliese el sol, los alérgicos al plátano de sombra serán los primeros en sufrir las rinitis y el asma que provoca. Como manifiesta Mar Gómez, meteoróloga de Eltiempo.es, «las temperaturas cálidas posteriores a lluvias suelen propiciar la floración y disparan los índices alérgicos».

Con el otoño tan seco que hemos pasado, las primeras previsiones no auguraban una estación alérgica de moderada a intensa como la que se presenta ahora. «Esta primavera se espera que comience más lluviosa de lo normal, especialmente en este mes de marzo, que sería el más húmedo de los tres que comprenden la primavera climatológica. El resto de la estación predominaría un tiempo seco, sobre todo en la mitad sur y sudeste peninsular, así como en las Islas Canarias y Baleares. Algo que no ayudaría especialmente en zonas de interior a los alérgicos», comenta Gómez.

Todos estos procesos son fruto del tan «manido» cambio climático, que algo tendrá «de cierto» cuando un estudio recientemente publicado en la revista «Nature» advierte de que la primavera se adelanta hasta 16 días en el Ártico y al menos cuatro en la latitud que correspondería a España. El trabajo de investigación de un equipo de la Universidad de California, Davis (EE UU), ha estudiado el fenómeno del clima en la última década y concluye que por cada 10 grados norte desde el Ecuador la estación aterriza unos cuatro días antes.

Ángel Moral de Gregorio, presidente del Comité de Aerobiología de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología (Seaic), explica que «este año ha hecho más frío de lo normal y eso ha llevado a un retraso de la polinización de las cupresáceas –arizónicas, cipreses, enebros…–, pero ha hecho que las plantas de gramíneas enraícen más y eso va mejor en su posterior desarrollo y que tengan más pólenes». Porque ya lo dice el sabio refranero popular: «Año de nieves, año de bienes». La traducción de este hecho es que si en el campo va a ver una mejor cosecha de cereales, también se prevé un buen año de gramíneas. Lo que podría concluir que las nieves y el frío invierno, sumados a este marzo lluvioso, preparan unos meses de abril y mayo complicados para los alérgicos a gramíneas y plátanos de sombra, ya que de los ocho millones de españoles que lo son, entre un 50 y un 80%, lo es a más de un polen.

Sin embargo, Subiza subraya que estamos ante un año totalmente atípico. «No hemos recogido las cantidades de pólenes de cupresáceas de estos años atrás y que hacía que muchos pacientes comenzarán la temporada de alergia en enero». O como bien apunta Moral, «en algunos casos, como el enebro –una cupresácea no muy presente en las ciudades–, empezaba la polinización en el mes de diciembre».

Pero no. Este año el frío y las lluvias han eliminado del ambiente el polen de esta especie, aunque no sus consecuencias en la salud. «A pesar de la escasa recolecta, hemos podido ver que las tasas de rinitis se han mantenido altas. Eso es debido a que aunque haya poco polen y luego llueva, las secuelas de esa exposición se sufren entre 24 y 48 horas después. Con lo que, si las lluvias van y vienen, el paciente sufre la inflamación en la mucosa nasal casi de forma permanente», explica Subiza. Es como si uno se da un golpe y luego se da otro en el mismo sitio, el dolor y las molestias se acumulan. «Además, este año se ha roto la tendencia al alza de este tipo de polen, que ya veníamos observando más de tres décadas, en la que los inviernos han empezado a ser cada vez más cálidos», añade Subiza. Según el experto, esta temporada han recogido tres veces menos pólenes de cupresáceas que en 2017. Este fenómeno lo explica con detalle Gómez: «La pérdida de la estacionalidad afecta y altera la polinización de las plantas. En los últimos años las concentraciones más altas de pólenes se han dado en árboles como es el plátano o la cupresácea».

Lo que está por llegar

El presidente del Comité de Aerobiología de Seaic expone que la mayor o menor cantidad de agua en marzo y abril «afecta a las especies herbáceas y no tanto a las que tienen tallos leñosos. Esto es, a las gramíneas, a las amarantaceas (salsola, que son los típicos ‘‘ovillos’’ que ruedan por el desierto) y la parietaria (típica de la cuenca mediterránea)». Pero Moral no sólo alude al problema que suponen los pólenes, sino que también recalca una tendencia: el aumento de población sensible a ellos. «Ahora nos encontramos con casos en edades poco usuales, como la pediátrica comprendida entre los tres y cuatro años, cuando lo normal es a los nueve; y en los adultos entre los 60-70 años, que debutan en su mayoría con la alergia a las cupresáceas. Y a esto, que no es poco, hay que añadir que lo hacen a más de un tipo de polen, hasta llegar a los seis», subraya Moral.

Como ya se ha apuntado, superada la estación de polinización de las cupresáceas, le llega el turno al plátano de sombra, que debido a las lluvias, también llega con retraso y de forma atípica a la tendencia marcada en las últimas décadas. «El plátano de sombra empezará tarde, ya que lo normal es que hubieran aparecido los primeros pólenes a mitad de marzo, pero todavía no lo han hecho y con la climatología actual, lo normal es que ya lo hagan a finales de mes o principios de abril», comenta Subiza. Este alergólogo advierte de que «si llega abril con el calor y el sol, las concentraciones de esta especie serán altas, con las consecuencias que ello conlleva para los alérgicos».

Quizás, el sufrir un invierno más «de los de antes» con frío y nieve y empezar la estación con lluvia ha dibujado una primavera como las que recuerdan las abuelas, en las que las plantas no van adelantar su polinización, aunque sí puede que lo hagan con más fuerza, sobre todo las gramíneas en el mes de mayo. Y como sugiere Subiza, se convierta en un año atípico que sea la excepción de la regla.

Pero este problema no queda aquí. «A todo esto, hay que sumarle los largos períodos en los que España experimenta situaciones de bloqueo anticiclónico, en los cuales apenas se producen precipitaciones, no hay ventilación del aire, apenas hay viento y las situaciones de inversión térmica favorecen los episodios de contaminación algo que incrementa las alergias y las dificultades respiratorias», subraya la meteoróloga.

Más polución, más alergia

No es nuevo, pero sí que es cierto que los expertos en alergología respiratoria han estudiado con mayor profundidad la relación entre la polución y el aumento de las alergias. «Los pólenes tienen en su interior una serie de proteínas que son las que precisamente provocan el problema alérgico. Cuando éstas se unen a la inmonoglubina IgE se desencadenan los síntomas de picor de ojos, nariz, irritación, problemas respiratorios… Lo que ocurre es que la contaminación hace que las plantas no se encuentren cómodas en ambientes contaminados, por lo que modifican su comportamiento para protegerse y liberan proteínas de estrés», detalla el presidente del Comité de Aerobiología. Y justo, estos elementos tan «alergénicos» provocan que en los meses en los que no hay polinización, «como septiembre, octubre y noviembre en los que observamos que los alérgicos sufren síntomas –rinitis e irritación ocular– hasta ahora estacionales, que pasan a ser multiestacionales», apunta Subiza.

Todo esto hace que los pólenes de las especies vegetales en las ciudades sean más agresivos que los del campo. «Y esta es la respuesta a por qué hay más alergia en las urbes y zonas de autopistas, con más polución, que en las zonas rurales», explica Moral. Además, la acumulación de dióxido de carbono en el ambiente «provoca temperaturas más altas que conducen al adelantamiento de la polinización», concluye el portavoz de Seaic.



Fuente: La Razón

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