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Liam Neeson: “¿Quién en su sano juicio dice que no a Scorsese?”

Irlandés por los cuatro costados y orgulloso de ello, Liam Neeson lleva un récord de películas hechas por año desde hace dos décadas. Participa en una media de tres a cuatro filmes anualmente (lo mismo que Daniel Day Lewis), la mayoría de acción y que no acaban de funcionar en la taquilla. Estas Navidades ha estrenado tres filmes en Estados Unidos: «Operation Chromite», un drama basado en la Guerra de Korea, «Un monstruo viene a verme» y «Silence», la más esperada de la terna al estar dirigida por el maestro Scorsese. La cinta está basada en el libro de Shusako Endo, un escritor japonés católico en cuya obra se encuentra presente el cristianismo. El intérprete da vida al padre Rodrigues, que a viaja a Japón en el año 1643, una durísima época en la que los cristianos eran perseguidos, inmolados y crucificados. El filme se ha quedado sin ninguna nominación a los Globos de Oro, que se celebrarán este domingo en Los Ángeles, quizá debido a su tardío estreno, aunque los críticos ya han alabado el filme y seguramente en los Oscar corra diferente suerte.

–La pregunta es obligada: ¿qué le hizo aceptar «Silence»?

–La respuesta casi obvia: ¿quién en su sano juicio le va a decir que no a Martin Scorsese? Sabía que se trataba de un proyecto muy especial para Marty. Como sabéis, es un director muy dedicado a su profesión y como actor trabajar con él resulta excepcional, pues no hay muchos que tengan su talla ni su magisterio. Exige un cien por cien de los actores, su nivel de concentración cuando trabaja es algo que no se ve muy a menudo en el cine. Es uno de escasos directores, y yo he trabajado con excelentes profesionales, que conoce el proceso del intérprete y eso es porque él también lo ha sido. Cuando llegas al set puedes ver cómo está todo bien preparado para que te sientas lo más cómodo posible y puedas dar lo mejor de ti.

–¿Le intimida trabajar con Scorsese?

–Es complicado no sentirse intimidado a su lado. Yo crecí viendo sus películas. Es un profesional que me merece un profundo respeto.

–¿Quiso leer el libro antes de enfrentarse a la película?

–Lo leí antes de hacerlo con el guión. Cuando me pasaron el texto me pareció que habían hecho un trabajo fabuloso al adaptarlo. Les llevó dos décadas escribirlo, que se dice pronto. Está narrado con tanto detalle que no da lugar a ningún tipo de improvisación a la hora de interprtarlo.

–¿Se siente identificado con el protagonista, un sacerdote católico?

–Para mí, al haber nacido en Irlanda y haber crecido al calor de la religión católica, he sentido muy cercana la temática. La pregunta recurrente que todos nos hacemos de si existe Dios es algo muy común, una cuestión que tenemos siempre presente. La fe es algo que constantemente nos cuestionamos. ¿Por qué nos levantamos cada día? Son preguntas existenciales que cualquier ser humano se plantea, y al ser creyente, aún más.

– La preparación para el rodaje no parece haber que fuera precisamente una tarea sencilla.

–Tuve que perder diez kilos. Marty quería que tuviéramos un aspecto bastante más famélico. Tanto Andrew Garfield, Adam Driver y yo nos vimos obligados a adelgazar y te confieso que casi morimos de hambre. Necesitábamos saber cuándo comer para tener energía para afrontar la siguiente escena. Tuvo un punto de tortura. Adam creo que se pasó bastante con la dieta. Es un ex marine y cuando le dices que haga algo lo cumple al pie de la letra. Cuando le mirabas parecía que estaba frente a un prisionero de Auschwitz. Nos obligamos a seguir una disciplina, algo que es bastante importante. Obviamente no se puede comparar lo que estos jesuitas tuvieron que experimentar y padecer, por Dios, con nuestro regimen, sobre todo si nos referimos a un paraje en Japón de lo más hostil, pero el hecho de entrenar a tu cerebro a seguir una disciplina ayuda a que te metas mejor dentro del personaje.

–¿Qué le llamó la atención de esta historia?

–Me pareció muy interesante. Incluso me planteé mi propia fe en bastantes ocasiones tras terminar el rodaje. Me resultó fascinante el hecho de que Ferreira, el padre jesuita al que interpreto, se cuestione su fe en algunos momentos, y se pregunte en un lugar tan hostil si Dios existe. Si él se lo cuestiona obviamente yo también me lo voy a preguntar. Creo que es imposible tener fe sin cuestionarla. Pero yo soy un hombre que cree en Dios.

–El comienzo del rodaje resultó bastante complicado. Según tengo entendido hubo un terremoto en Taiwan que hizo que el rodaje tuviera que posponerse algunos días.

–Tengo que admitir que ha sido uno de los momentos más terroríficos que he pasado en toda mi vida. Estaba en la habitación del hotel en la planta 15 y de repente empecé a notar que todo comenzaba a tambalearse a mi alrededor. Lo primero que pensé es que me tendría que colocar debajo del dintel de la puerta. Estuve ahí unos diez segundos, pero poco tiempo después llegué a la conclusión de que estando en una planta tan alta no creo que adoptar esa posición sirviera de mucho. Recuerdo que salí despavorido al pasillo y me topé con una señora que trabajaba en el hotel y estaba supervisando si las habitaciones habían sido limpiadas. Me chocó verla tan serena cuando todos alrededor íbamos u veníamos de un lado al otro, pero al decirme que llevaba trabajando en el hotel veinte años y que no había pasado nada me tranquilicé un poco. Pero es algo que no olvidaré miesntras viva. Fue terrible.

–¿Le hizo platearse su participación en el filme el hecho de que los actores cobraran un sueldos simbólicos e incluso gente del equipo trabajara gratis?

–En absoluto, no fue mi caso en ningún momento. Trabajamos todos por lo mínimo, hasta creo que Martin no cobró un dólar.



Fuente: La Razón

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