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Llega la cirugía de mínima invasión a la columna vertebral

Las operaciones «clásicas» o tradicionales de columna vertebral implican la disección amplia de la musculatura paraespinal o la apertura del tórax o el abdomen. «Esto conlleva, en el primer caso, pérdidas sanguíneas importantes (con las complicaciones asociadas, transfusiones, etc.), inestabilidades posteriores en la columna (que pueden conducir a segundas intervenciones) y un daño muscular excesivo que da lugar a necesidad de rehabilitación durante largo tiempo y periodos de recuperación y reinserción a la vida habitual prolongados. En el caso de los abordajes clásicos a la columna a través del tórax o el abdomen, las secuelas y complicaciones por lesiones pleurales, viscerales, neuropatías, problemas respiratorios, etc. tienen un riesgo alto», explica Avelino Parajón Díaz, jefe de Neurocirugía del Hospital La Milagrosa de Madrid. Todo ello ha condicionado, además, durante mucho tiempo el temor a la cirugía de la columna vertebral y la mala fama que ha tenido en un porcentaje alto de la población.

La cirugía mínimamente invasiva de columna surge en la última década del siglo XX como una solución a este daño provocado por el abordaje, es decir, por el camino hasta llegar a la columna. «De esta manera, se sustituyen las grandes incisiones y disecciones musculares por abordajes endoscópicos, tubulares (se accede a la columna través de tubos de pequeño diámetro colocados mediante dilatadores que minimizan el daño a la musculatura). Este desarrollo ha venido paralelo al desarrollo de la tecnología de imagen (neuronavegadores y robots intraoperatorios), neurofisiología, visualización (nuevos microscopios y endoscopios con visión en alta definición), material microquirúrgico especial, implantes específicos y materiales nuevos», apunta Parajón Díaz.

A lo largo de las últimas dos décadas «la cirugía mínimamente invasiva ha demostrado ser superior a la cirugía tradicional en disminuir el sangrado operatorio, el dolor postoperatorio, disminuir el porcentaje de infecciones, acortar el tiempo de hospitalización y la necesidad de rehabilitación postquirúrgica. De todo esto tenemos en la actualidad lo que se denomina en medicina evidencia científica, es decir, estudios que demuestran que la superioridad no es casual y que podemos recomendar, por tanto, su uso en primer lugar», puntualiza Parajón Díaz.

La cirugía mínimamente invasiva de columna ha permitido que se pueda operar a pacientes que antes no eran candidatos a cirugía por su avanzada edad o por tener enfermedades graves cardíacas, hematológicas o de otra naturaleza, que hacen que una cirugía tradicional sea casi total garantía de muerte o complicaciones severas. Pero, además, «ha permitido que podamos operar a los pacientes sin la necesidad de ponerles tantos implantes para estabilizar la columna porque ya no la dañamos tanto en la cirugía, lo que redunda en cirugías menos agresivas y con menor coste global. Asociada a la utilización de la navegación espinal disminuye la radiación en los quirófanos y mejora la precisión de la cirugía, minimizando el riesgo de malposición de tornillos y daño de los nervios o la médula espinal. En algunas patologías como la estenosis de canal lumbar en pacientes ancianos, la espondilolistesis lumbar o la escoliosis la diferencia con las cirugías tradicionales se hace muchísimo más evidente», manifiesta Parajón Díaz.

Por todo ello se puede decir que la cirugía mínimamente invasiva de columna asociada al uso de la navegación espinal y otras técnicas como la monitorización neurofisiológica supone una verdadera revolución en la forma de abordar las enfermedades de la columna vertebral que precisan cirugía, permite ofrecer nuevas posibilidades a pacientes que no las tenían, disminuir el riesgo de las intervenciones y mejorar drásticamente los resultados. «Y esto no ha hecho más que empezar, porque ya tenemos aquí la robótica, la realidad aumentada y las cámaras miniaturizadas para endoscopia», concluye el jefe de Neurocirugía del Hospital La Milagrosa.



Fuente: La Razón

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