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Los abertzales intensifican la presión sobre las Fuerzas de Seguridad

«Se están viniendo arriba». Fuentes antiterroristas consultadas por LA RAZÓN subrayan que la campaña «Alde hemendik» («Idos de aquí») contra las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, que hasta ahora se circunscribía a determinadas poblaciones como Alsasua u Oñate está creciendo de una forma «preocupante» a lo largo de este verano y se espera que se intensifique en las próximas semanas. Cada vez son más numerosas las pintadas y las pancartas en las que se pide, en distintos lugares tanto del País Vasco como de Navarra, la expulsión de la Guardia Civil y del Cuerpo Nacional de Policía de lo que consideran sus territorios.

Asimismo, se ha detectado la planificación de «escraches» ante determinadas instalaciones policiales, que aunque todavía no se han concretado, pueden producirse durante la celebración de fiestas locales. Todo esto, agregan las mencionadas fuentes, supone un salto cualitativo respecto a lo que ocurría en los últimos años.

Los expertos atribuyen lo que ocurre a dos razones fundamentalmente. La primera de ellas es que la izquierda abertzale busca crear un clima de tensión con vistas al próximo otoño, cuando el PNV tendrá que volver a negociar con el Gobierno del Partido Popular los Presupuestos Generales del Estado.

Además del asunto de los presos, a los que desde medios nacionalistas se les ha hecho llegar un mensaje de tranquilidad porque se logrará su traslado a la cárcel alavesa de Zaballa, está el de minar en la medida de lo posible al Ejecutivo de Urkullu que cada día consolida más su posición. Aunque pueda parecer un contrasentido, no lo es ya que se trata de la tradición de ETA y las organizaciones de su entramado y que consiste en morder la mano del que se presta a ayudarles.

El otro motivo que estaría detrás del aumento de la presión contra las Fuerzas de Seguridada en el País Vasco y Navarra hay que buscarlo en un cierto fenómeno de imitación de lo que ocurre en Cataluña. Según la particular interpretación de los proetarras y su entorno, la desobediencia contra el Estado, con la consiguiente desestabilización, campa a sus anchas con el fin de emprender un camino hacia la independencia poco menos que irreversible.

Los últimos actos de terrorismo callejero, protagonizados por Arran, las juventudes de la CUP, contra el turismo, han sido observados con abierta simpatía por sus homónimos de Ernai en el País Vasco y Navarra. Este mismo fin de semana unas 3.000 personas del entorno abertzale, con Arnaldo Otegi a la cabeza, salieron a las calles de Bilbao para apoyar la independencia de Cataluña.

Aunque pueda parecer una anécdota más, el último «Toro de Osborne» que hay en el País Vasco, en la localidad alavesa de Rivabellosa, ha aparecido estos días lleno de pintadas. En una de ellas, sobre el lema de ETA, el «bietan jarrari», («fuerte con las dos»), el hacha y la serpiente, se pueden leer vivas a la banda terrorista. En otra de las patas del «toro» han escrito «España, país de paletos».

En un informe realizado por la Guardia Civil con ocasión de los sucesos de Alsasua, cuando fueron objeto de ataques de índole terrorista (según la Audiencia Nacional) dos agentes del Cuerpo y sus parejas, se decía sobre las campañas contra las Fuerzas de Seguridad del Estado que persiguen dos fines. El primero de ellos sería «influir ostensiblemente y de manera negativa en la calidad de vida de los miembros de la Guardia Civil así como en la de sus vinculaciones y familiares, sintiéndose en todo momento objetivo de grupúsculos violentos con el gran condicionante que ello supone para su vida diaria, llegando a tener miedo o dificultades para realizar actividades tan cotidianas como realizar compras en comercios, poder disfrutar del tiempo libre en compañía de la pareja sentimental o apuntar a sus hijos a actividades». El segundo de los objetivos que persiguen es «crear un clima de miedo entre los ciudadanos, instándoles de manera indirecta a no entablar ningún vínculo afectivo o simplemente de amistad o cortesía con miembros de la Guardia Civil, en un intento de aislarles socialmente. El incumplimiento de estos preceptos por parte de algún ciudadano le convierte automáticamente en afín al Cuerpo y por tanto en cualquier momento tanto su persona como sus bienes o incluso sus vinculaciones directas pueden pasar a convertirse en objetivo de dichos grupúsculos violentos».

A este respecto, las citadas fuentes señalan que las pintadas o los «escraches» que planean tienen en definitiva la misma finalidad y lo que preocupa es que hayan crecido de una forma llamativa en los últimos meses. El ejemplo de Cataluña y la aparente impunidad con la que se mueven los grupos secesionistas y antisistema, que tantas afinidades tienen con los proetarras del País Vasco y Navarra, es un espejo en el que se miran estas organizaciones.

Y no sólo eso, ya que, según subrayan los expertos, el hecho de que desde las instituciones catalanas se trate de emprender procesos, cortados de raíz por la autoridad judicial, contra las Fuerzas de Seguridad, en este caso la Guardia Civil, les hace concebir algo así como que el «Estado está en almoneda» mediante la articulación de un entramado legal que se sabe nulo desde el mismo momento en que se concibió.



Fuente: La Razón

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