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Los adioses de 2016

Estas fechas son alegres para quienes tienen niños en la familia y tristes para los que no, que no pueden dejar de añorar a aquellos con quienes las compartieron en el pasado. Por eso hoy, último día de 2016, no está demás recordar a quienes nos dejaron, puesto que la ida de muchos de ellos ni llegó a las páginas de nuestra prensa. Empezó enero con la desaparición de Pierre Boulez, una de las figuras capitales del arte en el siglo XX, tanto por su propia obra como por el poder y las influencias que movió desde el IRCAM. Entre los compositores ha habido más pérdidas. Así la muy silenciosa de Miguel Ángel Coria, conductor del final de las vanguardias en España. Por la electroacústica se movió también el francés Jean-Claude Risset. Más tradicional fue el británico Peter Maxwell Davies, conocido como el maestro de música de la Reina. Un accidente de tráfico segó la vida de la compositora ucraniana de más éxito, Julia Gomelskaya. Jorge Fontanela fue presidente de la Asociación Argentina de Compositores, autor prolífico, director de orquesta y pedagogo. En febrero falleció el maestro Miguel Roa, embajador de la zarzuela y excelente persona, como lo era también el decano de la crítica musical, Carlos Gómez Amat, quien se nos fue a los pocos días. En verano desapareció otro de los críticos veteranos, Alfredo Brotons, que ejercía en la Comunidad Valenciana. Julio García Casas, pianista y presidente de Juventudes Musicales de Sevilla, fue destacado protector de los jóvenes artistas. Pero volvamos a la dirección orquestal, donde dejó un imborrable recuerdo Neville Marriner, muerto poco antes de actuar en nuestro país. Similar y amplia cobertura tuvo Nikolaus Harnoncourt, una de las grandes figuras del podio musical que nos quedaba. Ruth «Kay» Castaldo, una de las pocas mujeres con batuta también se fue. Recordemos entre los instrumentistas al pianista y director de orquesta Zoltan Kocsis, al cellista y también director Heinrich Schiff, a la leyenda del jazz Toots Thielemans, al organista André Isoir, la cembalista Huguette Dreyfus y el guitarrista flamenco Juan Habichela. La relación de cantantes que nos dejaron es amplia. La última de ellas Claudia Parada, soprano chilena a la que se escuchó en el Liceo una «Fedora» junto a Giuseppe di Stefano. Poco antes Gigliola Franzzoni, legendaria «Fanciulla del West». La francesa Denise Duval fue cantante fetiche de Francis Poulenc y naturalmente eximia intérprete de «La voz humana». Las tres vivieron largos años, sin embargo Daniela Dessì nos dejó verdaderamente conmocionados con sólo 59. Entre los cantantes masculinos el tenor José Ferrero, aún más joven, y Johan Botha, uno de los pocos tenores centrado en repertorios dramáticos. El barítono Gian Piero Mastromei fue referencia en su época por su caudal vocal. Y, en fin, los Coros del Ejército Ruso, que un día levantaran pasión entre la progresía española. A todos ellos, nuestro recuerdo y agradecimiento.



Fuente: La Razón

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