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Los cambios evolutivos favorecieron la industrialización

Galor sostiene que este cambio creó condiciones ideales para el crecimiento económico durante la Revolución Industrial. A medida que la evolución comenzó a favorecer a las familias que eran menos fértiles y, por lo tanto, tenían menos hijos, esas familias tenían más recursos para dedicar a cada niño. Los niños que provenían de estas familias adquirieron más educación, un rasgo importante en una era que exigía una mayor capacidad cognitiva y creatividad para los avances tecnológicos.
 

La población se fue educando gradualmente, creando un «circuito de retroalimentación positiva» entre la educación y la tecnología y generando un crecimiento económico sostenido.
 

Ahora las pruebas respaldan la hipótesis de 2002. «Demostramos que aunque una mayor fecundidad maximiza el número de hijos sobrevivientes que alguien tendría después de una generación, la fecundidad moderada, y por lo tanto una mayor predisposición hacia la calidad del niño, generó un mayor éxito reproductivo a largo plazo y fue seleccionada por la naturaleza en el período preindustrial”, explica Galor.
 

Estudios genealógicos
 

Para llegar a su conclusión, los investigadores optaron por centrarse en  un extenso registro genealógico de casi medio millón de personas en un área particular de Quebec (Canadá), donde casi todos los nacimientos, matrimonios y muertes se inscribieron en registros parroquiales católicos entre 1608 y 1800.
 

Centrándose en los cambios en la fecundidad o predisposición de las familias hacia la fertilidad, descubrieron que en esos siglos, aquellos que fueron capaces de concebir un hijo poco después del matrimonio (una medida de fecundidad), tuvieron más hijos sobrevivientes.
 

Sin embargo, el estudio descubrió que aquellos que concibieron meses después del matrimonio (una medida de fecundidad más moderada), tuvieron menos hijos pero un mayor número de descendientes sobrevivientes en las generaciones futuras, lo que les dio la ventaja evolutiva. Los investigadores también hallaron pruebas de que la población que estudió se volvió cada vez menos predispuesta a una alta fertilidad en el transcurso de esos dos siglos.
 

Los datos de este estudio reflejan los resultados preliminares de otro análisis que Galor y Klemp realizaron utilizando registros en Gran Bretaña entre 1541 y 1871. Según Galor, esto sugiere que el fenómeno puede haberse extendido más allá de Quebec y Gran Bretaña, como lo postuló en 2002.
 

«Mi esperanza», apunta Galor, «es que este estudio estimule un mayor interés en explorar el papel de los procesos evolutivos en el desarrollo económico».



Fuente: Tendencias 21

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