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Los CDR se instalan en las capitales europeas con ayuda de los antisistema

Los Comités de Defensa de la República (CDR), el brazo «borrokero» del independentismo catalán, ha logrado ya implantarse en la totalidad de las capitales de la Unión Europea y en ciudades importantes de diversos países del Continente, según han informado a LA RAZÓN fuentes antiterroristas. Está rápida expansión de los CDR, que ya han protagonizado algunas acciones de «bajo nivel», se ha logrado gracias a la colaboración que han encontrado en los grupos antisistema y de extrema izquierda, relación que es investigada.

Dentro de la estrategia general de internacionalizar el conflicto del independentismo catalán, los CDR están llamados a jugar un importante papel. Los grupos antisistema y de extrema izquierda cuentan en algunos países europeos con una gran implantación, representación parlamentaria incluida, por lo que pueden vehiculizar las estrategias de los españoles.

No se puede, en ningún caso, restar importancia al papel que pueden jugar los aliados de los CDR. Las últimas decisiones de tribunales europeos sobre independentistas huidos, y declaraciones, incluso a nivel ministerial a favor de ellos, están influenciadas por el ambiente que han creado estos grupos hacia el secesionismo catalán. Pero no se ha tratado de algo espontáneo sino que es consecuencia de la acción callada y constante de los CDR, a los que en España se les conoce en su faceta violenta pero que han articulado una organización con una estudiada distribución de misiones.

Los CDR que actúan en Europa saben que las Fuerzas de Seguridad no se andan con bromas y actúan con contundencia para frenar cualquier alteración del orden público. Lejos, en cualquier caso, de la «prudencia», tan alabada desde instancias oficiales, de los Mossos d’Esquadra que contemplaban impasibles cómo se cometían graves delitos. Ha tenido que ser la Fiscalía la que corrigiera lo ocurrido.

Hasta ahora, los CDR europeizados se han limitados a colocar lacitos amarillos en Londres, Bruselas, París o Berlín y otras ciudades del Continente. Ante la lejana presencia de las Fuerzas de Seguridad, desaparecían para evitar males mayores.

Los consulados españoles han sido objetos de escraches pero con el mismo resultado: si viene la Policía, a correr.

Los investigadores calculan que entre los implantados en Cataluña y fuera de ella, la cifra de los CDR supera con poco el millar, pero, advierten, es un fenómeno en crecimiento.

A quienes se han escandalizado por las acusaciones de terrorismo con ocasión de las primeras detenciones de cabecillas de los CDR (la arrestada ayer se ha negado a declarar ante la Guardia Civil) cabe decir que la «kale borroka» en el País Vasco no nació de la noche a la mañana, y con la misma fuerza.

Fue un proceso progresivo en el que primero se lanzaban octavillas, después objetos contundentes o incendiarios contra las Fuerzas de Seguridad, hasta pasar a los artefactos de fabricación casera.



Fuente: La Razón

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