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Lucía Galán: “Hablan de las maravillas de la maternidad, pero se olvidan de las sombras”

-Publica el libro «Eres una madre maravillosa» (Planeta). ¿Cómo sobrelleva el éxito?

-Ha sido una sorpresa. El objetivo nunca fue ni cambiar de profesión ni enriquecerme, simplemente me dejé llevar por la experiencia, por el compartir. Y de contagiarme de toda esa energía que empecé a sentir de los miles de lectores que me empezaron a seguir. La vida me ha cambiado a mejor, porque es algo que me apasiona, soy pediatra vocacional y no concibo mi vida sin mi consulta y sin mis pacientes y familias, pero he descubierto la faceta comunicativa, que realmente me llena y pienso dar la tabarra muchos años.

-Le delata su pasión por la pediatría

-Soy volcánica; en cuanto encuentro algo que me apasiona, realmente no hago lista de pros y contras, ni me paro demasiado a pensarlo, me guío mucho cada vez más por la intuición, por lo que me hace sentir, por las cosas que realmente me emocionan y me lanzo. En ese sentido soy muy exploradora: me gusta probar cosas nuevas, investigar en nuevos campos, y bueno, algunas veces aciertas y otras no. Pero siempre sacas un aprendizaje, en este caso todo el contacto con el público, con los lectores, en las conferencias y con las firmas de libros. Me llena tanto que necesitaría dos vidas para escribir todo lo que los lectores me dan a mí. Me abruma a veces porque es una responsabilidad muy grande, pero me estimula mucho.

-¿Qué aporta a los lectores este segundo libro?

-Pensé que me habían quedado muchas cosas por contar. Cuanto más profundizaba en las emociones que nacen al convertirte en madre y en padre, más conectaba con la gente. Todos hablan de las maravillas de la maternidad y de la paternidad y se olvidan de las sombras, de los momentos difíciles, de la lucha y de los momentos de soledad que tenemos. Siempre digo que es un viaje en las que casi todos paramos en las mismas estaciones, lo que pasa es que unos antes y otros después, pero no siempre compartimos lo que nos ocurre, siempre tendemos a compartir sólo lo bueno y lo bonito. Y me dije: vamos a ser valientes y a hablar de la maternidad y de la paternidad sin filtros. Escribí el libro que me hubiese gustado leer cuando estaba embarazada de mi primer hijo, donde la gente se sienta reconocida y digan, «no estoy solo o no estoy sola; esta persona que ha escrito este libro ha sentido lo que yo estoy sintiendo ahora mismo». Intenté explorar sobre todo en esos momentos difíciles, pero sin lamentaciones, con un realismo optimista, pero con claridad.

-En el libro hay casos reales muy duros, ¿cómo los escogió?

-El proceso con las tres historias que cuento fue de lo más bonito del libro. Yo tenía claro que quería contar historias en el libro, porque soy una buena contadora de historias. Pensé en ellos tres, por lo que me enseñaron ellos a mí, por el momento en el que sucedieron y por el poso que me han dejado a pesar de los años que han pasado. Les llamé uno a uno, les dije que quería dedicarles un capítulo, hablar de su historia. Los tres me dijeron que querían contarlas sin filtros, lo cual me encantó porque así es mi libro. Tuvimos conversaciones de tú a tú de seis o siete horas. A los tres o cuatro días me puse a escribir. Me permitieron que las integrara tal cual. Fue un viaje bonito porque a las tres familias les tocó mucho la fibra y revivieron todo aquello y eso les unió más todavía.

-¿Se identifica con el apelativo de la «pediatra valiente»?

-Hay que ver la pediatría desde otra perspectiva y es importante para mí darle ese toque humano de médico. Hasta hace muy poquitos años había una barrera muy importante entre el médico y el paciente. Yo quiero transmitirle al mundo que tenemos los mismos problemas, celebramos las mismas alegrías y lloramos las mismas penas.

-Es pediatra y un poco psicóloga de padres.

-Bueno, lo de psicóloga se me queda muy grande. La consulta de un pediatra nunca debe ser exclusivamente sobre los síntomas clínicos de un paciente; hay que hacer mucho caso a su estado emocional y también al de sus padres, y al de su entorno. Si sus padres no están bien es imposible que ese niño esté bien. Hay padres que me piden cita sólo para contarme algo importante, incluso vienen sin el niño. Si tu tienes algo lo suficientemente importante que afecta a tu día a día, por qué no consultarlo con tu pediatra si crees que esa situación puede afectar a tu hijo. No podemos vivir sus problemas como lo viven ellos, pero nosotros tenemos las herramientas necesarias para sacarles del agujero cuando los pobrecitos están ahí para enseñarles el camino. SI llegan momentos difíciles hay que compartirlos con los niños y se buscan soluciones juntos, y creo que esto enriquece mucho a las familias. Es la visión que yo le doy en mis consultas a mis pacientes: que no aislen completamente a los hijos de los padres, que si comparten todo lo bueno a veces hay que compartir alguna que otra dificultad para que entiendan de qué empieza a ir la vida.

-¿Le gusta desmontar mitos de la pediatría?

-Me encanta, porque el «a mi me funciona» me pone nerviosa. El hecho de que te haya funcionado no quiere decir que sea lo recomendado ni lo más seguro para los niños. Que se haya recomendado desde hace 20 años, no quiere decir que se tenga que hacer de por vida. La ciencia avanza y soy la primera que hace doce años estudié que los niños tenían que dormir boca abajo y me tuve que desdecir en la consulta. La labor del médico ante argumentos sibilinos como el «a mi me funciona de toda la vida» es rebatirlo con evidencias y datos científicos. En Rumanía han muerto 15 niños de sarampión de un brote en niños no vacunados, por un movimiento antivacunas, esos son datos reales. Estoy abierta a todo tipo de crianzas, soy respetuosa y me pongo en la piel de mi paciente siempre, pero cuando la salud del niño está en juego no hay margen de error porque nos puede costar la vida.

-¿Y el mito de la madre «superwoman»?

-Nadie es perfecto ni nosotros ni nuestros hijos. Ni podemos pretenderlo. Cuando vas a tener un hijo deseas que sea perfecto, y él es como es. Si nuestros hijos tienen la primera caída no quiero que se vengan abajo y piensen «mamá nunca se hubiese caído aquí, era una mujer perfecta, inquebrantable, fuerte». Sería un pésimo ejemplo para ellos.Quiero que vean en su madre una mujer fuerte, que de vez en cuando se ha caído, pero que siempre se ha obligado a levantarse. Es un mensaje superpotente, transmitirles a nuestros hijos una imagen real de esto: a mamá se le da muy bien esto y lo otro se le da peor y a ver si le podéis echar una mano y entre todos conseguir salir adelante. Fortalecer nuestros puntos fuertes y nuestras debilidades, pero sin miedo, sin ocultarlo.

-¿Porqué nos preocupa tanto la pediatría?

-Cuando alguien te cuenta que han diagnosticado de cáncer a tu tío abuelo o a tu padre parece que es ley de vida, nos puede tocar a cualquiera. Pero todo lo que ronda a la enfermedad en la etapa infantil es como que va contra la naturaleza humana, los niños no se deberían de morir, los niños no deben sufrir, etc . Yo aún siendo pediatra son cosas que me conmueven muchísimo. Pero las enfermedades no entienden de edad ni de sexo ni de nada. Genera mucho miedo porque la enfermedad grave de un niño es algo devastador en una familia, el miedo hace que la gente busque más información de lo que pueden buscar los adultos cuando les diagnostican una enfermedad y el miedo hacer perder la razón, el control y el sentido común. Por eso en el libro yo soy una pediatra muy tranquila y no soy nada alarmista, pero cuando tengo que ponerme seria lo hago como con el capítulo de «Pero si solo fue un segundo». La ciencia avanza y cada vez hay más estudios y se publica más y los comités científicos cada vez son más activos. Antes cada pediatra tenía su consulta y no había el concepto de medicina de grupo, de equipo, no había comités científicos. Ahora es una red nacional e internacional donde todos compartimos los conocimientos basados en evidencias científicas y es nuestra responsabilidad trasladarlos al resto de personas. Ahí sí que nos tenemos que poner firmes con las vacunas y con los accidentes infantiles. Ahora, también hay que decirle a la gente donde buscar. «Doctor Google» o al «doctora vecina del tercero» no funcionan.

-Conferencias, consulta, libros, televisión… ¿cómo lidia con esa vorágine?

-Gracias al ensayo-error. Cuando me parece que voy muy agobiada o estresada y me parece que les he robado mucho tiempo de juegos a mis hijos, entonces echo el freno, pospongo agenda y modifico fechas. En el momento en el que me siento cómoda, entonces continúo en esa vida. Hay meses mucho más intensos que otros y lo que sí he aprendido es a no sentirme culpable y a no sentir la necesidad de compensar continuamente a la gente que me rodea.



Fuente: La Razón

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