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Matar con saña a un animal, disfrutar de su sufrimiento, es dejar de ser humano

A mediados de marzo la Guardia Civil de Sevilla identificó a un vecino de la localidad de Olivares como supuesto autor de la muerte de casi una veintena de animales, a muchos de los cuales mató atándolos a las vías del ferrocarril.






¿Un sádico? ¿Un psicópata? Me da igual, alguien que supone un peligro potencial para otros seres humanos, no tengo la menor duda.

Ayer mismo detuvieron a una chica de 19 años en Ciudad Real que había subido un vídeo en el que mataba a un gato tras centrifugarlo en la lavadora dos veces, entre risas.

Os digo lo mismo que respecto al otro tipo, lo mismo que os podría decir de muchos otros monstruos a dos patas que han pasado por este blog, aquellos que protagonizan en un goteo ocasional y constante las noticias, de tantos otros cuyos terribles actos jamás trascienden y no llegamos a conocer. Me da igual el problema que tenga esta mujer, aún adolescente, no me importa entender qué engranajes le fallan en la empatía, el motivo por el que unos mínimos de bondad no se manifestaron viendo sufrir así a otro ser vivo, lo único cierto es que no quiero a gente así cerca, no los quiero a mi lado ni al lado de los míos, al lado de nadie con bien, porque el corazón me dice que son personas tóxicas, que aunque no lleguen jamás a cometer un delito contra otra persona, dudo que procuren a los demás algo que no sea sufrimiento.

No me malinterpretéis. Por mucho que apetezca en caliente atar al primero al paso del AVE y meter a la otra en una lavadora industrial, no deseo algo así ni mucho menos. Ojalá encuentren la ayuda que necesiten para volver a ser humanos mínimamente decentes, aunque abundan los casos en los que pongo en duda que algo así sea posible. Hay que elevarse por encima del ojo por ojo, por encima de los exabruptos causados por la indignación, que son comprensibles pero de nada sirven. Lo que hay que hacer es buscar soluciones.

Denunciar al 062 cualquier caso de maltrato animal que conozcamos, como pide la Guardia Civil que hagamos. Aunque la respuesta al otro lado no sea la adecuada, hay que seguir insistiendo.

Seguir exigiendo una ley nacional de protección animal de mínimos.
Ahora, en ese sentido, España es un collage irregular y absurdo de normativas nacionales, pero sobre todo autonómicas y municipales. A mayor clamor, más voluntad política habrá porque interpretarán que hay más votos en juego. Como me contaba Chesús Yuste, de la Asociación Parlamentaria en Defensa de los Animales (APDDA) que integra a parlamentarios de diferentes fuerzas políticas preocupados por la protección de los animales desde 2012: “La protección animal se ha incluido ya en la agenda política de una manera muy potente”.

Pelear en lo que esté en nuestra mano porque la leyes actuales se cumplan, lo que ya es considerado delito a día de hoy se persiga. Aunque queda mucho camino legislativo por andar, ya tenemos normas a las que agarrarnos y procurar su cumplimiento.

Apoyar todas las iniciativas, crecientes, por formar a los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado en materia de protección animal, como la de La Rioja formando a su Policía Local de la que os hablé en este blog, como las de la la Asociación de Policías por la Defensa Animal (APDA), que afirmaron aquí mismo y están intentando que se extienda dentro de su gremio: “Somos los garantes de la ley, y si hay leyes que protegen a los animales, pues hay que cumplirlas”.

Caminar hacia la profesionalización de las asociaciones protectoras. Profesionalización en el sentido de seriedad y aplicación de buenas prácticas como contaba Irene Herrero, de ANAA. En una época de explosión del interés por el maltrato y la protección animal como la que vivimos, se corre el riesgo de no hacer las cosas bien, de que haya más voluntad que capacidad, de que entren en acción personas que buscan más cubrir sus carencias emocionales que las necesidades reales de los animales a proteger.

E incidir en la concienciación de la sociedad en general. Hay que seguir informando de la realidad existente en materia de protección animal, de la necesidad de no ser simples espectadores ajenos al sufrimiento. Información y concienciación de los niños y jóvenes, por supuesto, ellos son el futuro. Pero también de los adultos de cualquier edad. La experiencia me dice (no sólo a mí) que no se puede dar a nadie por perdido.

Se admiten sugerencias.

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Fuente: 20 Minutos

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