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Matemáticas personalizadas para aprender a razonar

Un profesor de matemáticas de un colegio cualquiera pregunta a sus alumnos cuánto es la mitad de dos más dos. Unos rápidamente dicen que la respuesta es dos, mientras que otros replican que la solución es tres. Ambos grupos tienen razón, los dos resultados son correctos. Sin embargo, son pocos los estudiantes que se dan cuenta de esta dualidad. “Porque al escuchar un problema matemático, la mayoría de la gente, más aún los alumnos a los que así se enseña, se pone de inmediato a hacer cuentas y a mover números. Pero saber matemáticas es mucho más; es resolver algo pensando y razonando”, explica Javier Arroyo, fundador de Smartick, un método de aprendizaje matemático español que ha sido recientemente elegido entre otros 7.500 proyectos por la Comisión Europea para dar un giro innovador a la docencia de esta rama.

Para Arroyo, las matemáticas tienen que cambiar radicalmente en este aspecto. “En la cultura de la inmediatez, en la que todo va cada vez más rápido, la comprensión lectora, la lógica y el razonamiento cobran especial importancia”. Más aún cuando las matemáticas son el germen de buena parte de las profesiones del futuro. “Los perfiles que más demandarán las empresas tienen que ver con la analítica de datos, la estadística, la programación… Por eso se debe hacer más por esta disciplina”.

Es cierto que, hoy por hoy, las matemáticas en los campus gozan de buena salud. Así lo afirma Marco Castrillón, profesor de Geometría en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Instituto de Ciencias Matemáticas (Icmat): “La matriculación en los últimos años ha ido en aumento; ahora mismo contamos con un doble grado en Matemáticas y Físicas con la mayor nota de corte de acceso, un 13,5 sobre 14, y los estudiantes cumplen cada vez con más peso los requerimientos que las empresas exigen de ellos”, prosigue este docente, quien en los últimos años se ha encargado también de gestionar las prácticas de los universitarios en las compañías. “Las organizaciones, además de gente que sepa manejar datos, computación o programación, reclaman perfiles resolutivos, que sepan reflexionar ante un problema, además de comunicarlo”.

Otras cifras, como el paro de los profesionales con formación en matemáticas y estadística –un 8,2{fe2702e425ec7488a194966976621fc3ee0e72237fe4d352f4f561176a6de497} en 2015 según la EPA, la menor tasa de desempleo en España–, contribuyen a iluminar el camino. No obstante, todavía existe un gran margen de mejora, que en gran medida tiene que focalizarse en la educación de los más pequeños. “La universidad tiene que cambiar muchas cosas, pero los alumnos que entran en la carrera ya tienen unos conocimientos básicos, unas aptitudes concretas y unos objetivos enmarcados en las matemáticas. Por eso es importante comenzar a estimular el talento en los más jóvenes”, apunta Castrillón, “y así asegurar la oferta de estos profesionales en un futuro en materias tan requeridas como la programación, la robótica o el big data”.

Precisamente el uso de los datos ha sido una de las bazas utilizadas por Smartick para intentar revolucionar los métodos de enseñanza: “Hemos desarrollado un algoritmo que se adapta al perfil de cada alumno. Así, en función de la respuesta a un determinado problema, se genera el siguiente ejercicio, totalmente personalizado”, señala Arroyo. Se tienen en cuenta diferentes patrones, “tales como si la solución es correcta o equivocada, la velocidad de respuesta, la edad del estudiante… Y así, tras las respuestas, el programa sabe cuál es el ejercicio que necesita el alumno”.

De esta forma, se miden cuáles son las fortalezas y debilidades de cada joven para potenciarlas y solucionarlas, respectivamente. “Lo verdaderamente importante es que quienes tienen más dificultades avanzan a su ritmo y los más aptos no se quedan estancados. Es una forma de evitar frustración a la vez que se impulsa a los mejores. Vivimos en una sociedad de datos, y así como van a modificar las profesiones del futuro, también deben cambiar los métodos docentes. No podemos permitirnos el lujo de que un niño no sepa matemáticas”.

Otros métodos ya implantados son los que tienen que ver con el juego. “Si a la gente le gusta jugar, se puede retar al estudiante para que aprenda esta disciplina mientras se entretiene, sobre todo porque la mayoría de los juegos de hoy tienen que ver, de una forma u otra, con las matemáticas”.


Fuente: Cinco días

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