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«Me destrozaron mi vida por completo»

La novia del teniendo agredido en Alsasua (Navarra) en octubre de 2016 aseguró hoy al tribunal de la Audiencia Nacional que juzga a ocho jóvenes como supuestos autores de las lesiones y amenazas que tras lo sucedido su vida y la de sus padres (que siguen residiendo en el municipio) “empezó a ser un infierno”. Le quitaron, dijo entre sollozos, “la vida entera”, su hogar. Sus amistades le dieron la espalda e incluso llegó a pensar en el suicidio. “Mi grupo social se ha alejado de mí por miedo. Me aislaron socialmente y me han hecho la vida imposible. A día de hoy aún tengo miedo a pasear sola en Alsasua”, explicó.

María José N. C. -que identificó como autores de la agresión a seis de los acusados- aseguró que a partir de ese día se sucedieron las pancartas en el bar que regentaban sus padres (“la que más se me ha quedado grabada es una que decía que el pueblo no perdona”). “Se nos rajó el coche, nos destrozaron una máquina del bar… “Mis amigas y amigos me dieron de lado y no he tenido ningún apoyo social desde entonces”, un aislamiento que le ha originado un cuadro ansioso depresivo y un estrés postraumático crónico. “Se destrozó mi vida por completo. Me veía sola y humillada. Llegué al límite de no ver salida y quitarme de en medio. Era la única forma, pensaba, de que todo lo que estaba sufriendo fuese a parar”. “A día de hoy sigo medicada, con antidepresivos y no puedo dormir”, replicó ante la insistencia de una de las abogadas de la defensa en que detallara su medicación.

En su declaración como testigo, dijo no tener dudas de que a ella y a la novia del otro agente les pegaron “exclusivamente por ser parejas de guardias civiles”. Jokin Unamuno fue, según su testimonio “el que inició la agresión. Por él estamos hoy aquí”. Pero no fue el único. Tanto Jon Ander Cob como Julen Goicoechea, Aratz Urriozola y Adur Ramírez de Alda les propinaron numerosos golpes y patadas, recordó, al igual que la actitud “muy violenta y agresiva” de Ohian Arnanz. “Le dije que si quería pegarles me tendrían que pegar a mí. Pero él contestó: “A ti no te vamos a pegar, pero a ellos les vamos a reventar”.

Al llegar a la primera puerta del bar se aferró al marco “porque fuera había más gente esperando fuera y alentando la agresión. Ahí fue donde más golpes recibí, en la espalda, en las piernas, en todos lados, y me quitaron de ahí”. A consecuencia de los golpes, su novio “tenía el tobillo totalmente partido, pero la gente seguía pegándole”.

María José N. C. subrayó en un par de ocasiones que “no ha acusado a ninguna persona sobre la que no esté cien por cien segura”. De hecho, añadió, “hay testigos que van a declarar aquí que estoy convencida en un 90 por ciento y no los he identificado”.

También ha declarado la pareja del sargento de la Guardia Civil agredido, Pilar P.O., que aseguró que “la sensación que tengo es que pese a ser las víctimas estamos constantemente pidiendo perdón y dando explicaciones cuando los agredidos fuimos nosotros”. La mujer se quejó ayer de las paradójicas consecuencias de la agresión que sufrieron, por la que los ocho acusados de esos hechos se enfrentan a penas de entre doce y 62 años y medio de prisión.

“Gente del pueblo me ha dicho -explicó- que me estaban buscando y tratando de identificar quién era yo”. Para evitar ser identificada, ha llegado a ocultar su identidad y a modificar su domicilio durante las visitas al ginecólogo cuando estaba embarazada (cuando según recordó sufrió taquicardias a consecuencia de lo sucedido). “Esas putillas se lo han inventado todo”, llegó a escuchar a unas vecinas en una tienda. Y es que a diferencia del teniente y su pareja, ella y el sargento siguen viviendo en Alsasua a la espera de su traslado. “Si ellos tienen ganas de que nos vayamos, yo tengo más ganas aún de irme”, admitió.

Pilar P. O. aseguró que cuando vio que los rodeaban en el bar Koxka “me asusté y empecé a decirles “vámonos, vámonos”, pero cuando empezamos a salir empezamos a recibir golpes y puñetazos por todos lados”.

“Justo estando en la puerta veo que al teniente le están pegando por todos lados y a Mari Jose en la puerta con los brazos en cruz. A mi pareja lo tiran al suelo y empiezan a patearlo. Intento protegerlo y me empiezan a patear con la misma brutalidad”. La novia del otro agente, recordó, estaba en el suelo protegiéndole a modo de escudo y gritando “por favor, por favor”.

La pareja del sargento cree que les agredieron “obviamente por ser guardias civiles. Lo gritaban a voz viva. A mi pareja se referían como el sargento. Yo me quedé atónita”.

“Yo no me podía creer que después de la brutalidad con la que nos habían atacado María José no estuviera sangrando por todo el cuerpo”, añadió. Y eso que la joven era de Alsasua. “Pero esta es del pueblo”, se escuchaba claramente”. “¡Que se joda!”.

“Si yo pudiera identificar a todos los que participaron -lamentó- no estarían sentadas aquí ocho personas”.

Pilar P. O. contó que cuando llegó al lugar la Policía Foral “seguían insultando e increpando”. “¿Peró qué hacéis? Vosotros sois de los nuestros”, les reprochaba la gente a los agentes forales al ver cómo detenían a Jokin Unamuno.

“Lo tenéis merecido. Es lo que os va a pasar cada vez que salgáis de allí arriba (el cuartel de la Guardia Civil)”, le dijo ya fuera una chica. “Se mofaban de mí al verme llorar, riéndose de nuestra situación”, subrayó.



Fuente: La Razón

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