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Mel Gibson: “Ya entoné lo suficiente el ''mea culpa''”

Es incontrolable, se mueve y gesticula sin parar y posee una mirada intensamente azul. Mel Gibson ha cumplido ya los sesenta. Y está de vuelta, en el amplio sentido del término, pues a estas alturas de su vida puede presumir de haber tocado el cielo, aunque también de haber descendido al semisótano en su vida personal. Hace diez años que no dirigía, desde «Apocalypto». La vida del primer objetor de conciencia de la Historia, Desmond Doos, le ha llevado d enuevo detrás la cámara. Para que no quede ninguna duda – por si el periodista albergaba alguna– suelta de manera clara al comienzo: «He hecho un buen trabajo con ‘‘El último hombre’’ y sé que para muchos esta película supone mi regreso, pero yo nunca me he marchado ni he dejado de trabajar. Ahora vuelvo a estar en la pomada. Sinceramente, quiero seguir haciendo esto. Se me da bien y me encanta».

Nacido en Nueva York y criado en Australia, en un primer momento se dio a conocer como el nuevo héroe de acción en películas como «Arma letal» y «Mad Max», aunque el papel que provocó que Hollywood que se lo tomaran en serio fue en «Gallipoli» (1981), un drama sobre la Primera Guerra Mundial. En 1995, Gibson dirigió, produjo e interpretó el drama histórico «Braveheart» (1995), que ya le afianzó como un peso pesado al ganar dos Oscar, al mejor director y película. En 2004 se arriesgó con «La pasión de Cristo», un éxito de taquilla totalmente inesperado y cargada de controversia que le benefició y le reportó jugosas cantidades de dólares. Dos años después volvió con la durísima «Apocalypto». Diez años, y parece que superadas sus adicciones y variopintos problemas: sus declaraciones sobre los judíos, a los que hizo responsables de todas las guerras tardaron tiempo en perdonarse en Hollywood; se le detuvo por conducir ebrio y la separación de su pareja Oksana Grigorieva, en la que mediaron insultos y amenazas, fue bastante comentada, entrega este drama bélico, una de las cintas del género más violentas que se hayan visto en la pantalla y que ha tardado 15 años en poner en pie. Cuenta la historia real de Desmond Doss, un objetor de conciencia que ganó la Medalla al Honor otorgada por Henry Truman tras la Segunda Guerra Mundial por salvar la vida a más de 75 soldados durante la terrible batalla de Okinawa. Desmond se negó a empuñar un arma por lo que su participación fue estrictamente como médico. Para Gibson la historia, que ya había sido convertida en documental años antes, no resultó un amor a primera vista: «La primera vez que leí el guión de ‘‘Braveheart’’ lo dejé de lado. Pero después empecé a interesarme y me puse manos a la obra. He tenido una reacción muy similar con ‘‘Hasta el último hombre’’. Decidí decir que no en las dos ocasiones y después recapacité». Gibson lo releyó y se comprometió. «Desmond posee una fe tan inmensa que ya me gustaría tenerla a mí. Todos atravesamos por momentos complicados y aguantar se reduce a lo resistentes que sepamos hacernos cuando el viento sopla en nuestra contra», señala. Diez años han sido suficientes para dejar esos momentos bochornosos del pasado detrás: «Debes seguir adelante, continuar trabajando, no puedes estancarte ni pararte. Ya entoné el ‘‘mea culpa’’ lo suficiente como para que me perdonen». Otro motivo que lo decidió fue trabajar junto a Andrew Garfield, protagonista de «La red social» y que venía de rodar «Silence» a las órdenes de Scorsese donde da vida a un jesuita: «A pesar de dar vida a Doss, que es un regalo de personaje, ha sido complicado, pues para mi trabajo anterior tuve que perder mucho peso y pasé bastante tiempo aislado», explica el actor haciendo referencia a su colaboración con Scorsese. «Mi experiencia trabajando con Mel ha sido estupenda, a diferencia de ‘‘Silence’’ que fue un rodaje muy solitaria. La camaradería y el ambiente que supo crear durante el rodaje fue estupendo, a pesar de la dureza de bastantes de las escenas, pero resultó llevadero». Los problemas comenzaron tras dar el primer golpe de manivela con respecto al presupuesto y la clasificación PG-13 (para mayores de 13 años) que Walden Media quería imponer. Bill Mechanic, unos de los productores supo inmediatamente que conociendo a Gibson y la pasión que pone en sus proyectos la dureza era previsible: «No vas endulzar una escena en la que un soldado está armado delante de mil japoneses y pretender que la escena no sea violenta», afirma Mechanic. El presupuesto estaba fijado en 50 millones de dólares y el productor era consciente de que eso era una tarea imposible de cumplir, sobre todo teniendo en cuenta que ‘‘Braveheart’’ superó con creces esta cantidad hace veintidós años. Sabía lo que quería y no me importó poner dinero de mi bolsillo para conseguir cámaras de rodaje adicionales. Fue un rodaje maratoniano que finalizamos en 59 días, ni siquiera llegamos al mes», comenta con una sonrisa. Mel Gibson es un director visceral, algo de lo que, de nuevo queda constancia en la pantalla. Y también meticuloso y tremendamente perfeccionista, lo que se refleja de manera clara en la escena del bautismo: «Quería lograr un momento de transición, de limpieza, que estuviera más enfocado en lo espiritual y en lo que se percibe y se siente. Es algo que no preparé demasiado, sino que surgió en el momento de rodar».



Fuente: La Razón

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