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Melendi: “He sido golfete y lo seguiré siendo”

Sus respuestas destilan la visión poética y filosófica de quien ha vivido tantas vidas como le corresponden. E incluso alguna más. Tras el éxtasis de un pasado repleto de éxito, se quita las gafas para presentar el octavo disco de su carrera. Melendi es un artista inclasificable, un cantautor que engaña a las apariencias, un amante de las palabras y un lector voraz. Ahora afila su pluma literaria y que nunca dejará de soñar. Estará el 17 de diciembre en la sala Razzmatazz (Barcelona) y el 18, en La Riviera (Madrid) dentro del ciclo Vodafone Music Shows.

–¿Prefiere que le entreviste o que intente conocerle?

–Lo que quieras.

–¿Y qué dicen de usted los que le conocen?

–Que soy obsesivo, orgulloso y trabajador. Soy un soñador al que no le gusta quedarse parado en ningún sitio.

–El Melendi actual, ¿es un destino o una casualidad?

–Una causalidad. Todos nacemos con un destino, pero nuestro libre albedrío está en buscarlo o no.

–¿Es usted un «hijo del mal»?

–Sí. Esta canción es una sátira contra una pregunta que me hago a menudo: ¿podría hacer algo más?

–Contéstese.

–Claro que podría. Tenemos un gran poder individual para cambiar lo colectivo.

–¿Cree en los ángeles?

–Sí, tanto en los terrestres como en los que no se ven.

–Con lo demonio que ha sido…

–¿Tú crees? (Risas) He sido golfete, y lo seguiré siendo. Me gusta divertirme.

–¿Quién le ha visto y quién le ve?

–Eso pueden decirlo quienes tienen más experiencia en la vida, los que saben que todo cambia y que nada es inmutable.

–¿Pero cuántas veces se ha renovado?

–Me renuevo cada día. No existe la razón, ni la verdad. Todo está condicionado.

–¿Cuánto ha durado su adolescencia?

–(Risas) Bastante. Ahora la estoy recuperando tras una época en la que la quería dejar atrás. Los niños creen que no hay nada imposible. El problema es que de mayor lo olvidamos. Yo sigo pensando que todo es posible.

–¿Sin rastas es mejor persona?

–No, pero proyecto un aspecto más limpio. Yo no pongo etiquetas a nadie.

–Las gafas esconden las ojeras y las malas noches. ¿Ya puede quitárselas los domingos?

–(Risas) Sí. Ahora encuentro la diversión en una charla o en una cena tranquila. De vez en cuando salgo a tomar una copa, pero luego me arrepiento. El cuerpo ya no aguanta.

–¿Quién es su superhéroe?

–Los padres y los abuelos que sostienen el país.

–¿Canta cuando nadie le escucha?

–Poco. Oigo a muchos cantautores. Me apasiona Sabina, su capacidad poética, su vocabulario, su cultura, la coherencia de sus incoherencias… Es una wikipedia.

–¿Cuánto pesa la fama?

–Lo que quieras que pese.

–¿A usted le sobrepasó?

–Sí, cuando era joven.

–¿Ahora tiene los pies en el suelo?

–Ésa es mi única responsabilidad. Mantener la conexión con el latir de la gente. Lo mejor que he hecho ha sido poner en valor lo que sé hacer y no hacer lo que no sé.

–¿Y la mente?

–En el cielo.

–¿Se siente «desnudo» a menudo ante el público?

–Cada vez que saco un disco o tengo que enseñar algo nuevo. Un artista siempre está en la cuerda floja.

–¿Por qué ha dejado de caminar por la vida?

–Me estoy reconciliando con todas mis canciones que me aburrían. En la vida todo es cíclico.

–¿A qué es usted adicto?

–A mis hijos, a la vida, a la música. Lo que más me gusta es componer.

–¿Cómo se inspira?

–Si tuviera el secreto… Le dedico muchas horas. La creatividad es la capacidad de conectar con uno mismo.

–¿Entre caladas?

–Sigo fumando, pero tabaco.

–¿Quién sería Melendi sin su voz?

–(Piensa) No lo sé… Aunque siempre me he visto trabajando de cara al público.

–¿Canta o cuenta historias?

–Cuento historias cantando. Me enorgullezco de mi evolución. Mi voz no emociona por sí misma, pero es óptima para cantar mis temas.

–Rebobine 15 años. ¿Se hubiera presentado a «La Voz»?

–No. Mi cabeza de chico malo y el complejo de machito que tenemos con 18 años no habría concebido cantar canciones románticas. Es muy importante la imagen que uno proyecta de sí mismo en la cabeza, que no tiene nada que ver con la que percibe la gente. Si no somos capaces de cambiar la imagen que tenemos sobre nosotros, no podremos cambiar nada.

–¿Dónde tiene más tatuajes, en la piel o en el alma?

–En la piel. Pero mis padres, mi abuelo, mis hijos o mi amiga Joaquina me han dejado mucha huella.

–¿Cuál es su mayor fortuna?

–Un mar, dos libros, la luna… el amor de mis hijos. El dinero sólo te da momentos de felicidad momentáneos y pasajeros.

–¿Y qué es para usted el dinero?

–Durante muchos años no lo he respetado, pero ahora sí. Todos tenemos gran capacidad de hacer dinero. Lo fundamental es la implicación en los proyectos, que te apasionen, que te permitan levantarte cada día con ilusión. Eso te hace feliz, y la consecuencia es el dinero.

–Intuyo que lee mucho.

–Últimamente, sí. Todo lo que a un ser humano le pueda pasar le ha ocurrido a otro. Y está en los libros.



Fuente: La Razón

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