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Merrill Beth Nisker: “Quiero que la gente baile y que piense un poco”

Hace poco menos de un mes que ha llegado a la cincuentena pero aún es una fuerza de la naturaleza. Merrill Beth Nisker, más conocida como Peaches, lo celebra con un disco de remezclas y una gira que ahora recae en la Joy Eslava de Madrid. El pasado año recuperó su lado más combativo y salvaje con «Rub», un álbum en el que volvía a plantar cara al patriarcado a base de tacos, provocación inteligente, y canciones capaces de reventar cualquier pista de baile. La canadiense tiene cuerda para rato.

–En su último disco, recupera la furia tanto en la forma como en el contenido. ¿Ha sido un regreso consciente a sus orígenes?

–Sí, es un retorno pero con un sonido mejor al de mis inicios.

–Hay un tema incluido en Rub, «I Mean Something», que es una declaración de principios sobre seguir alzando la voz.

–Es una canción de aceptación sobre lo que la gente quiere ser o sentir. Está escrita y dedicada a mi hermana, que padece una enfermedad, esclerosis múltiple. Está en una silla de ruedas, tiene una actitud superpositiva, es divertida y una persona fantástica. Pero a veces la gente te trata diferente al ver tu condición. Y la canción va de eso, sé y hazlo tú misma, no importa quién o cómo seas.

–La búsqueda de la igualdad entre las personas es uno de los leitmotivs de su carrera. ¿Hasta qué punto es importante para usted?

–Quiero que las personas se sientan confortables en su propio cuerpo. Y no quiero que otra gente les diga cómo deben sentirse por tener un determinado físico. O cómo deben utilizar ese cuerpo. O que les digan que físico se supone que deberían de tener.

–¿Por qué es difícil lograr la aceptación?

–Es una locura, pero hoy en día resulta aún más complicado. Somos muy progresistas pero a la vez estamos lejos de serlo de verdad. Es una contradicción enorme. Actualmente la gente entiende los conceptos de progreso y transgresión, pero convivimos también con lo reaccionario. Por ejemplo, el auge de la extrema derecha en diversos países europeos. O personajes como el de Donald Trump, un hombre estúpido y codicioso.

–Otra de las cosas que caracterizan sus discos es la mezcla que presentan entre baile y compromiso. ¿Es su fórmula favorita?

–Quiero que la gente baile, pero que también piense un poco. A veces me ha pasado que estoy bailando con una canción y no he entendido absolutamente nada de la letra: ¿no sería mejor que esa letra tuviera un significado para mí y que, además, lo pudiera compartir con otra gente que esté de acuerdo con esa idea que quiero transmitir? Eso es lo que intento hacer con mi música.

–El sentido del humor socarrón también es clave en sus canciones y directos. ¿En qué enriquece su música?

–Sirve para unir a la gente, a pesar de que el mensaje que lance sea potente. No quiero que el público esté enfadado, sino que se lo pase bien, que se sienta parte de mi música. El humor lo utilizo también para que la gente ría, ya que cuando la hacen, se dejan ir.

–Su figura es un modelo a seguir para todos aquellos que luchan por la igualdad de géneros. De hecho, ha abierto camino hacia la interseccionalidad, un movimiento que va más allá del feminismo. ¿Cuáles eran sus modelos cuándo era adolescente?

–Iggy Pop, o The Runaways, que eran chicas haciendo rock y eso me impresionaba. Y un montón de música punk. Recuerdo escuchar de pequeña a Talking Heads en la radio y pensar ¿qué diablos es esto?, ¡me encanta! Como era raro ver a mujeres en la televisión haciendo cosas, cada vez que veía una alucinaba: ¡mira, una chica cantando! Y siempre he sido muy fan de Cyndi Lauper. Me parecía más dura que Madonna. Nina Hagen fue otro de mis modelos.

– Dónde: Sala Joy Eslava. Calle del Arenal, 5. Madrid.

– Cuándo: hoy, 20:00 horas.

– Cuánto: 28 euros.


Fuente: La Razón

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