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“Os tenemos que matar por ser guardias civiles”

«Os tenemos que matar por ser guardias civiles, cabrones, txakurras (perros)». Esta frase fue una de las proferidas por los agresores de un teniente, un sargento y sus parejas sentimentales, el pasado 15 de octubre en el interior y a la salida del bar «Koxka» de Alsasua. Por esos hechos han sido procesados y permanecen en prisión los agresores que pudieron ser reconocidos indubitadamente.

Según los datos que ha obtenido LA RAZÓN, y que obran en poder de la Audiencia Nacional, a los dos miembros de la Benemérita y a sus parejas sentimentales se les hizo, tanto en el interior del establecimiento como en el exterior, lo que comúnmente se denomina «pasillo de la muerte». Consiste en que se abre una supuesta senda de salida para las personas que quieren abandonar un lugar, pero que son agredidas con puñetazos y patadas por grupos organizados. En el caso de Alsasua, unos 20 o 25 en el interior del bar y, una cifra similar, en el exterior. «Esto os pasa por venir aquí, hijos de puta pikoletos, os tenemos que matar por ser guardias civiles, cabrones txakurras», gritaban los integrantes de dichos «pasillos», mientras se empleaban con toda la violencia posible.

Los hechos ocurridos en Alsasua están publicados, ya que han sido judicializados con el resultado antes citado, pero, conforme pasan los días, se conocen otros detalles que corroboran la gravedad de lo acaecido.

Artes marciales

Uno de los primeros individuos que reconoció a los agentes y sus acompañantes fue Ohian Arnanz Ciordia, experto en artes marciales, en concreto en la disciplina denominada «Yoseikan Budo», que se movía con gran agilidad dada su complexión física.

Es el que le preguntó al teniente, cuando se dirigió a los servicios, si era un «madero» (término despectivo para referirse a los miembros de las Fuerzas de Seguridad), a lo que el oficial le contestó afirmativamente, al tiempo que le informó de que estaba disfrutando de su tiempo libre. «Menos tiempo libre», le replicó Arnanz Ciordia.

Los guardias y sus parejas se encontraban, tal y como se detalla en el dibujo (hecho por el sargento) que se reproduce en esta misma página, en una zona del bar en la que no dominaban la salida, cerca de las máquinas recreativas. Fue allí, al comienzo de los incidentes, donde recibieron el impacto de un vaso de los que se utilizan para servir chupitos. Por parte de los agentes, no hubo respuesta a la agresión, a la que prefirieron no dar mayor importancia.

Fue una hora después cuando entró en el local Jokin Unamuno, organizador de actos en Alsasua en los que se ataca a la Guardia Civil, acompañado de varios individuos, que se dirigió directamente al sargento en actitud desafiante.

Al observar el teniente lo que ocurría –el suboficial lleva muy poco tiempo en el puesto de Alsasua–, se acercó y pidió a Unamuno que les dejara en paz, que estaban en su tiempo libre.

Fue en este momento cuando Jokin Unamuno, conocido de sobra en toda Alsasua, preguntó al teniente cómo sabía su nombre y que su abuelo había sido guardia civil, cosa que, al parecer, le sacaba de quicio.

Llamadas previas

En el análisis que los investigadores hicieron del teléfono de este individuo se pudo observar que había realizado varias llamadas a otro de los identificados como participantes en la agresión, Adur Ramírez de Alda, en los momentos previos a que se iniciaran los incidentes. El contenido de la llamada se desconoce, pero por lo que ocurrió después se puede sospechar sobre lo que hablaron.

La frase

Mientras Unamuno se enfrentaba verbalmente con los miembros de la Guardia Civil, Arnanz Ciordia llegó corriendo desde el otro lado del bar, momento en el que se escuchó la citada frase sobre matar a los miembros del Instituto Armado.

La novia del teniente, María José, intentó mediar y le pidió a una de las acompañantes de Unamuno que se fueran de allí, a lo que le contestó que los que no tenía derecho a estar allí eran ellos y que lo que les estaba pasando (y les iba a pasar) es «por haber venido aquí». En esos momentos, el tal Arnanz le dijo a la novia del teniente que a ellas no les iban a pegar pero que a los guardias civiles sí.

El teniente recuerda que las primeras agresiones las recibió por la espalda mientras tres o cuatro individuos zarandeaban a su novia. Ninguno de los dos conseguía avanzar para ganar la puerta porque estaban rodeados por unas siete u ocho personas que les agredían en todo momento.

Patadas y puñetazos

Recibían, al igual que el sargento y su pareja, empujones, patadas y puñetazos. Además, justo antes de la salida, en un estrechamiento, se formó un pasillo en el que, entre 20-25 personas, les daban todo tipo de golpes conforme lo cruzaban. Entre los agresores se encontraba un individuo de más de treinta años, de mediana altura, complexión fuerte con el pelo rapado, que pegaba puñetazos con mucha fuerza en la espalda del teniente.

Ya en el exterior del bar, nadie acudió a auxiliar a los guardias civiles; algunos grababan la escena con sus móviles (ninguna de las grabaciones ha sido entregada a las Fuerzas de Seguridad) en medio de grandes carcajadas.

Entre los «espectadores», fumando tranquilamente en la puerta de un bar próximo, estaba el presunto iniciador de los incidentes, Jokin Unamuno.

En los informes que obran en poder de la Audiencia Nacional se señala a Jon Ander Cob como el individuo que propinaba puñetazos, especialmente en la cabeza, a los dos guardias civiles en la puerta antes de que los separaran y que posteriormente se quedó agrediendo al teniente.

Durante estos hechos, algunas personas gritaban: «Al sargento torturador hay que detenerlo» (pese a los pocos días que llevaba en Alsasua), lo que enardecía aún más a los agresores del suboficial.

Trato correcto

Los trabajadores del bar «Koxka» declararon que los guardias civiles y sus parejas tomaron dos consumiciones, que no iban ebrios y que el trato hacia ellos fue en todo momento correcto. Desde el mundo proetarra se dijo que los guardias iban borrachos.

Añadieron que el teniente es un cliente habitual del bar mientras que los que atacaron a los guardias civiles suelen reunirse en un establecimiento de la izquierda abertzale.



Fuente: La Razón

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