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Pedalea contra el cambio climático

El pasado viernes culminó la vigésimo segunda Cumbre del Clima que se celebraba en Marrakech. Y a la espera de que los países lleven a cabo las diferentes medidas a las que se han comprometido, la realidad es que las esperanzas de evitar que el aumento de la temperatura sobrepase los 2 ºC para finales de siglo pasa por hacer cambios en las ciudades, que es donde se generan el 75 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero. El sector del transporte resulta clave. Hace unas semanas la comisaria de Transportes de la Unión Europea, Violeta Bulc, afirmaba que su «objetivo es lograr un sistema de transportes de elevada calidad, descarbonizado, plenamente integrado y eficiente». Todo un reto, máxime en España, donde según el «Cuadro de indicadores de transporte de 2016», el uso de renovables en este sector es el segundo más bajo de la Unión Europea, 0,5 por ciento en 2014 frente al 5,9 por ciento de media de la UE. Es decir, España se sitúa sólo por delante de Estonia y muy, muy alejado de Finlandia, con el 21,6 por ciento, o de países como Francia, con el 7,8 por ciento. La situación se repite en el número de pasajeros por vehículos movidos por combustibles alternativos. En este área estamos en la séptima peor posición: un 0,45 por ciento frente al 2,90 por ciento de media de la Unión Europea. Esto explica la escasa presencia de puntos de recarga, área en la que España es el octavo país por la cola. Pero, ¿qué medidas se están llevando acabo en ciudades y países de nuestro entorno?

Quizá uno de los casos más llamativos es Copenhague. Este mes se ha conocido que por primera vez desde 1970, hay más bicicletas que coches, según informó la prensa del país. En concreto, en el último año se incorporaron 35.080 unidades más, por lo que alcanzaron las 265.700 bicicletas, frente a los 252.600 automóviles. En concreto, el 56 por ciento de los ciudadanos que vive en Copenhague se mueve a diario en bicicleta, 20 por ciento en transporte público, 14 por ciento en coche y un 10 por ciento a pie. A favor, que la ciudad sea tan llana, en contra el mal tiempo. Pero lo que realmente ha echado a los ciudadanos a la calle sobre dos ruedas es su fomento, mediante infraestructuras, facilidades y darles prioridad. Todo un plan de infraestructuras que ha requerido 134 millones de euros de inversión durante 10 años.

La siguiente capital europea en darse esa situación podría ser en unos años Londres, gracias en gran medida a la tasa de congestión. Según un estudio de Transport for London, «Travel in London report 8» entre el año 2000 y 2014 el número de personas que hicieron sus desplazamientos diarios en coche en hora en el centro de la ciudad pasó de 137.000 a 65.000. Es decir, una reducción del 52,55 por ciento. En cambio, el de ciclistas aumentó considerablemente hasta alcanzar los 36.000, frente a los 12.000 del año 2000 (un incremento del 200{fe2702e425ec7488a194966976621fc3ee0e72237fe4d352f4f561176a6de497}).

Con el fin de promover la bicicleta en Francia, a partir del 1 de enero de 2017, entra en vigor la normativa por la cual todo edificio nuevo, ya sea de uso industrial, terciario (también los cines, tal y como se especifica en el artículo L111-5-2), conjunto de hogares o de servicio público tendrán que contar con la infraestructura necesaria para el aparcamiento seguro de las bicicletas.

Más allá han ido los mandatarios de Colombia, donde por cada 30 veces que los funcionarios públicos vayan a su lugar de trabajo en bicicleta, tendrán medio día libre y remunerado. Además, la normativa estipula que en no menos de dos años, los organismos públicos deberán habilitar estacionamiento adecuados, seguros y que respondan a la demanda de bicicletas.

En Oslo, con el objetivo de reducir la contaminación y fomentar el transporte público y la bicicleta, ningún automóvil privado (excepto los vehículos que transporten a personas con movilidad reducida) podrá acceder al centro de la capital noruega en 2019.

Una medida contundente que se notificó después de que otras ciudades europeas anunciaran restricciones a los vehículos contaminantes. Pero no todo son restricciones. En Holanda, Bélgica, Dinamarca, Alemania, Reino Unido, Irlanda y Francia fomentan económicamente los desplazamientos sostenibles a los empleados. ¿Qué se hace en España?

Por el momento, poco, o nada en este sentido, a excepción de honrosas medidas puestas en marcha por empresas, que van desde pagar el abono de bicicletas públicas a los empleados (Asesoría de Barcelona Infraestructuras y Movilidad), o retribuir económicamente a los empleados que iban en bicicleta al trabajo (la pionera fue Gráficas Huesca en 2009, aunque años después reconocieron a este periódico que estaba teniendo muy poca acogida). Y eso que años atrás desde la Comisión Europea se informó de que los problemas de congestión provoca 100.000 millones de euros de pérdidas a las economías de la UE. En cualquier caso, el fomento de la bicicleta debería empezar en España porque se considere imprescindible, y si es posible por ley, que todas las compañías dispongan de «bicicleteros» para sus empleados.

Por dar un dato ejemplificante, el sector de la bicicleta en España creció en 2015 respecto al año anterior en un 8,62 por ciento en facturación, según el estudio publicado este año por la Asociación de Marcas y Bicicletas de España (AMBE). No obstante, esto se debe más al incremento del precio que a las ventas, que experimentaron un crecimiento del 1,40 por ciento.



Fuente: La Razón

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