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Penélope Cruz: “Si pudiera, rebobinaría y me quedaría un rato más en los 90”

«Ser estrella es un coñazo», dice Macarena Granada, el personaje principal de «La reina de España». La nueva cinta de Fernando Trueba, continuación de la exitosa «La niña de tus ojos» (1998), ganadora de 7 premios Goya, es absolutamente metaficcional: actores rodando una cinta sobre actores que filman una película sobre la reina Isabel la Católica. Un juego de espejos (y un canto de amor al cine) en el que Penélope Cruz, protagonista, no quiere que la gente la vea a ella totalmente reflejada en esa estrella local que emigra a Hollywood durante la Guerra Civil y regresa a España en los 50 convertida en una diva internacional. Penélope, repite una y otra vez, nunca se ha ido y nunca, dice, se ha considerado una estrella: «La vida de mi personaje en la película ha sido bastante distinta a la mía. Yo tuve la suerte de irme a Estados Unidos con billete de ida y vuelta, y eso me da más seguridad. No sabía si aquélla sería mi primera y última película allí, pero siempre sabía cuál era la fecha de vuelta a mi país. Y sigo compaginando mi trabajo aquí y allí. Eso es una gran suerte y es distinto al personaje de Macarena Granada: ella se va y firma un contrato con un estudio, que en esa época pasaba a dirigir tu vida; no se movía de allí ni visitaba España, por eso cuando vuelve se encuentra con realidad muy cambiada. Y, además, ser estrella era distinto entonces. Para mí el concepto de estrella no entraba en mi vocabulario, y sigue sin entrar. No es algo real».

– «¿Un consejo? Cuídate»

Siempre tuvo los pies en la tierra. Una niña de Alcobendas que pronto, ni siquiera mayor de edad, se vio alternando con la gente (y la gentuza) del cine. «Me recuerdo con 16 años diciéndole a Almodóvar en el bar de La Bobia que lo que en realidad me gustaba era dirigir, y él me decía: “Pues hazlo ya, no lo pienses”. Os preguntaréis qué hacía yo en La Bobia (un mítico local de La Movida) tan jovencita, pero en realidad me cuidaba mucho. Nunca fui de salir hasta las mil y ponerme hasta arriba de nada. No me gusta beber y odio las drogas. Aunque no soy de dar consejos, cuando las chicas de 15 y 16 años me piden uno, yo sólo les digo: cuídate. Yo empecé muy niña, pero mi familia supo darme la información que necesitaba para luego tomar decisiones».

Tras «Jamón, jamón» y «Belle époque» (1992), su carrera quedó lanzada desde el inicio. Vinieron Almodóvar, Amenábar, de nuevo Trueba… Y luego Hollywood y la fama internacional. Todo ha pasado muy rápido, confiesa. De repente, a sus solo 42 años (casada con Javier Bardem y con dos hijos de cinco y tres años), asegura que «empiezo a entender a mi abuela». Habla de las redes sociales y el mundo líquido de los «millenials» con nostalgia de sus inicios, cuando «aún se escribían cartas a mano»: «Si pudiera, daría al botón de rebobinar y me quedaría un rato más en los 90. Ahora todo va a un ritmo tan bestial… Ya ni nos tomamos la molestia de terminar las frases cuando estamos escribiendo, pero un chaval de 12 años entiende ese lenguaje. A mí todo eso me da vértigo y pena. Con la velocidad a la que va la información, hay cosa importantes que se pierden por el camino y parece que todo tuviera el mismo valor. Hace siete años este discurso no lo hubiera soltado, pero ahora son cosas que me importan», comenta.

«La Reina de España», que se estrena esta semana casi 20 años después de «La niña de sus ojos» tiene mucho de «remember». El plantel actoral de entonces (más algún añadido de peso) se reencuentra. «Ha sido muy bonito vernos. Fernando ya me había comentado de vez en cuando que tenía la idea de juntarnos de nuevo y, de repente, hace un par de años nos reunió a todos en su casa y nos dio el guión. Nos dimos cuenta de que había pasado el tiempo, pero que seguíamos teniendo la misma energía. Además, yo a casi todos los había ido viendo estos años, así que no fue un reencuentro tan grande como el Macarena en la película».

Eso sí, veinte años después, resulta inevitable comparar, recrear, añorar: «En lugar de mejorar, la situación del cine desde entonces ha ido a peor realmente. El nivel de talento es muy alto pero hay pocas oportunidades para la gente joven. Más que con ayudas, el cine se ha encontrado con muchas trabas, incluso en ocasiones diría zancadillas. Es una profesion de la que viven muchas personas y es como cortarle las alas a algo que da trabajo a miles de familias».

Ella, evidentemente, no se encuentra entre los damnificados. Su carrera es imparable, aunque la maternidad le ha dado otra perspectiva: «Aspiro a seguir cuidando lo que tengo. Mi prioridad es mi familia y al mismo tiempo seguir con este trabajo que me llena, aprendiendo, creciendo en el día a día. Me veo con 80 años diciendo lo mismo».

De aquí a seis u ocho años, no será raro verla tras las cámaras. La niña que confesaba sus sueños juveniles a Almodóvar, comienza a sentir la llamada de la claqueta: «Es verdad que el tema de la dirección me llama muchísimo la atención, me atrae. Es algo que está ahí y en unos años es posible que le dedique más tiempo que a la interpretación. Hoy en día no me veo preparada, porque además necesitaré bloquear varios años de mi carrera de actriz para dedicarme a eso en condiciones».

El nuevo año trae dos proyectos de enjundia profesional pero también personal para Penélope Cruz. El primero de ellos es el rodaje de «Escobar», la cinta de Fernando León de Aranoa que pretende retratar a este escurridizo criminal colombiano. Ella interpreta a una periodista que hurga en el oscuro mundo de los cárteles de la droga. «Es un personaje complejo, lleno de matices y, por tanto, difícil», señala. Pero el gran reto es interiorizar completamente el acento colombiano: «Llevo bastantes meses preparándomelo en español para luego pasarlo al inglés». La cinta, efectivamente, se rodará en dicho idioma. Y en el reparto, Penélope trabajará mano con mano con su esposo, Javier Bardem. Con él levantará también un proyecto que está llamado a causar sensación. Ambos son los protagonistas elegidos para la futura cinta rodada en España (aún sin título) del iraní Asghar Farhadi. Pedro Almodóvar se enamoró de su cine tras la aclamada «Una separación» y decidió producir al iraní. Cruz comparte esa admiración: «Es una maravilla de director y ‘‘Una separación’’ es una de las mejores películas que he visto en mi vida». Este drama de pareja sigue en fase de guión pero ni Cruz ni Bardem piensan bajarse de un proyecto que, dice Penélope, «es todo un regalo para un actor».


Fuente: La Razón

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