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Petróleo: su componente neuropsicológico

Si hay una materia prima cuyo precio es imprevisible es el petróleo. Se hacen muchas elucubraciones cuando se aproxima una reunión la OPEP sobre la decisión que va a adoptar así como su seguimiento por países con problemas, como Venezuela, Irak o Libia. También sobre la coordinación de esas decisiones con Rusia, el otro gran productor, aparte de México. Una especie de rompecabezas que mantiene a las Bolsas en vilo, a los inversionistas, etc.

Mi vida profesional me ha llevado a ser el único español que ha trabajado como advisor, más de cuatro años (1999-2003), en una institución de la OPEP: el Fondo de la OPEP para el Desarrollo Internacional. Me buscaron para diseñar y desarrollar las facilidades financieras para el sector privado cuando trabajaba en Londres como senior banker en el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (BERD). Con sede en el Palais Deutschmeister (sede de las SS de 1938-1945), en lo mejor del Ring (la antigua muralla de la Viena medieval), el Fondo, dados sus accionistas, es por decir algo, una entidad sui géneris. Un día vino el presidente venezolano Chaves. Al saludarme, se sorprendió de que un español trabajara allí. Tenía razón. España no es miembro de la OPEP y mi trabajo allí era algo excepcional.

Dirigí inversiones en instituciones financieras de desarrollo del sector privado en diversos países y continentes, presentándolas al comité ejecutivo y al consejo, presidido por un saudí. El director general era nigeriano. Teníamos relación estrecha con la OPEP, oportunidad para conocer su idiosincrasia y su conocimiento –o desconocimiento– de la realidad económica internacional.

Las discusiones del comité ejecutivo y del consejo eran un espectáculo. Por clara que técnicamente estuviera la propuesta, nunca se sabía el resultado final de la decisión. Los criterios de los países del Golfo pasaban en un rato de ser similares a antagónicos. Siempre impredecibles y nunca coordinados entre ellos y menos con Venezuela, el raro extranjero.

Cuando había una reunión clave de la OPEP, ejecutivos del Fondo tomábamos café con los de la OPEP en el cercano hotel Marriott, que era como nuestra sala de estar. Allí se obtenía insider information. El ser español era un activo y apreciaban mi trabajo. Por eso no me extraña lo que leemos sobre las reuniones de la OPEP y las incertidumbres que le rodean. En el fondo, me hacen sonreír. En unos días hay una y el papel de cada país en el recorte de producción de forma conjunta –decidido el 28 de septiembre– sigue en el aire.

Varios países pueden no adherirse al acuerdo, produciendo a los niveles actuales o más, mientras que los que lo sellen tendrán que reducir su parte. Irán, que bombea 3,7 millones de barriles por día, quiere producir 4 millones, la cuota antes de las sanciones internacionales de 2012. Irak, el segundo mayor exportador, en guerra contra el ISIS, necesita bombear 4,5 millones barriles por día. Libia la ha elevado a 500.000 (350.000 en verano), tras conquistar las tropas afines al Parlamento de Tobruk los puertos petroleros. Quiere recuperar el nivel de 2013, un millón de barriles por día.

La escasa confianza en el acuerdo de septiembre en Argelia y el exceso de producción (septiembre: 33,4 millones barriles por día; octubre: 33,64 millones –máximo histórico–, cuando el límite era 32,5 millones) ha hecho caer el precio. Tras superar los 54 dólares tras el acuerdo, está ahora alrededor de 47 dólares, pues el cártel, en su informe de octubre, dice que habrá incluso un mayor superávit en 2017. Espera una demanda de 32,7 millones de barriles por día, un superávit de 950.000 barriles si no modifica sus niveles de producción. El calculado en septiembre era 800.000.

El recorte anunciado solo se lograría si los países del golfo Pérsico (Kuwait, Catar, Arabia Saudí y Emiratos Árabes) se lo reparten amigablemente, porque producen 17 millones de barriles diarios con una situación financiera mejor comparada con los de Suramérica (Venezuela y Ecuador) y África (Angola, Argelia, Gabón y Nigeria), quedando solo Indonesia. Arabia Saudí recortaría 1,2 millones de barriles diarios; Emiratos Árabes y Kuwait, 300.000, y Catar, 80.000. Ya veremos al final en qué queda.

Hay una batalla entre los países de la OPEP por su cuota de mercado y conjuntamente se defienden vía precio del aumento de producción de Rusia, Brasil o EE UU. ¿Le puede extrañar al lector el comportamiento de los países de la OPEP sobre sus acuerdos? Pienso que tras mis explicaciones del principio, no.

Si ante proyectos de inversión en países tan distintos como Bosnia-Herzegovina, Uzbekistán, Kazajistán, República Dominicana, Jamaica, Bolivia, Paraguay, Honduras, Perú y Mozambique presentados al consejo, que les afectaban muy tangencialmente, las reacciones eran tan diversas, variables, incluso contrarias según los días, ¿cómo puede extrañar que reaccionen de modo imprevisible –o muy previsible al no cumplir su palabra–, cuando se trata de la producción del casi único activo vital de su economía?

¿Y qué decir de Rusia, el otro gran jugador en esta partida global? El mayor productor de crudo del mundo –tal vez por poco tiempo, según sean las reservas finales de Kazajistán–, con más de 4 millones de barriles diarios, no miembro de la OPEP, su colaboración es clave para estabilizar el precio. Su respuesta ha sido muy confusa. Por un lado, Vladimir Putin, aseguró estar dispuesto a congelar y/o recortar la producción coordinado con la OPEP. Por otro, Igor Sechin, el presidente de Rosneft, la petrolera estatal, dice que no tienen por qué sumarse al acuerdo. Justo lo contrario. Son buenos amigos. Muy ruso. ¿Me ha extrañado? No.

En los siete años en el BERD (1993-1999), uno de los países donde más trabajé para arreglar el sistema financiero fue Rusia. Mis frecuentes viajes –en alguno me jugué la vida– me hicieron conocer a fondo ese gran país, no solo por extensión, con una gran historia, sino también por la personalidad de su pueblo. Estamos acostumbrados a ver solo a los rusos de la Rusia europea desde nuestras fronteras hasta los Urales. Pero hay mucho más. Y todos ellos con un gran amor a su nación, su madre Rusia, que es siempre lo primero. Apasionados, amantes del riesgo, muy amigos de sus amigos. Por eso les gusta tanto España. Y por eso, harán con la producción del petróleo lo que sea más beneficioso para Rusia sin importarles nada lo que la OPEP, EE UU o quien sea, diga, amenace o haga. ¿No acaban de abandonar el Tribunal Penal Internacional debido a su actuación en el conflicto ruso-georgiano? Ellos son tremendamente consistentes.

¿Que va a pasar en Viena el próximo día 30? No lo sé. ¿Le sorprenderá al lector la decisión y su seguimiento o no por los diversos miembros de la OPEP? Espero que tras leer este artículo, no.

Joaquín Abós es senior advisor de Stone Mountain Capital.

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