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Por qué chupar sapos hace que tengas alucinaciones (y después puede matarte)

El primer problema a la hora de chupar un sapo es que no todos los sapos te harán alucinar. El culpable más famoso (uno que ha intoxicado malamente a más de un pobre perro) es el sapo de la caña o sapo marino (Rhinella marina). Él y los demás miembros de la familia bufonidae son los que segregan una sustancia llamada bufotonina que, inhalada, inyectada o ingerida, hace al ser humano sufrir alucinaciones.

Un sapo de la caña. Foto: Wikimedia Commons

A nivel químico, la bufotonina se llama N-dimetil-5-hidroxitriptamina. El agente entra en el organismo y se enlaza a los receptores de serotonina, liberando una gran cantidad de este neurotransmisor. Las personas que han experimentado con la N-dimetil-5-hidroxitriptamina reportan un fuerte efecto psicoactivo con potentes alucinaciones visuales. Hay que puntualizar que estas personas, generalmente investigadores, usan versiones de la sustancia purificadas en laboratorio. No lamen el lomo de un animal que acostumbra a nadar entre agua estancada y excrementos de peces.

Por otra parte, el sapo no tiene ningún interés en que lo chupen. La sustancia que suda es un mecanismo de defensa que contiene otras sustancias no tan recomendables. Una de esas sustancias es un potente esteroide cardiotóxico relacionado con la la digitalina, un glucósido que se extrae de la flor digitalis.

La digitalina se usa para tratar a personas con arritmia, y se usa cuidadosamente calibrada porque no hay mucha diferencia entre la dosis que ayuda a un paciente y la dosis que puede matarlo. Los sapos, lamentablemente, no saben mucho de farmacología, y liberan en su sudor una dosis masiva que llena de adrenalina el torrente sanguíneo del animal que entra en contacto con la sustancia. Entre los síntomas que puede causar la sustancia están fibrilación, arritmia, ataques al corazón y la muerte.

Por si no te ha parecido suficiente, los sapos también secretan otras sustancias que debilitan los músculos y causan nausea y vómitos severos. El efecto final, en definitiva, de chupar un sapo es sufrir unas extraordinarias alucinaciones, pero acompañadas de palpitaciones y unos músculos demasiado débiles para llevarte al baño a vomitar. No hablemos ya de acercarte al hospital. Di no a chupar sapos. [vía Myth-Busting Cane Toads in Australia, Toad-Skin Secretions, Toad Envenoming in Dogs, Tripping Over Psychoactive Toads]



Fuente: Gizmodo

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