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¿Por qué tiran mal los tiros libres los jugadores altos?

No existe una relación entre la altura del tirador y el porcentaje de tiros libres ni tampoco entre el tamaño de la mano y el porcentaje pero se repiten ciertos patrones. Medir más de 6’9″ en la NBA suele ser sinónimo de tener problemas con los tiros libres y es que los jugadores por encima de esa altura promedian un 72% de acierto. Yendo más allá, el 75% de los peores tiradores de libres de la historia medían por encima de 6’9″ o lo que es lo mismo, 2,05 metros. Las excepciones están claras: Pau Gasol promedia un 75% en tiros libres (incluyendo un career-low del 60% este año). Su hermano Marc un 76% habiendo tenido temporadas de un 84 y Porzingis suma dos años en la liga con un 82% de acierto desde la línea. 

El tamaño de la mano tampoco influye. Evidentemente Shaquille O’Neal (52,7% en su carrera), Wilt Chamberlain (51,1) o Bill Russell (56,1) -por citar a algunos- tenían las manos grandes pero hay otros como Kawhi Leonard que tiene la mano del mismo tamaño que la de Shaq y anota un 32% más que él, un 84 en lo que lleva de carrera. También Kevin Durant vale como excepción con un acierto por encima del 85% en su carrera y un 6’9″ de talla (reconocida). “Trabaja en tus putos tiros libres” fue la receta del hoy jugador de los Warriors cuando en la ESPN le preguntaron por el.

Y es que el tema del hack (antes a Shaquille, después a Howard y ahora a casi cualquier center) es un tema peliagudo en la NBA. Adam Silver aboga por prolongar el tiempo de dos minutos del último cuarto a todos los demás lo que protegería a los DeAndre, Howard, Drummond o Bogut durante ocho minutos en lugar de solo dos. El comisionado de la NBA también ha sido partidario de que esa protección se lleve a los 48 minutos de partido, algo que parece lejano a día de hoy. 

Otra voz autorizada preguntada por el tema, Reggie Miller, abogó por la doctrina Durant: “Es una falta de respeto. Para ti, pero también para mí que he metido muchas horas en el gimnasio trabajando en ello, haz lo mismo”. 

Psicología

Hace años que Dwight Howard es uno de los peores tiradores de libres de la NBA y no es porque no lo haya entrenado. Fuentes de Los Angeles Lakers filtraron sesiones de entrenamiento maratonianas en las que Howard -que fue comparado con Shaquille nada más aterrizar en LA- llegaría a anotar 465 tiros libres en 500 intentos. Ese año, en partidos, se quedó en un 49,2% siendo un lastre para el ataque de los Lakers.

Howard ha declarado en más de una ocasión que cuanto más entrena los tiros libres más falla a la hora de la verdad y es que el mal 67% de acierto en su año rookie es el mejor de su carrera. Y el único en el que acertó por encima del 60. 

También dijo haber contratado un psicólogo para los tiros libres e incluso que canta Beyoncé cuando se enfrenta a uno: “Cuando le conocí se lo dije y creo que le hizo gracia” comentó el pívot de Atlanta. Se lamentó de haber escuchado a niños en diferentes campus decirle que “mi padre dice que das asco tirando tiros libres. Otros tienen defectos pero se magnifican tanto como los tiros libres”. 

“Cuando llego al pabellón, pienso que los voy a meter pero empiezo a tirar y escucho a la gente decir que voy a fallar. Y fallo”, dijo el ahora pívot de los Atlanta Hawks. 

 

Algo parecido ocurre con DeAndre Jordan. El pívot de los Clippers es uno de los mejores grandes de la NBA del momento pero no consigue tener unos números aceptables desde la línea. Anota en los entrenamiento, anota en los calentamientos, pero no en los partidos.

“No pienses en el air ball y todo irá bien” le aconseja uno de los mejores tiradores de su equipo, JJ Redick pero DeAndre va más allá y tiene fobia, una fobia común en los centers según ellos mismos han comentado. Y la fobia no es otra que lanzar, no tocar ni aro y ser uno de los titulares de la sección Shaqtin’ a Fool que Shaq tiene en la TNT. Sí, los centers tienen miedo de que uno de los peores tiradores de libres de las últimas décadas se ría de ellos. Curioso.

A cuchara

Los malos números de Andre Drummond reabrieron un debate que parecía olvidado: ¿Deberían los center tirar a cuchara?

No hay verdad absoluta al respecto pero Wilt Chamberlain tuvo los mejores números de su carrera haciéndolo así. La noche de los 100 puntos, Chamberlain acabó con 28 de 32 en tiros libres…a cuchara. Después cambiaría su mecánica para volver a tirar por encima de la manera común y sus números bajaron: “Me sentía tonto -tirando a cuchara”. 

Rick Barry es miembro del Hall Of Fame de la NBA desde 1987 y al poner su nombre en Google la primera sugerencia es “Rick Barry Free Throws”. Sí, los tiraba a cuchara. Y los metía.

Preocupado por los libres de su pívot, Rick Pitino estudió la forma de tirar de Barry para llevarla a un jugador suyo en Louisiville que mejoró de un 46 a un 58% en acierto. Pitino comenzó probando él y cuando llegó a tener un acierto del ochenta por ciento comenzó a enseñárselo a su pupilo. Ese pupilo es Chinanu Onuaku, center de los Houston Rockets que fue drafteado este año pero que aún no ha debutado en la NBA.

“No me importa lo que diga la gente. Si el balón va dentro es lo que importa” dijo Onuaku sobre su peculiar forma de tirar tiros libres. 

Uno de los más grandes de la historia -Shaq- tuvo una oferta de Barry sobre la mesa pero se negó a tirar a cuchara. Años después y tirando de ironía, O’Neal explicaría sus números desde la línea:  Que yo promedie un 40% de acierto desde el tiro libre es una forma que tiene Dios de decir que nadie es perfecto. Si promediara el 90% no estaría bien

Altura, fuerza, arco…y ambiente

También existe una razón técnica. Por razones evidentes, los jugadores pequeños y los grandes tiran con diferentes arcos. Los pequeños deben bombear más el lanzamiento por la diferencia de altura. Esa diferencia de altura afecta al tiro pero también influye la fuerza del tiro, la velocidad a la que el esférico se acerca al aro o la velocidad del gesto de muñeca a la hora de soltar el balón.

Michael Beuoy de Inpredictable.com analizó con estos guarismos tiros de Kyrie Irving y Dirk Nowitzki, un alto con buena mano. El tiro de Dirk sale de una altura de casi 2,5 metros mientras el de Kyrie sale de una altura de 2,20 metros. El del alemán hace más arco y llega a estar a cuatro metros de altura y se acerca a una velocidad superior que el de Irving. En caso de ir limpio, el arco y la fuerza no importan pero si el balón toca el aro -como muchas veces ocurre- sí. 

En este supuesto los tiros que van con menos arco -los de los bajos- entrarán de rebote en mayor porcentaje que los de los jugadores altos que suelen tener un gesto más forzado de muñeca y le suelen imprimir una mayor velocidad al balón. 

La presión ambiental también juega un factor importante. Y no como se pensaría. Un estudio de Justin Rao y Matt Goldman en el MIT Sloan Conference confirma que el silencio en los tiros libres decisivos del equipo local tiene un efecto más negativo que pitar a los visitantes en la misma situación.

En definitiva, es un tema más mental y psicológico que de entrenar, que también. 



Fuente: AS

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