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Predicciones para un mundo agitado

El mundo se enfrenta agitado a 2017. Después del brexit o la victoria de Donald Trump en EE UU, Gobiernos, empresas e inversores se enfrentan a un terreno incierto y desconocido. Los flujos cada vez más libres de comercio y capital que se extendieron por todo el planeta durante el último cuarto de siglo están en entredicho. Dos de las democracias más antiguas del mundo, Reino Unido y EE UU, se han visto conmocionadas por insurrecciones en las urnas. La fe en los líderes políticos, empresariales y financieros establecidos está en un nadir. Ni siquiera la disponibilidad de la información fiable de la que dependen las sociedades libres puede darse ya por sentada.

Predecir el año que viene es un orden de magnitud más difícil que hace doce meses. Entonces la idea de un Trump presidente parecía improbable, pero no inimaginable. De hecho, anticipamos que una lenta recuperación económica dañaría las posibilidades de Hillary Clinton, aunque estábamos menos seguros de quién sería su oponente.

Igualmente, existía una clara posibilidad de un no en el referéndum de Gran Bretaña sobre la pertenencia a la UE. Por eso incluimos en nuestras predicciones un memorándum ficticio de un ejecutivo bancario preparándose para trasladar personal fuera de la City de Londres. También acertamos con nuestro pronóstico de que Argentina alcanzaría un acuerdo con los tenedores de bonos, y con que se limitaría el papel de los bancos centrales occidentales después de explotar al máximo la política monetaria.

Ese mismo ejercicio de predicción implica ahora considerar acontecimientos antes impensables. ¿Cuáles son las probabilidades de que Trump mantenga un pulso militar con China? ¿Y si el país asiático responde agresivamente devaluando su moneda? ¿Qué hay de la posibilidad de que Rusia anexione un estado báltico? ¿O de que un nuevo Gobierno italiano declare un default sobre la deuda del país y se salga de la zona euro?

Ninguno de estos escenarios parece probable, pero se caracterizan por lo que el exgobernador del Banco de Inglaterra Mervyn King llama “incertidumbre radical”: están más allá de las mediciones. Estos son precisamente los riesgos que cuesta procesar a los mercados financieros.Cuando se les presenta uno, la esperanza y el miedo –o la negación– tienden a tomar las riendas.

Eso se ve en la respuesta inicial a la elección de Trump. Los inversores han celebrado la perspectiva de reducciones de impuestos y de un mayor gasto en infraestructuras, pero pensamos que acabarán teniendo que descontar el impacto de la aparente indiferencia de Trump hacia la Constitución, o su voluntad de ejercer una diplomacia imprudente con Taiwán.

Creemos que los partidos centristas europeos se recuperarán en las elecciones en Francia y en otros lugares, pero solos si dejan de intentar convencer a todo el mundo. Merkel ganará las elecciones en Alemania, pero renunciará antes de que termine su mandato.

Seguirá el auge de las fusiones, si bien a un ritmo reducido, en parte alimentado por el efectivo repatriado por las empresas estadounidenses. Cada vez más, los grandes acuerdos serán víctimas de los organismos antimonopolio o de accionistas arrogantes.

Cerca del décimo aniversario del comienzo de la crisis financiera, el sector bancario sigue estando desordenado. La fragmentación de las regulaciones hará aún más difícil que los prestamistas transfronterizos obtengan rendimientos adecuados. Algunos bancos de inversión europeos podrían decidir que es el momento de fusionar sus filiales en Wall Street. Y los gestores de fondos sentirán el tipo de presión que los banqueros han experimentado durante años.

Hay resquicios de luz. A pesar del escepticismo de Trump sobre el calentamiento global, las fuerzas del mercado mantendrán encendida la energía renovable. Incluso el brexit tendrá un lado bueno, puesto que incitará a los bancos de inversión ansiosos de sacar personal de Londres a invertir en nuevas escuelas internacionales.

Algunos de nuestros pronósticos pueden resultar errados, como otras veces: Europa no abandonó el acuerdo de Schengen; la cúspide de Volkswagen se aferró a sus puestos; y HSBC decidió no trasladar su sede de Londres.

Pese a ello, esperamos que nuestras predicciones sean estimulantes y divertidas y ofrezcan alguna orientación en un mundo cada vez más incierto y agitado.

Fuente: Cinco días

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