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Puigdemont no quiere ser candidato si hay adelanto electoral

Se lo dijo a un grupo de amigos este verano, durante una cena en Cadaqués, la hermosa tierra gerundense de Salvador Dalí. El actual presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, no quiere ser el candidato de Convergència, rebautizada como el PedeCAT en unas nuevas elecciones autonómicas, salvo que se reeditara la coalición de Junts pel Sí, algo hoy imposible. Consciente de las malas encuestas y sabedor de la ilegalidad del referéndum, Puigdemont no desea quedar como el gran fracasado de su partido y, mucho menos, cuando su antecesor Artur Mas, está dispuesto a volver a la primera fila política. El escenario catalán ha dado un vuelco al reclamar el propio portavoz de los Comunes en el Congreso, el diputado Xavier Doménech, elecciones autonómicas ya. En la formación que lidera Ada Colau y en la mayoría de los partidos catalanes vaticinan la convocatoria de estos comicios autonómicos en el próximo mes de abril.

Según ha sabido este periódico, el objetivo de Carles Puigdemont es abanderar el «procés» hasta dónde pueda y, una vez comprobada la imposibilidad del referéndum, retirarse a un segundo plano. La antorcha convergente la recogería de nuevo Artur Mas, a punto de sentarse en el banquillo en el mes de febrero por el 9-N, lo que le daría un papel de víctima ante unas elecciones. Desde que abandonó la Generalitat no ha hecho otra cosa que maquinar su estrategia. El ex presidente Artur Mas está dispuesto a dar la batalla ante un sucesor que considera «frágil y endeble». Así lo aseguran fuentes de su entorno, en un momento en que el soberanismo va a la baja, según todas las encuestas. Sus planes insisten en ensayar la vía del PNV, es decir, convertirse en un Xabier Arzallus a la catalana, refundar una Convergéncia hoy bajo mínimos, plantear una candidatura con figuras independientes del catalanismo intelectual, y torpedear en toda regla a Carles Puigdemont.

Para ello cuenta con varios cargos locales convergentes que aún regentan importantes Ayuntamientos, diputados del grupo parlamentario en el Congreso como Frances Homs, ahora en el punto de mira del Tribunal Supremo, y la propia presidenta del Parlament, Carme Forcadell, también en vistas de ser juzgada por desobediencia al Tribunal Constitucional. «Mas no admite pasar a la papelera de la historia». Con esta rotunda frase se expresan algunos de sus leales, no solo de la antigua Convergéncia, sino también de otros ámbitos como Carme Forcadell y diversas organizaciones secesionistas. El ex presidente se ha convertido en uno de sus más fervientes defensores, como se vio en la última concentración de apoyo, en la que Mas se situó junto a Forcadell y lanzó un auténtico desafío al TC. Los planes de Mas son también observados con lupa por Oriol Junqueras, socio de gobierno y vicepresidente de La Generalitat. Fuentes de ERC admiten que el ex presidente se siente ninguneado por Puigdemont, a quien solicitó ser una especie de «Embajador volante del procés» ante el mundo, algo que el actual presidente le negó y encargó al conseller de Exteriores, Raül Romeva.

A día de hoy, fuentes de la Generalitat y Convergencia opinan que Puigdemont no será candidato en unas elecciones autonómicas, aunque tampoco descartan alguna sorpresa. Destacados empresarios que han visitado a ambos dirigentes se muestran perplejos: «Cataluña es hoy política ficción», aseguran. A ello se añade la gravedad de los antisistema de la CUP, pertinaces en sus continuos chantajes al Govern y que han convocado una Asamblea de sus bases el próximo día 28 para decidir si aprueban o tumban los Presupuestos. La historia se repite y los radicales que echaron a Mas pueden ahora hacer lo mismo con Puigdemont. El hartazgo en las filas del PdeCAT es patente y muchos sectores del partido presionan ya para que Puigdemont aclare públicamente su futuro. «No podemos deshojar la margarita todos los días», dicen estos dirigentes, que ven como la formación fundada por Jordi Pujol se debilita por momentos. La batalla interna y las tensiones sucesorias están servidas. En el entorno de Puigdemont existe mucho malestar por las presiones para que decida su liderazgo y recuerdan que su compromiso es el «procés y nada más que el procés». Por su parte, el «paso al lado» que dio Artur Mas parece llegar a su fin y muchos opinan que anunciará su candidatura. No obstante, si su horizonte judicial se complica, algunos vaticinan otros nombres como Neus Munté, Santi Vila o Jordi Turull. Tampoco descartan alguna figura independiente del catalanismo político.

Los llamados «arturistas», leales al ex presidente y muy críticos con su sucesor, piensan que Mas tiene asegurado su papel de víctima por el horizonte judicial que le atenaza. La Fiscalía ha solicitado diez años de inhabilitación por prevaricación, desobediencia y malversación de fondos públicos el 9-N ante el T SJC. El calendario previsto sitúa el juicio oral en los primeros días de febrero, lo que convierte a Mas en un auténtico candidato mártir del «procés». Fuentes de este sector afirman que tiene puesta la vista en el sillón de la Generalitat, que se resigna a haber perdido por el chantaje de la CUP, por lo que tras la refundación del nuevo PDCAT podría poner al frente de la presidencia del partido a alguien de su total confianza como Josep Rull, Neus Munté o Francesc Homs, y anunciar su candidatura a La Generalitat.

Mas quiere ser «el patriarca del partido», con directo control sobe el grupo parlamentario en el Congreso. En su círculo próximo lo tienen claro: control en la sombra de sus peones en el Govern de La Generalitat, en el Congreso, y sobre todo, liderar la refundación de Convergencia para ser candidato en unas nuevas elecciones. La incógnita de la fecha viene condicionada por la aprobación de los presupuestos y el chantaje de la CUP sobre la fecha del referéndum que, a todas luces, será sustituido por unos comicios plebiscitarios. En este escenario, Mas vuelve a la carga. Con un pasado turbio, un presente entre las cuerdas y un futuro impredecible, por las filas de la antigua Convergencia siguen las tensiones entre el «arturismo» y el «puchimazo». La batalla política entre el sucesor y su predecesor sigue candente.



Fuente: La Razón

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