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¿Qué se esconde en Popular?

Los dimes y diretes de Banco Popular han vuelto a protagonizar los comentarios y noticias del sector financiero de la última semana. Las tensiones en el consejo de administración de la entidad así como el futuro de su proyecto Sunrise –el banco malo que espera crear en los próximos meses para sacarlo a Bolsa en marzo de 2017– han acaparado gran parte de la actualidad financiera de la semana pasada, lo mismo que la continua caída de sus acciones. No hay banco de inversión o círculo financiero en el que no se hable o especule sobre el futuro de Popular y de su presidente, Ángel Ron.

El runrún que circulaba hace un par de años, como el inicio de una nueva oleada de fusiones entre 2016 y 2017 con Ibercaja, Unicaja, Kutxabank, Liberbank, BMN, Abanca y Cajamar como entidades absorbidas por la gran banca, se va diluyendo. Pero crecen las apuestas sobre las posibilidades que tiene Popular de mantener su independencia, no solo por su debilidad bursátil (su solvencia no está en duda), sino también por las discrepancias entre accionistas destacados de la entidad.

Varias fuentes financieras coinciden en que al final las fusiones solo afectarán a dos o tres entidades, no más. Y no serán protagonizadas ni por Ibercaja, ni por Unicaja, ni por Kutxabank. Esas parece que lograrán salir a flote, o por lo menos eso opinan ahora los analistas. “Son entidades regionales con mucho arraigo en su zona de origen, y ningún político ahora se atreverá a poner el cascabel al gato. No se atreverá a insinuar su fusión porque resta votos y ahora estos se cotizan mucho”, asegura un conocido directivo de un banco de inversión.

Pero el caso de Popular es distinto, y sus tradicionales apoyos, entre ellos las instituciones religiosas, van perdiendo influencia en el banco. El mar de fondo existente en la entidad tiene dos vertientes. Una:el exceso de activos adjudicados que tiene, y que se eleva a 33.000 millones de euros en inmuebles y suelo. Y dos: el enfrentamiento existente en su consejo, con dos claros bloques, los partidarios de Ron y los que prefieren un relevo en la cúpula, fracción que está encabezada por el inversor mexicano Antonio del Valle, uno de los mayores accionistas de la entidad, con el 4,25% de su capital, y acostumbrado a lidiar en muchas plazas financieras.

Los enfrentamientos han llegado a tal extremo que Ron tuvo que preguntar a los consejeros que se quedaron en el banco una vez finalizado el consejo de administración del miércoles si contaba o no con su apoyo. Y la respuesta fue que sí. Pese a este “refuerzo” a su gestión, como lo calificó Popular en un comunicado, el problema sigue enquistado y las especulaciones en círculos financieros se mantienen. “Y seguirán hasta que se resuelva no solo el futuro de su vehículo inmobiliario, que le permitirá desconsolidar 5.800 millones brutos en ladrillo y suelo, sino también hasta que su rentabilidad y capitalización bursátil dejen de desplomarse sin saber cuál puede ser su fondo”, explicaba el viernes un destacado ejecutivo de un banco de inversión.

Este mismo directivo, que prefiere mantener el anonimato, defendía la gestión del presidente. “No se le puede echar la culpa a Ron de todo lo que ocurre en el banco. Hay que recordar que Popular es la única entidad que no ha recibido ayudas. El resto, de forma directa o indirecta, han obtenido alguna, aunque sea fuera de nuestras fronteras. Hay otros países que también han ayudado a sus bancos y los españoles han podido beneficiarse en cierta forma de ello”, añadía.

Aunque sí reconocía que “la entidad se ha indigestado de ladrillo, encima en un momento en el que el resto comenzaba a abandonar este negocio. Pero entonces estaba muy mal visto no crecer en el sector inmobiliario. Eso parece que se nos ha olvidado a todos”.

Varios expertos aseguran que el problema del ladrillo de Popular no se resuelve solo con desprenderse de los 6.000 millones que traspasará a su banco malo (que, dicho sea de paso, puede tener luz verde en unas semanas, una vez que parece que el banco ha resuelto cómo aminorar el peso y el impacto de los 1.200 millones de euros en deuda subordinada que tendrá la estructura financiera de Sunrise. Hay que recordar que Popular mantendrá su exposición al banco malo a través de esta deuda subordinada).

La entidad que preside Ángel Ron tendrá aún en su balance 27.000 millones en activos inmobiliarios, de los que deberá vender 9.000 millones antes de 2019, según fija su plan de negocio.

Los expertos, entre los que se encuentran varios conocidos por Ron, mantienen que si el banquero logra hacer una limpia en el balance de Popular en poco tiempo y volver a los beneficios con la ayuda de una subida de los tipos de interés, los enredos del consejo pueden diluirse también poco a poco. De lo contrario, sus días en el banco estarán contados, lo mismo que la independencia de Popular.

Eso sí, Ron también debe romper con el círculo vicioso que han creado los hedge funds alrededor de su acción. La entidad cuenta con el 8% de sus acciones en manos de estos fondos que han tomado posiciones cortas sobre el valor y están provocando el desplome de la acción. Este escenario parece que está quitando el sueño a Ron desde hace tiempo. Tanto es así que, según afirman varias fuentes, el banquero ha acudido a los supervisores pidiendo ayuda para averiguar si detrás de estos movimientos especulativos hay, además, alguna mano con intenciones de quedarse con Popular a precio de rebajas.

 

 

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