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Rajoy apuesta por la política de apoyos variables

Cumplido el primer objetivo, sacar adelante la nueva senda del déficit y el techo de gasto, y encarrilado el segundo, la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado (PGE) para 2017, Mariano Rajoy se ha asegurado, «como poco, dos años de legislatura», sostienen ya abiertamente en Moncloa. De hecho, pese a las votaciones que cada martes el PP pierde en el Congreso de los Diputados, cada vez son más los dirigentes populares que ven factible que la situación de minoría no impida que la legislatura se agote. El presidente del Gobierno tiene «controlado» el flanco exterior. La inestabilidad en Francia y el horizonte incierto que ha abierto en Italia el referéndum de Matteo Renzi le han convertido en un socio prioritario para Bruselas y para la canciller alemana, Angela Merkel, que también tiene unas difíciles legislativas por delante. El mensaje oficial de las autoridades comunitarias ha rebajado la presión sobre España y Rajoy se siente con una comodidad en la escena europea que nunca tuvo durante su primera legislatura.

En clave nacional el jefe del Ejecutivo ha desnudado del todo esta semana su estrategia. El presidente «sostendrá» su acuerdo con Ciudadanos (C’s), puntualizan en su entorno, pero el diálogo está abierto «a todos» y, como dijo «desde el día después de las elecciones de diciembre», ahí cuenta con el PSOE como objetivo «prioritario». Eso sí, en Moncloa no confunden el acuerdo sobre la senda de déficit con lo que pueda ocurrir con la negociación de los PGE. El primer paquete de leyes y decretos económicos, con el techo de gasto y las medidas fiscales, sale del Consejo de Ministros con el apoyo del principal partido de la oposición, y «es todo un tanto que se apunta el bipartidismo», pero en el Gobierno saben que no es una señal que permita interpretar que ésta será la tónica de la legislatura. Ha sido una negociación con los barones socialistas, que presiden siete de las comunidades autónomas, en la que la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, ha marcado en la sombra la estrategia de su organización política. Y desde el Ejecutivo median con la advertencia de que los de C’s han estado informados «en todo momento» de las negociaciones con el PSOE. «Es un enfado más por celos de protagonismo que porque no estén de acuerdo con lo que hemos hecho. Ellos han defendido siempre implicar al PSOE en las tareas de gobierno y en la estabilidad, no pueden quejarse ahora», argumentan en Moncloa.

Ahora bien, esta negociación del techo de gasto no se han mezclado con la de los Presupuestos, y en esta última Rajoy sigue contando con el aviso que le trasladó el presidente de la gestora socialista, Javier Fernández, respecto a que el PSOE, como siempre ha hecho en la oposición, presentará una enmienda a la totalidad contra las cuentas del próximo ejercicio. «Nosotros lo vamos a intentar, la negociación está abierta, pero hay otras alternativas», explican desde el Ejecutivo. A Moncloa no se le pasa por alto, por cierto, que el PSOE con el que ahora está tratando es «el PSOE de Susana Díaz». Y que la dirección socialista tiene que pasar por unas «primarias» y un Congreso y «hay que ver cómo queda». «De momento tenemos un PSOE que parece que se ha dado cuenta de que su futuro no puede pasar por competir con Podemos en debilitar al sistema, sino que su papel es recuperar su espacio de izquierdas como partido de gobierno, no como fuerza antisistema», analizan en la dirección popular. Pero, en cualquier caso, Rajoy no fía su futuro a la colaboración con Ferraz. Seguirá buscándola, si bien, por descontado, sabe que el camino lo irán marcando las encuestas y las tensiones internas dentro del principal partido de la oposición.

En el entorno de Rajoy sostienen que después de lo ocurrido esta semana puede decirse que la legislatura arranca «con buena mano». «Antes bailábamos solos, y ahora estamos aprendiendo bailes diversos, el aurresku, la sardana, la jota y lo que haga falta». Todo el Gabinete está aleccionado sobre la necesidad de hacer gestos que confirmen la voluntad de buscar acuerdos con la oposición, aunque estén condenados «a la melancolía». Fue el primer mensaje que Rajoy trasladó en el primer Consejo de Ministros, y la consigna que repite en cada reunión. El Gobierno asume su minoría, pero la ejerce contando con las herramientas que tiene a su favor, legales, como vetar los incrementos de gasto, y políticas, la convocatoria de unas nuevas elecciones.

Dicho esto, Rajoy quiere intentar «seriamente» que la legislatura tire hacia adelante desde la convicción, según sus colaboradores, de que es una oportunidad para forjar acuerdos de Estado que hasta ahora han sido imposibles, en educación, financiación o incluso equilibrios territoriales. Además de que le empuje también un interés estrictamente de partido, aprovechar la oportunidad para que el bipartidismo recupere posiciones. PP y PSOE comparten ese mismo objetivo. El PP, restarle espacio a Ciudadanos; el PSOE, a Podemos. A Rajoy le interesa una izquierda fragmentada, pero «no tanto como para no tener interlocutor con el que negociar los asuntos de Estado». Por difícil que parezca, Rajoy también cree que esta legislatura es una oportunidad personal para rectificar el desgaste de la mayoría absoluta y «lavar su imagen y la del PP».

El siguiente reto inmediato son los Presupuestos, que el presidente prevé tener encaminados para cuando el PP celebre a mitad de febrero su Congreso Nacional. No empezarán a andar en el Parlamento hasta la Conferencia de Presidentes de enero, cuando se abrirá el melón de la reforma de la financiación autonómica. Un debate que marcará el siguiente periodo de sesiones, junto con el problema catalán. También en este último capítulo hay gestos nuevos con respecto a la Legislatura de la mayoría absoluta, pero en el contenido Rajoy «no hará experimentos», advierten, con insistencia, en Moncloa. Es una estrategia de revisión formal más que de contenido. De vender mejor la disposición a hacer política que de aceptar hacer política sobre el objetivo secesionista. «En ningún caso», apostillan. A diferencia de su primer mandato, en el que se volcó en la urgencia de la crisis, descuidando la política, como él mismo ha reconocido a posteriori, esta vez «está decidido a hacer política autonómica». Intentará una negociación «sensata y razonable» con Cataluña, pero sin movimientos bilaterales que alteren los contrapesos que sostienen el Estado autonómico. «Si mueven ficha y hay que sentarse a hablar de reforma constitucional, lo haremos. Pero seguimos pensando que ahí no está la solución para el problema independentista», concluyen.



Fuente: La Razón

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