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Rajoy, el único que celebra Feliz Navidad

Ha pasado un año y esta Navidad es muy distinta para los líderes de los cuatro grandes partidos nacionales. De todos ellos, sólo Mariano Rajoy tiene motivos para pasar una felices fiestas mientras sus adversarios están claramente debilitados. Algunos, como el socialista Pedro Sánchez, incluso fuera de la primera línea política. El podemita Pablo Iglesias con una división sin precedentes bajo la sombra amenazante de Íñigo Errejón. Y el dirigente de Ciudadanos, Albert Rivera, desdibujado ante unos malos pronósticos electorales. Tras un año de bloqueo inaudito en nuestra historia política, Rajoy ha sido reelegido presidente del Gobierno, el «marianismo» no tiene fisuras dentro del PP y hasta José María Aznar ha tirado la toalla. ¿Hay quién de más?, se preguntan irónicos en el PP. El gallego es un superviviente en toda regla, aguanta lo que no está escrito y ha visto caer a cuantos le han molestado. Tal vez por ello, en la copa navideña con los periodistas en Moncloa se mostró más tranquilo que nunca: «Estoy razonablemente bien en mi inmensa minoría», aseguró con retranca.

Recién llegado de Nueva York, donde practicó su habitual caminata bajo un frío helador y negó haber hecho una sola compra navideña, Mariano Rajoy saborea una situación política muy diferente a la del pasado año. En aquellas fechas, un secretario general del PSOE instalado en el «No es No» intentaba hacerle la vida imposible, conspiró con los separatistas para impedir su investidura, fraccionó en dos mitades a su propio partido y llevó a España a un bloqueo sin precedentes. Tamaños desmanes le han salido caros a Sánchez y los está pagando cruelmente el PSOE. Ni siquiera sus todavía adictos tienen claro qué hará este político endeble que ha llevado al socialismo a la mayor derrota de su historia. «Ni él mismo sabe lo que quiere», dicen algunos de sus leales que le ven «en un mar de dudas». Los escasos «sanchistas» que pululan por las federaciones admiten que Pedro Sánchez tiene muy difícil volver a la arena y que la andaluza Susana Díaz mueve sus hilos para ganar cada día más apoyos de cara al futuro Congreso federal.

En el actual escenario, a pesar de sus 137 diputados, Rajoy observa cómo el actual PSOE suscribe pactos con el Gobierno, el último de la pobreza energética ha levantado ampollas en Podemos. La mayoría de la oposición, incluido el PNV, le apoya el techo de gasto y hasta previsiblemente los Presupuestos Generales del Estado. Tiene una interlocución «seria y fluida» con el presidente de la gestora socialista Javier Fernández, que intenta cerrar las enormes heridas dejadas por Pedro Sánchez y recuperar un partido en precario. Sortea con habilidad sus acuerdos con Albert Rivera, quien no acaba de cuajar en medio de continuos vaivenes ideológicos. Y contempla a un Pablo Iglesias que no es ya ni su sombra en un Podemos totalmente dividido. Se diría que el único flanco caliente es Cataluña, aunque Rajoy lo analiza con prudencia. Está convencido de que la «operación diálogo» dará sus frutos y que la estrategia del «divide y vencerás» agrietará finalmente el soberanismo.

Flanqueado por sus ministros, a los que ofrecerá su tradicional cena navideña junto a sus consortes, Rajoy conversó en Moncloa con los periodistas bajo una absoluta calma. Ha pasado la Nochebuena en Madrid con su mujer Viri, sus dos hijos y su anciano padre de noventa y seis años. «Está estupendo de cabeza», aseguró el presidente que siente un especial cariño por su progenitor. Dirigió su tradicional mensaje a las tropas destacadas en el exterior, presidirá un Consejo de Ministros el día 30 tras el cual hará un balance del año. Y se tomará unos días de descanso en Galicia hasta la Pascua Militar del día 6 de enero. «Todo igual para que nada cambie», dicen en su entorno como prueba de que Rajoy no se altera, mantiene sus costumbres de siempre y ve temblar al adversario. Hasta la «chinita» de Aznar, sorpresivamente, está ya fuera de su zapato. «De esto no diré nada de nada», zanjó en su charla con los informadores.

Un año después, las encuestas le otorgan un considerable aumento de escaños, su liderazgo es indiscutible como presidente del PP en el Congreso de febrero y nadie le cuestiona. Un Mariano Rajoy «robustecido e indiscutido». Así definen su actual situación en Moncloa y en Génova. Por el contrario, el político que más quebraderos de cabeza le ha dado, Pedro Sánchez, y a quien siempre consideró con nulo sentido de Estado, aparece defenestrado, sin rumbo fijo y cada vez con menos apoyos. Aunque muchos aún no le ven «enterrado», la tesis general en el PSOE es que Susana Díaz acabará tomando las riendas del partido, bien en solitario o bien bajo una bicefalia de una tercera vía que amortigüe por completo los restos del «sanchismo», como el vasco Patxi López. «Sin el control del aparato Pedro tiene poco que hacer», opinan dirigentes de la gestora, que lamentan el daño de Sánchez. «Nos costará años recuperarnos», admiten con tristeza.

La única satisfacción que anida en las filas socialistas es que su fuga de votos no los recoge Podemos. La formación morada, con una fuerza insólita en las anteriores elecciones, se desangra hoy en rencillas internas, tiene a sus bases divididas, una desastrosa estrategia parlamentaria y la figura de Errejón como yugo de Pablo Iglesias. El liderazgo de la izquierda ya no tiene la amenaza del «sorpasso» y es la esperanza de un PSOE desnortado que necesita volver a sus esencias, credibilidad y unidad de mensaje.

Tampoco pinta muy bien el horizonte en la otra fuerza emergente, Ciudadanos. La indefinición ideológica de Albert Rivera y su cambio de ideario al liberalismo, alejado de la matriz antinacionalista en Cataluña, origen de su creación, no le reporta buenos réditos. Según las últimas encuestas, Inés Arrimadas ya no es líder de la segunda fuerza en Cataluña y C’s pierde votos en el resto de España. Expertos sociólogos vaticinan una recuperación del bipartidismo, la vuelta al tradicional voto útil que, en el caso del Partido Popular está muy claro, y en el PSOE dependerá de su evolución y nuevo liderazgo. Lo que muchos llaman «las cenizas de Sánchez» necesitan ahora otro mensaje, recuperar su identidad como partido de gobierno responsable. En este sentido, el PP es el único partido que aborda un Congreso tranquilo con el liderazgo indiscutible de Rajoy. Los socialistas llegan al suyo abiertos en canal en busca de otro líder, Podemos afronta un Vistalegre II a puños entre Iglesias y Errejón, mientras Albert Rivera revalida su liderazgo pero con un creciente sector crítico.

Un año después, nada queda de los contundentes vetos de Sánchez y Rivera a Mariano Rajoy. La batalla electoral entre los cuatro jinetes, Rajoy, Sánchez, Iglesias y Rivera, se ha saldado con creces a favor del presidente del PP. De los cuatro aspirantes, únicamente Mariano Rajoy ha mantenido la calma y un discurso coherente. Sus reformas económicas, su apuesta por los pactos serios de Estado y el objetivo de movilizar a los votantes que le dieron la espalda en diciembre marcan su mensaje y así se lo reconocen las encuestas. El flanco del centro-derecha es suyo frente a la obsesión de Albert Rivera de arañarle espacio, algo que por el momento no consigue. En el sector de la izquierda, la gran batalla será del PSOE, dado que el retroceso y la crisis de Podemos son evidentes. En opinión de los expertos, la gente no quiere «bandazos» sino proyecto serios. En el horizonte queda por ver cómo se soluciona el problema de Cataluña dónde la antigua Convergència se hunde y afloran dos figuras potentes: el republicano Oriol Junqueras, y Ada Colau con su formación de los Comunes.

Así las cosas, Mariano Rajoy pasará una Navidad tradicional y tranquila. Pedro Sánchez sigue en una situación dramática y dudosa, camino de quedar fuera de todo. Susana Díaz remueve cielo y tierra para aunar voluntades y desechar rivales. Un Pablo Iglesias anteriormente altivo y crecido en estado de gracia, vive ahora una fuerte crisis sin poder decapitar a Íñigo Errejón. Y Albert Rivera mantiene su liderazgo en Ciudadanos, pero bajo una indefinición arriesgada. De todos ellos, sólo Rajoy sigue al pie de la letra la máxima de Santa Teresa: «La paciencia todo lo alcanza».



Fuente: La Razón

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