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Retos para los Warriors: el 15-1 de Kobe y Shaq y el ‘fo, fo, fo’

Seguramente sea frívolo hablar de objetivos que vayan más allá del mayor de todos, la consecución del anillo, y más para un equipo que se dio un costalazo tremendo en las pasadas Finales, como campeón en defensa del título y después de la primera Regular Season de 73 victorias de la historia. En Oakland de hecho solo piensan en no repetir errores, ni repetir mala suerte, y en aprovechar, cuando realmente toca, esa bomba de neutrones llamada Kevin Durant que ha convertido el big three en big four (Curry, Klay, Green, Durant). En el Oeste asoman Spurs y Rockets, en el Este los Cavaliers y la posibilidad de repetir Final tres años seguidos por primera vez en la historia. Una rivalidad que ya es legendaria, el Lakers-Celtics de esta generación.

Pero lo cierto es que recorre la NBA la sensación de que si todo les sale bien, si no hay contratiempos y en el nivel en el que han terminado la temporada (Curry, Klay, Green, Iguodala, los esenciales de la segunda unidad, un Durant recuperado a tiempo…) y tal y como han medido esta vez esfuerzos sin récords que asaltar (y 67 victorias en cualquier caso), los Warriors podrían firmar unos playoffs en formato aplastamiento y con un balance que podría ser histórico. ¿Cómo de histórico? Después de dejar atrás el 72-10 de los Bulls 1995-96, la última frontera en las eliminatorias por el título es, y ya va lloviendo, el 15-1 (por entonces la primera ronda se jugaba a cinco partidos) de los Lakers en 2001.

Kobe y Shaquille, en su máxima expresión

Phil Jackson, ahora en el punto de mira por su desastrosa gestión en los Knicks, entrenaba a los Bulls del 72-10 y Phil Jackson entrenaba a los Lakers del 15-1 (¿casualidad?). Para los Lakers fue el segundo de los tres anillos seguidos ganados con Kobe Bryant y Shaquille O’Neal, el más sencillo en lo que se refiere a playoffs. En 2000, nada más llegar Jackson y después del traslado al Staples, los Lakers firmaron una extraordinaria Regular Season (67-15), pero en playoffs llegaron al título en 15-8, tras superar un susto de muerte en la final del Oeste ante los Blazers, que les ganaban por 15 ya en el último cuarto del séptimo partido, en L.A. La mítica remontada, subrayada por el icónico alley-oop de Kobe a Shaq, condujo a una dura Final ante los Pacers (4-2). Después, en 2002, los Lakers ganaron 58 partidos (58-24) y pasaron por playoffs en 15-4. La Final ante los Nets fue (4-0) un trámite. Pero en la final del Oeste se salvaron de milagro ante Sacramento Kings (4-3) en lo que se considera una de las mejores (y más polémicas…) series de playoffs de todos los tiempos.

Pero en 2001 los Lakers funcionaron como una máquina imparable en las eliminatorias. Venían de una temporada decepcionante (56-26 tras el 67-15 anterior). La lesión de Derek Fisher, el gran nivel de un Oeste con siete equipos en 50 o más victorias, los primeros síntomas de conflicto Kobe-Shaquille y un evidente punto de relajación dejaron a los angelinos segundos de Conferencia por detrás de los Spurs (58-24).

Pero los playoffs fueron una carnicería. Los Lakers solo perdieron el primer partido de la Final, en su pista ante los Sixers y en la prórroga. Fue el día en el que Iverson anotó 48 puntos, incluida una de sus canastas más celebres tras sentar a Tyronn Lue, ahora entrenador del campeón (Cleveland Cavaliers). El 15-1 incluyó dos récords: ninguna derrota sin prórroga y ninguna derrota a domicilio (8-0). Además, los Lakers se convirtieron en el segundo equipo (tras los Rockets en 1995) que derrotaban en su camino hacia el título a cuatro equipos que habían terminado la Regular Season con al menos 50 victorias. En un ejercicio de dominación sin precendentes (9 de sus 15 victorias fueron por al menos 10 puntos de ventaja), los Lakers abusaron (3-0 y doble 4-0) de los otros tres grandes equipos del Oeste de la época: Blazers, Kings y Spurs. A los Blazers les ganaron por una media de 14,6 puntos, a los Kings de 9,2… y a los Spurs de 22,1 en la mayor masacre en una final de Conferencia: tras reventar el factor cancha con dos triunfos en Texas, los Lakers ganaron los dos partidos del Staples (a la postre, últimos de la serie) por un +68 total: 111-72 y 111-82.

En esos playoffs Kobe Bryant promedió 29,4 puntos, 7,6 rebotes y 6,1 asistencias. Y O’Neal, que fue MVP de las Finales, se movió en los 16 partidos en 30,4 puntos, 15,4 rebotes, 3,2 asistencias y 2,4 tapones. El quinteto de los Lakers lo completaban Derek Fisher, Rick Fox y Horace Grant. Y los principales del banquillo eran Robert Horry, Brian Shaw, Ron Harper y Tyronn Lue. Un dato explica el muy evidente cambio de marchas de los Lakers en playoffs: 8-6 en Regular Season ante los cuatro rivales del posterior 15-1.

¿Y los Bulls de Michael Jordan?

Los Bulls de Jordan también fueron, obviamente, un equipo absolutamente dominador en playoffs. De hecho el equipo del 72-10 estuvo cerca de reventar también la historia en aquellas eliminatorias de 1996. Tras arrasar a Miami Heat (3-0), New York Knicks (4-1) y Orlando Magic (4-0), solo flojearon un poco para cerrar la Final (4-2 total) ante Seatlle Supersonics. Después de ponerse 3-0, con un +17 en el estreno y un +22 en el primero jugado en Seattle, los Bulls solo anotaron 86, 78 y 87 puntos en los tres partidos restantes, dos derrotas y una victoria en el sexto, en Chicago.

Así que el balance total fue de 15-3 dentro de unos playoffs que incluyeron datos increíbles: siete triunfos seguidos ante equipos de 60 victorias (el 4-0 a Orlando y los tres primeros triunfos ante los Sonics) y una demolición absoluta de los Magic en la final del Este: 121-83 en el primer partido. Cuando estaban 3-0 en la Final y antes de complicarse con dos derrotas, parecían a punto de hacer lo que luego hicieron los Lakers: solo llevaban una derrota, y había sido tras prórroga prórroga (en Nueva York).

En 1991, de hecho, los Bulls tuvieron una derrota menos que en 1996 (15-2) en el camino hacia su primer anillo: 3-0 a Knicks, 4-1 a 76ers, 4-0 a Pistons y 4-1 a Lakers. Fue la Final del relevo generacional, en la que Magic Johnson perdió ante Michael Jordan, lesionados Byron Scott y James Worthy y con John Paxson como ejecutor en el quinto partido. Antes, Jordan y sus Bulls había derrotado a Barkley y sus Sixers y a Isiah Thomas y sus Pistons. Unos playoffs ciertamente simbólicos.

Moses Malone y la leyenda del Fo, Fo, Fo

Otra franquicia que bordeó los playoffs perfectos fue Philadelphia 76ers en 1983, el único campeón distinto a Celtics y Lakers del tramo 1980-88, un equipo maravilloso que unió a Julius Erving (esa temporada 21,4 puntos, 6,8 rebotes y 3,7 asistencias por partido) y un Moses Malone (24,5 puntos y 15,3 rebotes) que llegó precisamente el verano anterior desde Houston para redimensionar a una plantilla cansada de ejercer de acompañante tras perder las Finales de 1977 (contra los Blazers), 1980 y 1982 (contra los Lakers ambas). En aquel equipo también jugaban Maurice Cheeks, Andrew Toney y Bobby Jones, y pareció durante meses que podría firmar la primera temporada de 70 victorias (luego vendrían Bulls y Warriors) pero terminó en 65-17, con tres derrotas en los últimos cuatro partidos. Ya en pleno reparto de descansos, garantizados el primer puesto y el todavía existente bye en primer ronda.

Moses Malone, uno de los verdaderamente grandes de la historia, fue exactamente lo que esperaban de él en la ciudad del amor fraternal: MVP de la temporada (por tercera vez) y MVP de unas Finales de leyenda en las que promedió 25,8 puntos y 18 rebotes contra unos Lakers que tuvieron muchos problemas con las lesiones (James Worthy había caído en abril) pero con una plantilla majestuosa: Magic, Kareem, Coooper, Wilkes, McAdoo, Nixon… A pesar de llegar por detrás al descanso en los cuatro partidos, los Sixers ganaron 4-0 después de haberse impuesto 4-0 a los Knicks y 4-1 a los Bucks. En total (sin jugar primera ronda), 12-1.

Malone, uno de los mejores reboteadores de siempre y una fuerza física absolutamente dominante en su tiempo, era también un tipo reservado, poco expresivo y al que ni siquiera se le entendía demasiado bien cuando hablaba. En parte por eso dejó una de las respuestas más recordadas de la historia de la NBA cuando un periodista le preguntó por su apuesta justo antes de los playoffs. Su respuesta, “fo, fo, fo”. En versión Moses, four, four, four. Cuatro, cuatro y cuatro: tres eliminatorias cerradas en cuatro partidos: 12-0 total. Estuvo cerca y fue un 12-1 (fo, fi, fo), pero sus palabras marcaron una pauta de ambición que propulsó a su equipo, todavía más, y dejaron un patrón al que se vuelve con cada equipo grandioso que llega a las puertas de los playoffs.

Los últimos con los que se recuperó ese fo, fo, fo (ganarlo todo en la ruta hacia el título) fueron los Heat de LeBron, Wade y Bosh, que nunca estuvieron ni remotamente cerca (siete derrotas en cada uno de sus dos playoffs cerrados con anillo). Los Warriors 2015 cedieron cinco partidos en cuatro eliminatorias (16-5), como los Mavericks 2011 y una más que los Spurs 2007 (16-4). Las mismas derrotas que los Lakers 2002 (15-4)… pero tres más que esa versión anterior e imparable de los angelinos, la del 15-1 de 2001. La mayor hazaña jamás vista en unos playoffs… por ahora.



Fuente: AS

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