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Sánchez: Del «indecente» a socio prioritario

Al calor del conflicto y de la amenaza de ruptura en Cataluña se ha forjado una reconciliación, la de Mariano Rajoy y Pedro Sánchez. De negarse el saludo a ir de la mano en la aplicación del artículo 155. De breves encuentros para espetarse sus diferencias a reuniones discretas y secretas para pactar una estrategia conjunta. De «¿qué parte del ‘no’ no ha entendido?» a «el PSOE estará al lado del Gobierno». De la hiel a la miel. Desde el PP se justifica este acercamiento en la evolución política que ha experimentado Sánchez, en su «capacidad de diálogo» y en la necesaria «unidad de respuesta» con el Ejecutivo frente al desafío secesionista. Pero no siempre fue así. En la retina de muchos todavía persiste el recuerdo de aquel cara a cara electoral, en la campaña del 20-D, en el que el secretario general del PSOE calificó a Rajoy de «indecente» y éste le respondió tachándole de «ruin» y «mezquino». El propio líder socialista reconocía recientemente que la relación entre ambos había mejorado «inevitablemente», a pesar de sus discrepancias ideológicas e incluso deslizaba algún elogio hacia su interlocutor. También el presidente del Gobierno ha puesto en valor a Sánchez, manteniéndole puntualmente informado del avance de la crisis y pactando los pasos a dar, hasta convertirle en un firme e insospechado aliado en la defensa del Estado de Derecho, por delante de Albert Rivera, su socio de investidura. «Rajoy ha hecho político a Sánchez», comentaba un dirigente a LA RAZÓN.

La falta de conexión entre ellos siempre fue evidente. «¿Han cenado ustedes alguna vez con un marciano?», decía Mariano Rajoy para referirse a uno de sus primeros encuentros con el líder socialista. Por su parte, Sánchez despachaba con un lacónico «ya sabéis como es Rajoy» cuando se le requería algún indicio de qué pasaba por la indescifrable –para él– cabeza del presidente. Ahora, la amenaza de secesión en Cataluña ha obligado a hacer de la necesidad virtud y acercar posturas, aunque este propósito de enmienda también ha tenido altibajos. La pretendida «oposición de Estado» de los socialistas, consistente en la defensa del Estado de Derecho «a pesar de este Gobierno», se topó de bruces con las cargas policiales durante el 1-O. La presión constante de Unidos Podemos sobre el PSOE y el clamor interno del PSC demandando la dimisión de Rajoy por la actuación de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad obligó a los socialistas a impulsar la reprobación de la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría en el Congreso. Una decisión que tampoco contentó a todos, pues hubo voces que criticaron lo «inapropiado» del momento para visibilizar fisuras con el Gobierno. Finalmente, Ferraz optó por retirarla.

Sánchez reconoce en privado que «ha tenido que morderse mucho la lengua» durante los meses de negociación. Por un lado, ante aquellos que le acusaban de «ponerse de perfil» mientras mantenía discretos encuentros con Rajoy para lograr un acuerdo. Por otro, ante algunas decisiones del Gobierno que no eran compartidas por Ferraz, como la decisión de citar en sede judicial a los 700 alcaldes catalanes que pretendían colaborar con el referéndum o la prohibición de celebrar actos en favor del 1-O como el que se impidió en Madrid. Ha primado la lealtad sobre el cálculo electoral. Fuentes socialistas no dudan en calificar como «duro» y «muy trabajado» el acuerdo que se logró con Rajoy de apoyo a la aplicación del artículo 155 a cambio de impulsar la reforma de la Constitución, una demanda tradicional de los socialistas que había sido ignorada hasta ese momento por el PP y Moncloa. «La clave ha sido saber conjugar la lealtad al Gobierno con mantener contento al PSC», resumía un miembro de la dirección socialista sobre el éxito de la negociación.

Está por ver si esta nueva entente sobrevive al conflicto catalán, ya que en clave electoral al PSOE le interesa distanciarse del PP. Cabe recordar que Sánchez ganó las primarias del partido abanderado por el «no es no» a Rajoy y tras recuperar las riendas de Ferraz, anunció una ofensiva para «echar» al PP de la Moncloa cuanto antes. Aunque los socialistas nunca hayan valorado la moción de censura como una opción real, sí han impulsado la reversión de algunas de las leyes más polémicas de la anterior legislatura, como la ley mordaza o la reforma laboral. Una ofensiva que ha quedado aparcada por el desafío soberanista, pero a la que no renuncian una vez superada la crisis institucional. «Hay que priorizar el sentido de Estado sobre los intereses partidistas», reconocen en la dirección federal.



Fuente: La Razón

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