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Santiago Segura saca los puños por las mujeres

Torrente es el emblema, zafio a más no poder, del «machirulo» casposo, el españolito rancio con el mondadientes en la boca siempre presto a soltar un taco o un chiste sexista. Durante 20 años ha sido el sosias impresentable de Santiago Segura en la pantalla, hasta el punto de que muchos confundieran a persona y personaje. Con «Sin rodeos», su primer largometraje fuera de la saga (de cinco entregas) de «Torrente», Segura no solo subsana el entuerto sino que hasta parece expiar el pecado de haber creado un tipo tan «demodée» para los tiempos de empoderamiento femenino que corren.

«Después de que varias seguidoras de las redes sociales me dijesen que yo les “encantaba” y que les parecía un tipo sensible e inteligente pero que no soportaban “mis películas”, pensé que podía hacer otro tipo de comedia donde el público femenino disfrutase por igual», explica a LA RAZÓN un actor y director exitoso como pocos en este país que, asegura, «sencillamente quería probar otras cosas».

En su nueva cinta, una mujer es la protagonista absoluta: Paz (Maribel Verdú), una publicista cuarentañera –cuarentona ya no se estila– que, a punto de estallar por motivos laborales y personales, tomará in extremis las riendas de su vida gracias a los consejos de una especie de chamán catódico interpretado por el propio Segura. En un día de furia en el que Paz acometerá «sin rodeos» y con muy mala uva sus problemas, Segura aprovechará para retratar la crispación general en la que vivimos.

A punto de explotar

«Creo que el nivel de crispación es muy alto hoy en día, y ni siquiera sé cuál es el cúmulo de causas exacto que lo provoca», señala. Aunque en el filme se apuntan varios: la cultura del móvil por el móvil, un mercado laboral en constante renovación empeñado en dejar cadáveres en las cunetas y, cómo no, el machismo imperante no solo en la sociedad sino de puertas adentro. Tantas cosas que cuesta no abandonarse a una salida poco diplomática como la de Paz: «Todos en algún momento de nuestra vida hemos pensado en “cantarle las cuarenta” a los cuatro fulanos que nos abusan y nos amargan la existencia. Yo desde luego no soy una excepción», asegura el dierctor, para quien, «sin duda, en una sociedad, por desgracia, aún machista como la española creo que las mujeres están más presionadas y sometidas, lo que no quita para que cualquiera, independientemente de su género, pueda identificarse con el personaje que interpreta Maribel Verdú». Ella, dice, ha sido capaz de aportar «toda la gama de emociones, desde la vulnerabilidad y ternura del principio a la energía y el carácter del final» que Segura quería para este personaje.

Su propio papel, el de un curandero indio que se ve a la legua que oculta muchas cosas, nace del interés del director por esos homeópatas y pseudo-especialistas que pueblan los espacios de madrugada de las televisiones (Esperanza Gracia, una de las más famosas del ramo, aparece incluso en un cameo): «Siempre me han provocado mucha curiosidad esos maestros de sabiduría milenaria, esos gurús que emanan paz y que pueden ayudarte a ser feliz a través de la meditación y la ayuda de una infusión de hierbas (al menos eso es lo que reza el prospecto). Pensé que podría ser un buen fichaje para esta historia». Como mínimo sirve de detonante para el «despertar de la fuerza» de Maribel Verdú.



Fuente: La Razón

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