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Scalextric, el juguete que convirtió a niños y padres en pilotos

Corría el año 1952 cuando el ingeniero británico Fred Francis ideó un sistema que permitía mover coches de hojalata en miniatura a distancia. Estos juguetes, accionados con resorte, tuvieron gran éxito de ventas en los primeros años tras su lanzamiento, por lo que rápidamente la sociedad inglesa Minimodels Ltd., donde trabajaba el inventor, adquirió sus patentes y se hizo cargo de la comercialización. Los pequeños vehículos fueron bautizados como Scalex y el primer modelo, como no podía ser de otra manera, fue típicamente british: una réplica del Jaguar XK 120.

Este solo fue el inicio de Scalextric, uno de los juguetes más populares de las últimas décadas. La firma como tal nació cinco años después del lanzamiento del primer prototipo, en 1957. Fue aquí cuando, tras un estancamiento en las ventas, Francis decidió mejorar el producto en base a dos innovaciones. La primera consistió en acoplar un pequeño motor eléctrico a algunos de sus modelos. La segunda, no vender solamente coches, sino acompañarlos de un sistema exclusivo de pistas eléctricas sobre los que hacerlos correr. Así, al Scalex se le añadía el tric de electric, dando forma al nombre definitivo.

A esta idea única, un éxito desde el primer modelo, con una pista que únicamente tenía forma circular, se le sumaron las primeras apuestas de la marca para esta nueva etapa: comenzaron a confeccionarse los prototipos de los mejores vehículos que peleaban en el Campeonato del Mundo de Fórmula 1 de aquella época: el Maserati 250F Grand Prix y el Ferrari 4.5L Grand Prix. La idea de elegir los modelos más destacados ha llegado, de hecho, hasta nuestros días.

Pero la revolución moría de éxito. Incapaces de satisfacer toda la demanda, ya que entonces tanto los coches como la propia pista se fabricaban a mano por los pocos empleados de la firma, Minimodels Ltd. fue absorbida por Line Bros. A partir de este momento, fue la filial Tri-ang de la compañía la que se ocupó de fabricar y comercializar el producto y, por qué no, también de innovar sobre nuevas propuestas.

El circuito de forma oval, el primero que vendió Scalextric, junto a los coches como el Maserati o el Jaguar comenzaron a ser modificados desde el primer momento. En 1960, los antiguos moldes de metal fueron sustituidos por carrocerías y chasis de plástico, que permitían un mayor nivel de detalle y sobre todo una mayor ligereza a la hora de rodar. El primer modelo de esta época reproducía un bólido de F1 y tenía, otra vez, aroma británico: el Lotus 16. En 1962, Scalextric llegó a España presentándose en la Feria de Muestras de Barcelona del mes de junio. Por aquel entonces, la marca ya era un éxito absoluto, impulsada sobre todo por la posibilidad que ofrecía a sus clientes de construir combinaciones de pistas. De hecho, la firma gozaba del apoyo de pilotos de primera línea, como el británico Jim Clark.

Nada más aterrizar en la Ciudad Condal, y fruto del acuerdo de licencia con la entonces propietaria, las pistas y transformadores empezaron a fabricarse en España de la mano de Exin. Progresivamente y hasta 1965 también lo fueron los mandos, los motores y coches. En estos años, un circuito costaba en torno a las 1.200 pesetas de la época, precio que se justificó en 1966, cuando las cajas de Scalextric comenzaron a incluir accesorios, como vallas de protección, peraltes o puentes. Ese mismo año se presentó el primer coche totalmente diseñado y producido en España, el mítico Seat 600.

La década de 1970 pasó entre el lanzamiento de multitud de modelos, desde el carismático Mini Cooper hasta el Mercedes Wankel C-111, y las innovaciones técnicas de los circuitos, que empezaron a ir acompañados de transformadores, mandos más sensibles, cuentavueltas o figuras en miniatura de mecánicos y periodistas que enriquecían las maquetas. El siguiente salto tecnológico llegó en 1985 de la mano del primer modelo nocturno de la firma, que consistía en un circuito y modelos equipados directamente con luces.

Unos años después, Exin apostó por exportar sus productos bajo su propia marca. Según el acuerdo con Scalextric, solo podía comercializar sus modelos en España, Andorra y México, por lo que en 1991 creó SCX, la firma española de los productos. La nueva empresa sería adquirida dos años después por la multinacional estadounidense Tyco, que pasó a formar parte de Mattel en 1997 y de Tecni Toys un año más tarde. Entre tanto vaivén, Scalextric continuó innovando e introduciendo distintas mejoras, como fibra óptica en el sistema de iluminación, perfeccionamiento de los motores y un retoque del logo de la marca. En 2012, Scalextric pasó a manos de Fábrica de Juguetes, su actual propietaria.



Fuente: Cinco días

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