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Se cumplen diez años del último ascenso a Segunda

¿Se puede tocar la gloria y caer a los infiernos en sólo dos temporadas? Se puede y, si no, pregúntenle al Rayo, que pasó de saborear las mieles de algún esporádico liderato en Primera (cuatro jornadas, 99-00) y los cuartos de UEFA (00-01) a desplomarse a Segunda y Segunda B sin tregua. Dos descensos consecutivos (02-03 y 03-04) y una travesía por el desierto que duró cuatro años. Años de sufrimiento que alcanzaron su momento álgido con el frustrado ascenso en Eibar, que remontó en Ipurua y dejó a los franjirrojos con la miel en los labios.

El Rayo de la 2007-08 volvía a estar dirigido por Pepe Mel, obstinado en cambiar el final de la historia vivida meses antes y en devolver al club a Segunda. El técnico contaba entonces con una plantilla rezumaba calidad –la más potente, nombre por nombre de la categoría– y que había sido apuntalada en verano con refuerzos de renombre, como por ejemplo Pachón. El Rayo terminó en cabeza, tras un curso impecable, y tuvo que enfrentarse primero al Benidorm y luego al Zamora en la fase de ascenso.

El 15 de junio de 2008  no cabía ni un alma más en el estadio –entonces, Teresa Rivero–. Llegó el día, la hora, las 18:30 horas. Soplaba viento propicio después del 0-1 de la ida en Zamora y el Rayo salió dispuesto a sentenciar la eliminatoria desde el primer instante. Los franjirrojos gozaron de hasta seis ocasiones claras. Sin embargo, el gol se estaba haciendo el remolón. Pachón se resbaló justo cuando ya se cantaba el 1-0, Piti y Albiol lo rozaron… Merecieron más los locales que se fueron al descanso con las manos vacías ante un rival tímido.

Tras la reanudación, el colegiado Torralba Jiménez anuló un gol de Pachón por un fuera de juego inexistente. No hubo dramas, no era el momento. Había que dejar atrás los fantasmas del pasado y Pachón volvió a tomar la palabra. El delantero cabeceó al fondo de la red un córner botado por Albiol para éxtasis de Vallecas y delirio del madrileño, que se convertía de nuevo en el héroe del ascenso. Un papel que ya interpretó años antes con el Getafe.

Eso sí, aún había tiempo para sufrir. ¡Y vaya si lo hizo la parroquia vallecana! A cinco minutos del final Iván García puso el 1-1 y los locales se volcaron sobre la portería de Dani Giménez. Sí, el mismo que terminó fichando por el Rayo una temporada después. Ese que firmó unas paradas que dejaron boquiabiertos a propios y extraños. A partir de ahí, el Zamora comprobó el estado del corazón de los rayistas que sufrieron como siempre y terminaron disfrutando como nunca.

El resto ya es historia. Hubo invasión de campo, celebración en el vestuario, autobús descapotable, cánticos y baño masivo en la Fuente de la Asamblea… incluso fuegos artificiales. No era para menos, el Rayo decía adiós a la Segunda B, salía del pozo y volvía a ver la luz del fútbol profesional. Ahora, una década después, los franjirrojos celebran de nuevo un ascenso. Eso sí, esta vez a Primera. Sin olvidar aquel infierno, se han abierto otra vez las puertas del cielo.



Fuente: AS

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