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¿Se puede ser feliz en Navidad?

La pregunta es paradójica, pero sí, cuando supuestamente debemos estar más felices debido a la celebración, el ambiente festivo y las reuniones con nuestros seres queridos, es cuando la tristeza comienza a apoderarse de algunos de nosotros. Ni las vacaciones, ni los regalos ni las mesas repletas de los mejores menús consiguen a veces subirnos el bajo tono vital que se apodera de nosotros en cuanto encienden la tradicional iluminación navideña.

La ausencia de los seres queridos es uno de los motivos principales, pero también debemos achacar esa melancolía a otros factores externos que coinciden con estas fechas. El primero, explica la psicóloga Pilar Conde, es el cambio de hora, que al acortar el periodo de luz, modifica el funcionamiento de los neurotransmisores implicados en la depresión. “A su vez – añade – la disminución de luz y el frío hace que las personas reduzcamos nuestro nivel de actividades y las interacciones sociales, lo que tiene un impacto negativo directo en nuestra química cerebral y en nuestro estado de ánimo”.

La terapeuta matiza que, por supuesto, depende de cada situación individual, de la época de la vida por la que se atraviese, y prefiere hablar de emociones y actitudes asociadas a la depresión que de un episodio al uso diagnosticado como tal. No es que niegue la famosa “depresión navideña”, que muchos ya consideran un mito, sino que aclara que ciertos aspectos asociados con la Navidad agudizan el malestar de muchas personas. Por ejemplo, asegura “ El obligarse a realizar ciertas actividades es una arma de doble filo. Por un lado, la persona que tiene depresión, no va a tener ganas de hacer actividades y de asistir a eventos sociales. Si no se fuerza, esto puede conllevar a reforzar todavía más su malestar. Sin embargo, un exceso de actividades también puede ser contraproducente.”

Conde añade como otro motivo básico desencadenante unas expectativas elevadas de felicidad y diversión, que nos pueden conducir, al no lograr los objetivos ,a la frustración y sensación de incompetencia. A veces se llega a pensar que por ser Navidad , la famosa magia va a resolver nuestros problemas.

La directora técnica de Clínicas Orígen explica que el bienestar personal es un objetivo a lograr durante todo el año, no sólo en las fechas señaladas. Por lo tanto, debemos estar alerta, en Navidad o en cualquier otra época a los siguiente síntomas que apuntan a estados depresivos:

– Pérdida de apetito

– Problemas de sueño.

– Nos cuesta esfuerzo salir con nuestra familia y/o amigos, o dejamos de realizar alguna actividad de ocio.

– No llegamos a disfrutar con las actividades que de normal realizamos.

– Empezamos a tener pensamientos más pesimistas y/o catastrofistas.

– Nos encontramos más irritables.

– Presentamos más llanto del habitual

En cuanto a la receta, si algo hay personalizado es la salud mental. Lo aconsejable y bueno para unos es susceptible de empeorar a otros. Así, mientras que para unos lo prudente será abandonar el entorno familiar y cambiar de aires , salir de viaje, para otros es imprescindible que la familia se encuentre alrededor como factor de protección. Sobre si debemos frecuentar o no a nuestros amigos y acudir a fiestas, la psicóloga opina lo mismo, igual podemos sentirnos agobiados con tanta atención que mejorar la interacción con nuestro entorno.

Aun así, desde Origen nos dejan unas sencillas pautas de comportamiento y rutinas que nos ayudarán a pasar los días festivos de la mejor manera.

– Realizar actividades placenteras y/o deportivas que solemos realizar en nuestro día a día.

– Mantener nuestros ritmos habituales de sueño y alimentación en la medida de lo posible.

– Organizarse un horario para las vacaciones, que presente actividades social, personales, familiares.

– Planificar con antelación aquellos aspectos que tenga que preparar, tema regalos, comidas.

– No dejar las preparaciones para los últimos días.

– Evitar hablar de emociones y eventos que nos generan malestar en los eventos familiares, centrarte en las conversaciones que tienen otras personas, intentar interesarnos por ellos, evitando así evaluarme como me encuentro y manifestar a los demás todo el malestar.

– Permitirte ciertos momentos de alegría, el que sonrías, o te rías no quiere decir que no eches de menos a tus seres queridos.

Finalmente, Pilar Conde quiere poner el acento en el incremento de las sensaciones de bienestar y emociones positivas que también se producen durante estas fechas.



Fuente: La Razón

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