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Singapur, la isla de lo prohibido

Cosmopolita y tradicional, frenética y plácida, amable y dura. Tiendas y más tiendas, restaurantes y más restaurantes y muchos y modernísimos rascacielos. Es Singapur. Una isla-ciudad-estado de apenas 700 km2 llena de contrastes, un mosaico de culturas que le apabullará a veces, otras querrá salir corriendo, las menos, pero no le dejará indiferente. Singapur es uno de los destinos más peculiares, fascinantes y visitados del sureste asiático.

Antes de ir, le conviene consultar alguna guía de viajes e informarse bien de un tema omnipresente en la vida de la isla, que sufren nacionales y extranjeros: las multas. En este país no solo desconocen la frase prohibido prohibir, sino todo lo contrario.

No se puede masticar, vender o comprar chicle; ni comer ni beber nada en el metro y otras muchas más ilegalidades; no se le ocurra tirar un papel al suelo, ni cruzar las calles por donde mejor le venga; ni escupir en la vía pública o fumar en lugares no autorizados, las multas son cuantiosas y las vacaciones le pueden salir por un ojo de la cara. No se le ocurra pasarse de listo, desafiar las normas y hacer algo indebido cuando piense que nadie le ve porque puede llevarse otra desagradable sorpresa: un policía camuflado… le pondrá la correspondiente multa. Avisado queda.

  • Donde fueres…

Si hace suyo el refrán popular “donde fueres haz lo que vieres”, es probable que no tenga ningún sinsabor en su recorrido por Singapur, donde el grado de seguridad en las calles es muy alto y podrá desplazarse por el país muy fácil y cómodamente.

El aterrizaje en el innovador aeropuerto de Changi, al este de la isla, es ya un espectáculo y se dará cuenta porque tiene tantos fans y porque es uno de los aeródromos más elogiados del planeta. Allí encontrará parques infantiles, jardines cubiertos y al aire libre y hasta uno de mariposas: piscina, cine, áreas de descanso y relax; tiendas y restaurantes de todo tipo, ¡cómo no!, y para todos los bolsillos, si se le antoja y puede pagarlo hasta hay un bar de caviar; supermercado, lavandería, hotel y city tours gratis por si se le va el tiempo recorriendo el aeropuerto.

En casi ningún caso será por los minutos que pierda en el control de pasaportes o en la recogida de maletas. Trámites, que en general, se resuelven en un pis pas.
Esta será su primera toma de contacto con la eficiencia de este pequeño país elevada a la máxima potencia.

La segunda cosa que le llamará poderosamente la atención es la pulcritud de las calles. No es exagerado decir que apenas encontrará una mota de polvo, recuerde… prohibido tirar nada al suelo, tampoco abundan las papeleras y los singapurenses no son especialmente simpáticos ni amables, pero seguro que se las ingenia con sus pequeñas basuras.

La tercera cosa que le asombrará por inaudita es la facilidad que tienen los singapurenses para comprar, comer y gastar, auténticos deportes nacionales. Encontrará gigantescos y modernos centros comerciales, incluso temáticos, por todos lados. Un paseo obligado es la calle Orchard, la gran avenida arbolada, donde se agrupan las tiendas más glamurosas y los hoteles de lujo.

Es fácil que caiga en la tentación y se contagie del frenesí consumista, sobre todo si coincide con la época de rebajas, pero salvo que sea un comprador compulsivo o un friki del shopping y no le importe quemar la tarjeta, acabará exhausto. Si ha llegado a ese punto, le sugerimos hacer un alto en el camino, tomarse algo y dedicar un rato a observar el trasiego de gente de un lado para otro cargada de paquetes.

La terraza de Istana Park está considerada como uno de los bares más bonitos de Singapur.
Y callejeando descubrirá la variada arquitectura de la ciudad con barrios tradicionales como el barrio chino o la Pequeña India a los que los rascacielos ponen el contrapunto. La pequeña Ciudad del León, como también se conoce a Singapur, reúne algunos de los edificios más emblemáticos del mundo.

  • Modernidad

Uno de ellos es el Vertical Village, premio al Edificio del Año en 2015. Una especie de rompecabezas formado por bloques de apartamenteos, en forma de cubos, apilados unos sobre otros como si estuvieran sostenidos en el aire.

En Marina Bay está uno de los iconos de Singapur, el Explanade-Theatres on the Bay (Explanada-Teatros de la Bahía), que reconocerá por sus enormes cúpulas, en las que destacan sus panales de aluminio. Los locales le apodan el durián, por su parecido a esta fruta, famosa por su mal olor, por lo que está vetada en muchos lugares públicos.

No menos impactante son las tres torres ultramodernas, unidas por su azotea, del lujoso hotel Marina Bay Sands, uno de los edificios más fotografiados de Asia y célebre por su espectacular piscina de borde infinito en la planta 57. En el mismo piso se ubica el Skypark, un parque al aire libre de 12.400 metros cuadrados de superficie; por supuesto, el hotel cuenta con un enorme casino y, ¡cómo no!, un gran centro comercial.

  • …Y tradición

Este no es, sin embargo, el hotel más emblemático de la ciudad, ese puesto lo ocupa el Raffles, toda una institución en el país, declarado monumento nacional. Ubicado en el barrio colonial y en un precisoso edificio de época, este exclusivo hotel fue fundado en 1887 por sir Thomas Stamford Raffles, gobernador colonial británico y fundador del moderno Singapur. El hotel se puede visitar y, aunque no esté hospedado, puede tomerse una copa o un café en sus bonitas terrazas, jardines y bares.

A Raffles se debe la distribución de las distintas culturas emigrantes en Singapur en barrios. Little India o la Pequeña India agrupa a esta comunidad y se caracteriza por sus típicas casas de colores, el fuerte olor a incienso y la música de Bollywood sonando a todo volúmen. En sus calles hay numerosos templos que se pueden visitar; el más importante, el de Sri Veeramakaliamman, pero sobre todo disfrute del ambiente.

Y lo mismo pasa en China Town, ubicado al sur del río Singapur, en lo que hoy se conoce como Telok Ayer, allí se establecieron los primeros emigrantes procedentes del gigante asiático, que aún mantienen sus tradiciones y costumbres.

Al perderse en sus calles descubrirá mezquitas como las de Al Abrar y Jamae o un templo hindú como el Sri Mariamman. Unos y otros conviven en perfecta armonía. ¡Es Singapur!



Fuente: Cinco días

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