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Solo el jefe puede acabar con los rumores en la empresa

La empresa que no se ve afectada por los rumores, los cotilleos o los chismes, sencillamente no existe. La comunicación de una organización está compuesta por aquella información que emana de los canales oficiales, “pero también por aquella no confirmada, que circula con tanta rapidez, sino más, que la que está autorizada por la compañía”, explica el profesor de Dirección de Personas del IESE José Ramón Pin. Evitar los rumores, por lo tanto, es imposible. Saber gestionarlos y actuar con rapidez, sin embargo, depende de la propia empresa, “y puede suponer la diferencia entre salir airoso y hacer peligrar el negocio”.

“Cualquier rumor surge de la falta de transparencia y de información clara por parte de la alta dirección. Y sobre todo, por el hecho de que el conocimiento no vaya calando en todas las capas de la compañía”, afirma tajante Joaquina San Martín, directora asociada de la firma de búsqueda y selección de altos directivos Ackermann Beaumont Group. Esta ejecutiva apunta a las principales causas de la rumorología: “Por un lado, una falta de dirección clara, que surge cuando hay vaivenes en la estrategia, en los modelos de negocio o en los resultados económicos. Por otro, los momentos en los que se produce un cambio en el comité de dirección y en el consejo”. En definitiva, apunta San Martín, en aquellos casos en los que la información que debería llegar al conjunto de profesionales se queda estancada y no avanza.

La rumorología, por lo tanto, “se combate con una comunicación eficaz”, prosigue esta experta. De hecho, tal y como afirma Rafael Muñiz, consejero delegado de la consultora de marketing y ventas RMG, “las empresas que no se dejan llevar por el mal de las habladurías pueden incrementar su facturación en torno a un 10% y un 15%”. Merece la pena, por lo tanto, contar con los mecanismos para atajar cualquier posible chisme.

“Un método muy eficaz es tener asentados mecanismos y espacios que potencian la comunicación entre los directivos y el resto de la plantilla, apoyándose en reuniones de evaluación del desempeño, encuestas de clima laboral y otras herramientas que permitan a los mandos conocer las preocupaciones y el sentir de las bases”, continúa San Martín. Así, en el momento en el que se define una nueva estrategia a seguir o un cambio de modelo, el comité de dirección traslada la información hacia abajo, para que llegue a toda la organización.

Esto es importante, entre otras razones, “porque el rumor, dependiendo del trato que se le dé, socava o refuerza la confianza, uno de los elementos más complicados de conseguir en una organización”, añade José Ramón Pin. Pero sobre todo, prosigue el profesor de Dirección de Personas de Deusto Business School Jon Segovia, porque tarde o temprano se va a descubrir la autenticidad o falsedad de cualquier información no confirmada. Por esa razón se vuelve necesario responder con rapidez ante cualquiera de estas habladurías: “Si un rumor ofrece una información positiva pero luego no se cumple, genera unas falsas expectativas que acarrean consecuencias negativas”. Si por el contrario el cotilleo supone repercusiones negativas y es falso, aunque finalmente no culmine, si no se ha desmentido cuanto antes “generará un estrés y un miedo que se había podido evitar”, apunta Segovia. Los directivos y consejeros, que en última instancia son los que conocen la fortaleza o debilidad de cualquier rumor, “son los responsables de apagarlo si es falso, y de saber canalizarlo en el caso de que sea verdadero”, profundiza.

Esto obliga, eso sí, a un ejercicio constante que fortalezca la confianza dentro de la compañía, “porque la eficacia de los rumores depende totalmente de ella. Si la firma es transparente, la plantilla no se los creerá. Si por el contrario hay opacidad y falta de confianza, los rumores serán mucho más difíciles de combatir”, asegura Pin.

No debe olvidarse, además, que los rumores suelen nacer, y sobre todo, coger fuerza, en los niveles más bajos de la empresa, “en aquellos que no cuentan con la información suficiente ante una novedad”, recalca San Martín. Por esa razón, que la alta dirección se gane la confianza de los subordinados también es útil para que “estos recurran a los jefes ante la llegada de un chismorreo. Si los profesionales no confían en sus superiores, las habladurías nunca llegarán a los despachos”. “Saber gestionar de la mejor forma posible estos cotilleos solo está al alcance de los verdaderos estrategas del mundo empresarial”, sentencia Muñiz.



Fuente: Cinco días

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