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Todas las mentiras del presidente Artur Mas

Todas las mentiras del presidente Artur Mas desde noviembre de 2014

Artur Mas dijo el 9 de noviembre de 2014 que había celebrado un referendo, que lo había ganado, y que por lo tanto había recibido un claro mandato del pueblo de Cataluña. La noche 27 de septiembre de 2015 volvió a decir, esta vez en catalán, en español, en inglés y en francés, «hemos ganado», refiriéndose a las últimas elecciones autonómicas, que los partidos independentistas plantearon como un plebiscito y manifiestamente lo perdieron, al obtener no más que el 48 por ciento de los sufragios.

Durante los cuatro años que hace que dura lo que conocemos con el nombre de «procés», Artur Mas, y en general los independentistas, han dicho hablar en nombre de una «mayoría aplastante», y han acusado a España de ser un Estado de «baja calidad democrática», y de no «escuchar el clamor del pueblo catalán». Han tratado de presentarse ante el mundo poco menos que como una nación oprimida, como si en Cataluña estuviera suspendida la democracia, cuando desde 2012 los catalanes hemos votado perfectamente libres y con todas las garantías en las elecciones europeas, municipales, autonómicas -en dos ocasiones- y generales, sin que en ninguna de estas convocatorias los partidos secesionistas hayan superado el 50 por ciento de los votos. Y no sólo eso, sino que en cada uno de estos comicios, el partido del expresidente, y supuesto líder del tal proceso, ha ido menguando en votos y diputados hasta perder Artur Mas la presidencia de la Generalitat y Convergència la alcaldía de Barcelona, y consiguiendo la difícil marca de que por primera vez desde la recuperación de la democracia, Esquerra haya ganado dos elecciones: las europeas y las generales.

La histórica reculada que está protagonizando Convergència, y el gobierno de la Generalitat, tiene sin duda que ver con la legendaria cobardía de esta formación política, especializada en la bravuconada inicial y en la posterior bajada de pantalones cuando llega la hora de pagar el precio; pero también con la irrefutable constatación de que ni la mayoría, ni mucho menos la mayoría aplastante de los catalanes están por la labor de entrar en conflicto con España.

Artur Mas dijo el 9 de noviembre de 2014 que había celebrado un referendo, que lo había ganado, y que por lo tanto había recibido un claro mandato del pueblo de Cataluña. La noche 27 de septiembre de 2015 volvió a decir, esta vez en catalán, en español, en inglés y en francés, «hemos ganado», refiriéndose a las últimas elecciones autonómicas, que los partidos independentistas plantearon como un plebiscito y manifiestamente lo perdieron, al obtener no más que el 48 por ciento de los sufragios.

Durante los cuatro años que hace que dura lo que conocemos con el nombre de «procés», Mas, y en general los independentistas, han dicho hablar en nombre de una «mayoría aplastante», y han acusado a España de ser unEstado de «baja calidad democrática», y de no «escuchar el clamor del pueblo catalán». Han tratado de presentarse ante el mundo poco menos que como una nación oprimida, como si en Cataluña estuviera suspendida la democracia, cuando desde 2012 los catalanes hemos votado perfectamente libres y con todas las garantías en las elecciones europeas, municipales, autonómicas -en dos ocasiones- y generales, sin que en ninguna de estas convocatorias los partidos secesionistas hayan superado el 50 por ciento de los votos. Y no sólo eso, sino que en cada uno de estos comicios, el partido del expresidente, y supuesto líder del tal proceso, ha ido menguando en votos y diputados hasta perder Mas la presidencia de la Generalitat y Convergència la alcaldía de Barcelona, y consiguiendo la difícil marca de que por primera vez desde la recuperación de la democracia, Esquerra haya ganado dos elecciones: las europeas y las generales.

La histórica reculada que está protagonizando Convergència, y el gobierno de la Generalitat, tiene sin duda que ver con la legendaria cobardía de esta formación política, especializada en la bravuconada inicial y en la posterior bajada de pantalones cuando llega la hora de pagar el precio; pero también con la irrefutable constatación de que ni la mayoría, ni mucho menos la mayoría aplastante de los catalanes están por la labor de entrar en conflicto con España.

Han sido cuatro años -cuatro- de un farol interminable, de esa carraca de bebedor solitario de bar de provincias absorbido por un relato extravagante y sin ningún contacto con la realidad.

La democracia, y no España, ha derrotado a Artur Mas y al independentismo. España no ha tenido ni que bajarse del autocar.

Fuente: ABC

Sobre Tino Castro

Tino Castro
Un informático loco por la tecnología de Internet. Me encantan el Marketing Online y Offline, la política, la música y los perros grandes. Cualquier tema lo estudio y le busco la estrategia. Emprendedor y autodidacta. Siempre inventando al 100%

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