Túnez: Kaid Saied será el nuevo presidente

Túnez: Kaid Saied será el nuevo presidente


El jurista conservador Kais Saied ha logrado el 72,53% de los apoyos, frente al 27,47% conseguido por el otro candidato, el magnate de los medios de comunicación investigado por corrupción, Nabil Karoui. Estos datos provienen de un sondeo a pie de urna elaborado por la compañía Emrod y publicado por el medio local Mosaique FM, por lo que habrá que esperar a la publicación de los resultados definitivos por la Instancia Superior Independiente para las Elecciones (ISIE, por sus siglas en inglés).

De confirmarse el sondeo a pie de urna, Saied relevará al exmandatario Beji Caïd Essebsi, fallecido el 25 de julio de este año, prestando juramento este 30 de octubre. También ratificará el resultado de la primera vuelta, celebrada el 15 de septiembre, cuando Saied ya se impuso con el 18,4% de los votos. Su inmediato rival recogió el 15,6% de las papeletas.

La tasa de participación sí se ha hecho pública: un 57,8%.

El nuevo presidente

Nacido el 22 de febrero de 1958 en Túnez -actualmente tiene 61 años-, se graduó con 28 años en la Academia Internacional de Derecho Constitucional en Túnez. También obtuvo el título en el Sadiki College, una prestigiosa institución pública por la que han pasado otros presidentes tunecinos, como Habib Bourguiba, el padre de la independencia; Moncef Marzouki, presidente entre 2011 y 2014; y el propio Essebsi. Posteriormente, fue profesor asistente y director del Departamento de Derecho Público en la ciudad de Susa. Entre 1999 y 2018, se dedicó a la enseñanza en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de Túnez. Así, su carrera siempre ha estado ligada a las leyes, siendo considerado como experto en Derecho Constitucional.

A lo largo de su trayectoria profesional, Saied ha sido dotado con dos motes: por un lado, como ‘Robocop’, debido a “su dicción desigual y su rostro imposible”, como recoge el medio Le Dauphine; y, por otro lado, como ‘Señor Limpio’ (‘M. Propre’, en francés), por su rectitud y su imagen de “incorruptible”.

Los medios tunecinos le definen como “un enigma”, puesto que le consideran como “bastante inclasificable en la escena política”. “Es un hombre austero que defiende el respeto estricto a la ley y una revolución a través de la ley”, aseguran las publicaciones.

“Saied es ante todo un constitucionalista, un jurista, un hombre de derecho. Y aunque promete sacudir la arquitectura institucional de su país, encarnará a su manera el estado de derecho en Túnez”, expone el analista Michel Taube, en Opinion Internationale.

Así, en cuanto a su orientación ideológica, lo primero que cabe resaltar es que se presentó a los comicios como de forma independiente, fuera de la órbita partidista protagonizada -tras los resultados de las elecciones legislativas- por la formación islamista Ennahdha y el partido Qalb Tounès (Corazón de Túnez), promovida por el otro candidato presidencial, Karoui. “Al negarse a fundar un partido, se opone a las formaciones políticas, al Estado, y juega un papel radical”, recoge el analista Benoït Delmas, en Le Point Afrique. Su máxima aspiración es “volver a los orígenes de la revolución”, puesto que “cree que los partidos traicionaron la revolución con sus disputas entre comerciantes, lo que derivó en el deterioro de la situación social y económica”, señala Delmas. La meta final es conseguir llegar, desde un estado de derecho, a una “sociedad de derecho”.

Entre sus propuestas, en este sentido, sobresale la creación de un Tribunal Constitucional, el lanzamiento de un proyecto de descentralización y la eliminación total de las elecciones legislativas, que serían reemplazadas por comicios locales. El funcionamiento de este plan todavía no está muy claro, aunque Saied ha explicado que estas nuevas elecciones “elegirán representantes del pueblo a nivel local y luego elegirán a un representante a nivel regional que estará cargo de la representación en el Parlamento, denominado como la Asamblea de Representantes del Pueblo. El recién elegido presidente aboga, también, por la ampliación del número de asientos en la Cámara, pasando de 217 a 265, y por la instauración de elecciones de lista abierta para los tunecinos que residan en el extranjero.

En segundo lugar, cabe destacar que persigue un planteamiento definido como “ultraconservador”, aunque sin caer en el fundamentalismo. “Su discurso político no tiene referencia religiosa y se basa esencialmente en la ley. No hace de sus convicciones personales temas prioritarios”, señala el experto constitucionalista Iyadh Ben Achour al periódico francés Le Croix.

Fruto de esta orientación, es conocido su apoyo a la pena de muerte -eliminada en el país desde 1991- bajo esta justificación: “No defendemos la pena de muerte porque queremos el ahorcamiento o la guillotina para alguien, sino porque ha habido un crimen y necesitamos paz en la sociedad”, explicó en una entrevista concedida a L’Obs. También su ideología sobre la homosexualidad ha sido cuestionada. Si bien asevera que “todos somos libres en la intimidad” y está en contra del encarcelamiento por tener una orientación sexual distinta a la heterosexualidad, asegura que “se deben tener en cuenta los valores internalizados por la mayoría”. En esta materia, ha dejado frases polémicas como “Los homosexuales han existido a lo largo de la historia, pero algunos quieren difundir la homosexualidad”, en referencia a “actores extranjeros que lo financian”.

En un ámbito más amplio de derechos sociales, analistas como Michel Taube alertan de la congelación de los avances en libertades que se han conseguido en estos últimos años. Túnez, por ejemplo, presume de que sus mujeres son las más libres del mundo árabe, algo que podría deteriorarse si con el nuevo mandato no continúa trabajando por reducir las desigualdades con los hombres.

Papel de mediador

Aun con todas estas propuestas sobre la mesa, es probable que su primera gran acción como mandatario del país norteafricano sea mediar entre formaciones políticas para garantizar la gobernabilidad.

Las elecciones legislativas del pasado domingo 6 de octubre dejaron una “Asamblea fragmentada entre partidos heterogéneos que no están dispuestos a negociar después de una campaña en desacuerdo”, según L’Obs. En la práctica, esto se ha traducido en que ninguna formación política ha obtenido más del 20%, por lo que se necesitarán al menos cuatro para formar gobierno. A la cabeza de los resultados se situaron Ennahda, de corte islamista, y Qalb Tounès, de su candidato opositor Karoui. También entraron en el tablero político el Partido Desturiano Libre, la Corriente de la Dignidad (Al-Karama), la Corriente Democrática (Tayyar) y Larga Vida a Túnez (Tahya Tounis).

Con este panorama, el partido ganador dispone de un plazo de dos meses como máximo para obtener una mayoría de 109 votos en la Asamblea. De no conseguirlo, el presidente intervendrá para encargar la tarea de formar gobierno a un candidato determinado, al que se le otorgará, del mismo modo, 60 días para cumplir con la tarea encomendada.




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