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Un despertar con Beatles y Harry Potter

Menudo fachón los de Jennifer Lawrence y Chris Pratt, guapos, altos, delgados, con pinta de mimarse mucho el cuerpo los dos y de pasarlo bien, que no es contradictorio sino muy bueno para la salud. Ambos visitaban hace ya unas fechas Madrid para presentar «Passengers», de Morten Tyldum, un filme de ciencia ficción con ambos como únicos protagonistas. Bueno, y un robot y varia gente dormida aquí y allá. La sala del hotel que acoge la rueda de Prensa parece una nave espacial, mientras una voz metálica nos recuerda que 5.000 pasajeros van en ella rumbo a un nuevo planeta para colonizarlo y que no despertarán hasta dentro de 120 años. Pero nadie, ni nada, es perfecto. Jennifer Lawrence es Aurora Lane, una escritora neoyorquina que se topa de pronto con una extraña realidad: «De ella me atrajo su independencia, lo que la impulsa a levantarse; y lo que me resultó más difícil fue imaginar esa sensación de estar atrapada en un sitio sin ninguna posibilidad de escapar, porque jamás he vivido algo parecido ni conozco a nadie que pasara por ello». Chris Pratt, que bebe agua como un náufrago recién rescatado, asiente y asegura que «emocionalmente me indentifiqué con Jim Preston debido a la admiración que siente por Aurora y me sedujo el estar los dos solos durante tanto tiempo en la nave. Precisamente ésta fue mi razón por la que decidí protagonizarla, me identifiqué con esa idea de convertirme en una especie de pionero, de vivir de manera salvaje, y de construir y arreglas cacharros…». Nos preguntamos qué se llevarían ellos de tocarles el infortunio de quedar enclaustrado entre cuatro tecnificadas paredes, y Lawrence no lo duda: «Un libro de Harry Potter. Entre los discos, “Lemonade”, de Beyoncé…». Y menos todavía el simpático Pratt: «Un manual de instrucciones para saber, por ejemplo, cómo abrir la puerta de un lugar así. En cuanto a la música, los primeros éxitos, de 1976 a los años 70, de Beatles…»

Con Bayona en el parque

«Los juegos del hambre», que la transformaron en alimento de primera calidad para «fans» y «frikis» de medio planeta, «X-Men: primera generación», «La gran estafa americana», «Serena»… Curiosa la trayectoria profesional de Lawrence, quien sonríe ladeada y confiesa que no tiene la más remota idea de cómo enfocará su carrera a partir de ahora: «Ni siquiera he pensado en los papeles que haré en el futuro porque jamás pensé que estaría aquí. Sería perder el tiempo. En cuanto a Aurora, los motivos por los que acepté los tenía claros, a veces me guío por el director o, como en este caso, por el personaje en sí, que me provocaba miedo e incluso dudé si podría hacerme con él».

Algo menos confuso lo tiene Pratt, quien comenta que «ahora voy a trabajar con el español Juan Antonio Bayona (para la secuela de «Parque Jurásico», que se estrenará en 2018), me parece un realizador muy bueno. También me atrae emprender cosas diferentes a lo que ya he hecho. Ignoro, sinceramente, cómo me perciben los espectadores en tanto actor y hasta que no veo una película mía no sé qué quiero hacer luego en realidad…».

Y sobre posibles mensajes políticos contenidos en esta comedia romántica que se resiste a serlo, Lawrence responde con cara de póquer que «no tiene ninguno. Por eso encantará a cualquier tipo de público, pero si creéis que sí, genial… Porque de esa manera iréis a conocerla». Pratt añade que «vivimos en unos tiempos políticos bastante convulsos, y en nuestro país, EE UU, hay una separación de opiniones evidente. De ahí que lo mejor sea que vayáis a verla, porque, ya en la sala, apagáis el móvil y de esta manera no conocéis las noticias al menos durante dos horas. Ahora las personas debemos estar unidas y en eso el cine, por ejemplo, ayuda bastante». Una manera muy rara de referirse al nuevo mandato de Trump, pero ellos sabrán sus cuentas.

Los entendemos mucho mejor cuando se refieren a hipotéticos viajes espaciales, ya parece que muy cercanos en el tiempo, aunque Pratt no esté por la labor: «Tengo mucha información científica y espero que me ayude en mi próximo viaje a Marte; algún día ese planeta será succionado por el Sol, pero pasarán millones de años antes. Sin embargo, casi prefiero no acompañar a esta gente, porque aún es una misión que no suena segura. En serio, yo no iría». Y Lawrence, que alza una ceja de forma bastante chic, señala que allí no se le ha perdido nada que ella sepa: «A mí tampoco me emociona. El tiempo es muy malo, hace mucho calor, pero luego el aire es frío… Y hay bastante polvo. Pero a Madrid volvería siempre». Un poco marciana la comparación, pero gracias. Un periodista que parece seguir los pasos de Pratt desde hace mucho desvela que el actor daba vida al gordito Andy Dwyer en «Parks and Recreation», la serie de Amy Poehler que hizo de él una estrella y que luego la Marvel se encargó de pulir y consagrar ya convertido en un cachas como Dios manda. Él recuerda con cariño aquel trabajo: «Me encantaba Andy, era la perfecta personificación de mi yo más payaso y comunicativo. Si los creadores me pidiesen repetir, lo haría encantado, se trata de grandes comediantes, y estoy dispuesto a enfrentarme a cualquier cosa por ellos».

Sólo por su trasero

Pero volvamos a «Passengers», la película misterio. Ya antes de este encuentro nos dijeron varias veces que sería preferible evitar preguntas sobre la historia. Y nosotros, que somos gente de palabra, respetamos el deseo: «Tienes razón, mejor no decir nada, el filme se disfruta más como un enigma, que los lectores no sepan demasiado, y, por favor, evitad “spoilers”. Lo que han de saber es que deberían hacer cola…», repite Pratt. Y Lawrence arrima el hombro también: «Y era, además, el mejor guión que ambos hemos leído hasta hoy». Pero el chico va más allá todavía en esta venta frenética del producto: «Si queréis podéis venir para verme el trasero (que lo enseña, damos fe) y luego ya os quedáis hasta el final».

Lo que no oculta ninguno es que se trató de un rodaje complejo. Según Lawrence: «Mi manera de enfocar el papel fue el mismo de siempre, aunque había más de presión, ya que estábamos juntos 16 horas. No podíamos fingir simplemente que nos gustábamos. Por ello, hubo menos distracciones, y nunca tuve al lado ningún holograma que me dijera si lo estaba haciendo bien o mal… Se trató de una experiencia íntima, aunque el set era el mayor de cuantos he trabajado hasta la actualidad». Pratt asiente con la cabeza y asegura que «se trata de una cinta épica en ese sentido, difícil de filmar, durante mucho tiempo, y la animación fue compleja. Había que ir paso a paso, como en un puzzle. Trabajar duro para tener luego 10 segundos válidos o al revés. Además, el tema de los arneses también dificulta lo suyo. Creas la ilusión de que vuelas o, de que caes o te lanzan, pero existen lógicas limitaciones físicas. Lo de la gravedad cero resulta difícil de recrear para que impacte. A veces nos golpeábamos la cabeza contra la pared…» . ¿Porrazos reales? La cosa ya tiene menos gracia: «Sí, lo del arnés no era sencillo. Estabas ahí colgada, pensando que ya habías acabado y luego te enterabas de que no. Yo no soy muy atlética, los extras y dobles lo hicieron todo». Palabra de Lawrence, aunque esté como un palo.

Sobre los motivos por los que ellos emprenderían una aventura así, Lawrence subraya que «lo haría si supiese que iba a tener la mejor experiencia de mi vida, pero no por mi profesión, como Aurora». Y Pratt, aunque tan joven, informa que «tengo familia, esposa e hijo, por ello debo evitar los viajes intergalácticos…».

Y no tiene nada de raro que algunos comparen el filme con el clásico de Disney «La bella durmiente». A Lawrence sí le recuerda aquella cinta, pero con reparos, y los explica: «Bueno, las dos venimos de un sueño muy largo, y yo también para descubrir a mi príncipe azul, aunque no soy un dibujo animado,lógicamente… sino real, y esa chica no tenía que trabajar, sólo se despierta y piensa: “Ah, qué bueno, cásate conmigo…”». pero es Pratt quien da me parece en el clavo: «Yo la vi con mi niño hace poco y ellos pueden cantar, lo que me encantaría, pero carezco de ese don. No veo paralelismos entre ambas, sino con Adán y Eva, porque ambos deben enfocar esa nueva vida por sí solos, lo que conlleva sentimientos como amor, vergüenza, culpa; todo eso es muy humano y Jim cae en ello». De la presencia de una serpiente o la manzana, mejor no escribir ni media línea, no sea que se enfaden…



Fuente: La Razón

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