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¿Un president para Sant Jordi?

La puesta en libertad de Carles Puigdemont, junto a la exención del delito de rebelión, se convirtió en una inyección anímica para JxCat, así como un punto de inflexión para la imprevisible política catalana. Mientras Puigdemont estuvo encarcelado en Alemania, el ex president pareció más desactivado que nunca y su plataforma más cerca de dar salida al bloqueo, firmando incluso un acuerdo con ERC para intentar una nueva investidura de Jordi Sánchez –que tenía el objetivo de retratar a España como un Estado que incumple resoluciones internacionales–, y tras el fracaso de esa candidatura, proponer a un candidato efectivo que permita formar un gobierno antes de Sant Jordi (23 de abril). Sin embargo, esta entente, como otra que tuvo lugar a mediados de marzo para tener president de la Generalitat antes de Semana Santa, va camino de convertirse en papel mojado.

Desde ERC lo tienen prácticamente asumido, aunque mantienen intacto su discurso desde el 21-D, apostando por formar un Govern efectivo que permita suprimir la intervención autonómica y sin añadir más presión de la adecuada –el único momento en que sí apostaron por esa conducto fue cuando Puigdemont dio un paso al lado y amagaron con presentar a Oriol Junqueras–. Por ahora, y hasta el lunes –el martes Puigdemont reúne a su grupo parlamentario en Berlín para tomar nuevas decisiones sobre los siguientes pasos a dar–, van a intentar negociar con JxCat para lograr arrancar una investidura efectiva antes de Sant Jordi.

Sin embargo, todo apunta a que lo único que puede encontrarse es con el intento de un nuevo órdago al Estado con la pretensión de una investidura de Puigdemont a distancia. Y es que JxCat ha logrado dar recorrido parlamentario a la reforma legal de la Ley de presidencia, y tras el paso por el Consell de Garanties Estaturies (el TC catalán), que emitirá un dictamen a lo largo de la semana que viene, estaría lista para ir a Pleno. Ahí, la nueva maniobra que puede intentar la formación de Puigdemont es celebrar una sesión parlamentaria para dar luz verde a esta modificación de la norma y otro, inmediato para burlar al Tribunal Constitucional, para investir a Puigdemont. Al final, como reconocen fuentes cercanas a las negociaciones, la estrategia del núcleo duro del ex president va muy dirigida a ir a unas nuevas elecciones con el objetivo de ampliar la distancia con ERC, y por ello, muchas de las últimas decisiones que están tomando van encaminadas a desgastar a los republicanos –principalmente las que ponen en un brete a la presidencia del Parlament, en manos de Roger Torrent–. En esa línea también se ha mostrado la CUP, que en numerosas ocasiones ha expresado sin complejo que no ven con malos ojos regresar a las urnas porque ello le perimitiría mejorar los resultados.

Asimismo, más elementos que alimentan la imposibilidad de que haya Govern antes de Sant Jordi es la semana que viene, que se prevé frenética. Su preludio será el domingo, cuando se celebre una manifestación, y todos los pronósticos apuntan a que será multitudinaria, algo que arrojaría más fuerza a las tesis de JxCat. Tras ello, desde el lunes hasta el miércoles, los políticos presos desfilarán ante el TS para ser notificados de que serán juzgados por rebelión, lo que podría implicar su inhabilitación y desatar más agitación.

En todo caso, fuentes de ERC explican a este diario que no descartan proponer ellos un candidato –hay margen hasta el 22 de mayo para elegir president– para salvar la legislatura.



Fuente: La Razón

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