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“Un sueño es llevar fútbol sala a un estadio de fútbol”

-Una Copa apasionante, con el WiZink Center lleno, con un gran impacto mediático… Usted, como presidente de la Liga Nacional de Fútbol Sala (LNFS), ¿qué balance hace?

-Positivo, excitante… superamos las expectativas. Demuestra que si el fútbol sala ofrece un producto bonito, cuidado, atractivo… la gente responde. Pero en momentos de euforia hay que hacer autocrítica. Buscamos la excelencia y hay muchas cosas que mejorar.

-¿Salió todo como esperaba?

-Ahora hablar es fácil. Cuando esto se planteó hace dos años me miraban como a un loco. Es lógico. Era un sueño en el que nos saltábamos varios escalones. Pero es el poder de los sueños. Con convicción y amor a lo que haces, junto con dosis de organización y racionalidad, podíamos conseguirlo. Estaba convencido. Del mismo modo que, en mi época de seleccionador, sabía que ganaríamos el Mundial del 2000. El deporte me ha enseñado una cosa: en el fragor de la batalla, nunca dudes.

-Paulo Roberto escribió en As que le decían que era imposible que el futsal llegase al nivel mediático de cuando jugaba él en los años 90, pero que veía que estaba en el camino correcto.

-Aquella época era totalmente diferente. Los pabellones se llenaban, sí, pero eran infinitamente más pequeños que los de ahora. Era un fútbol sala más desordenado, también era la novedad… Todo rebosaba pasión. Y de repente llegó el dinero. Y con el dinero, las miserias humanas. Ya no todos remaban en la misma dirección, sino mirando los intereses propios. Divisiones, guerras… Fue una eclosión por pura pasión, y lo que vivimos ahora es profesionalidad. Vemos esto como un producto que hay que cuidar sin perder la esencia y pensando en crecer. De hecho, en unos años quiero plantear un reto monstruoso, muy ambicioso… pero todavía pronto para hablar de él.

-Por favor, adelante algo.

-Pues… mi sueño es jugar un partido en un estadio de fútbol. Meter 30.000 o 40.000 personas en un estadio, con la pista azul en el centro. Pero aún queda. No mucho, pero queda.

-Hablar de estos proyectos viniendo de donde se viene, de problemas económicos, de clubes con impagos… ¿Qué piensa cuando mira hacia aquellos años oscuros tras la eclosión?

-Venimos de una época en la que la LNFS tenía una deuda de cuatro millones de euros que tuvimos que pagar, no hubo ni siquiera una quita… Los equipos, desmoralizados. Nadie cumplía. Ahora estoy tremendamente orgulloso de los clubes. Es verdad que a mí me confiaron la responsabilidad de marcar la dirección, pero al final el esfuerzo lo han hecho ellos. Han comprobado que siendo formales y organizados, con la mitad se logra el doble de réditos. Que no puedes enganchar a una ciudad, a una afición, involucrar a instituciones, patrocinadores… siendo informal. La seriedad es un camino más duro, pero mucho más sostenible en el tiempo.

-El éxito de esta Copa también ha venido por lo que se ha vivido en la pista. ¿Qué le diría a los jugadores, técnicos…?

-Nunca dudé de los jugadores. Sabía que estarían a la altura. Uno de los motivos por los que me aventuré a pensar en llevar la Copa al WiZink Center fue porque yo viví como jugador en aquel España-Brasil del Mundial de 1985, del que tanto se ha hablado, lo que se siente jugando en este pabellón. Fue impactante, me marcó, y pensé que ellos también tenían derecho a vivirlo. Dicho esto, quiero aclarar que yo no distingo entre jugadores, técnicos, clubes, árbitros, dirigentes… Entiendo el fútbol sala como un todo. Las partes hacen mejor al todo, y el todo hace mejor a las partes.



Fuente: AS

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