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«Una mujer fantástica»: Esta mujer no se rinde

Se nota que Sebastián Lelio se esperaba la pregunta, porque cuando escucha si considera «Una mujer fantástica» como una película difícil de clasificar (ahora «film noir», ahora historia de fantasmas, ahora melodrama, a veces todo a la vez), tiene una respuesta que nos convence. «Me interesa que, en español, la palabra ‘‘género’’ sea polisémica. Por un lado, se refiere a la identidad sexual; por otro, a todas aquellas convenciones narrativas y estéticas que definen el marco de un filme, que sirven para etiquetarlo. En fin, para explicar cuál es su identidad», se explaya. «Me parecía lógico que si la heroína era transgénero, la película, en cierto modo, también lo fuera. Es decir, que transitara una frontera entre géneros que ampliara el radio de sus afectos».

Hablamos después del éxito de «Una mujer fantástica» en la Berlinale (ganó el premio al mejor guion), festival que también sirvió como plataforma de lanzamiento de su anterior y excelente trabajo, «Gloria». Aquella contaba la historia de una mujer madura, divorciada y con un amante casado, que luchaba por reivindicar su libertad cuando aprende a asumir su soledad.

A Marina (Daniela Vega) le pasa algo parecido cuando su pareja muere de repente y es rechazada y humillada por todos. Lelio, que estrenó en el pasado Festival de Toronto su primer filme rodado en inglés («Desobedience», con Rachel Weisz y Rachel McAdams), forma parte de la nueva ola de cineastas chilenos –capitaneada por Pablo Larraín y entre los que también figura Matías Bize– que triunfa en festivales. Podría pensarse que si su ópera prima, «La sagrada familia», ponía en la picota la doble moral de la sociedad chilena, «Una mujer fantástica» seguiría la misma línea de trabajo, que Lelio, no obstante, desmiente: «No quería hacer una película de denuncia social. Lo que me interesaba era construir un personaje luchador que desafía tabús, y eso, por fuerza, saca a la luz la intolerancia de los demás». Lo que sí tenía claro Lelio es que no iba a cometer el error de darle el papel protagónico a un hombre. No quería hacer «Tootsie», no quería disfraces. Le costó toparse con Daniela Vega, que transformó la película de cabo a rabo. «Daniela es cantante lírica, ha hecho teatro, pero tampoco tenía mucha experiencia como actriz», explica Lelio. «Después te das cuenta de que eso, a veces, no importa mucho, porque me habría sido imposible encontrar a alguien que aportara tanta verdad al personaje, que lo separara tanto del cliché, que transmitiera tanta seguridad y a la vez tanto glamour, y que nunca apareciera como una víctima, como una mujer desvalida, a pesar de que la respuesta del entorno fuera tan hostil». Cuando Lelio subió al escenario de la Berlinale para recoger el premio, no pudo sino agradecerle a Daniela que lo acompañara en su viaje.



Fuente: La Razón

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